AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



sábado, 23 de enero de 2010

ANNA KARENINA II

¿Son prescindibles los largos pasajes sobre política agraria, sobre el lugar de la educación en la sociedad, los de las cacerías y los de los procedimientos legales en las votaciones en las instituciones políticas rusas? Creo que no. Suponen un esfuerzo, y parecen desviar del argumento principal. Pero de algún modo comprimen el muelle para saltar con más fuerza cuando se vuelve a la línea dramática principal. Por otro lado, Tolstoi, como hace en otras de sus novelas, como Guerra y paz, se empeña en mostrar la complejidad de la vida con toda la exhaustividad posible. Esta complejidad exhaustiva le da verosimilitud al texto.

Pero más allá de la verosimilitud, hay una finalidad narrativa, una orientación de sentido. No se trata de un carrusel de personajes con sus acciones, pintorescas, extrañas, aburridas. Hay un interés retórico-moral, se quiere mostrar una opinión, una verdad, y para ello hay todo un diseño mostrativo a través de la disposición de acciones y relaciones entre acciones. Todas las acciones ganan su sentido, son inteligibles en parte por su situación en el diseño general de la trama. Entendemos el sentido de la acción última de Anna porque hemos entendido todo lo anterior, en el orden en que todo ha ido siendo contado; hemos entendido todas las relaciones entre los personajes/acciones, y el rumbo que todo iba tomando.

viernes, 22 de enero de 2010

ANNA KARENINA

“Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo” No. Y eso que me ha gustado mucho la novela, pero esta frase con la que se abre el relato de casi mil páginas, y que quiere ser como un dedo que señala una dirección, no la comparto.

Está claro que habría que matizar y ver qué quiere decir exactamente Tolstoi. Pero hay un sentido muy probable con el que no me identifico: que la infelicidad, el mal, tiene el privilegio de tener estilo, de aparecer bajo los mil y un ropajes de la imaginación; mientras que la felicidad, el bien, está condenado a la monotonía, a la falta de estilo, a la previsibilidad y por lo tanto a la ausencia de atractivo.

Esta es una idea muy extendida. Pero los que están comprometidos con el bien saben que el bien es siempre nuevo, es el único acontecimiento en este mundo saturado de la repetición del mal. El problema del bien es un problema de imagen: los que lo hacen podrían contar tantas cosas, y no lo hacen (generalizo y es muy peligroso), y por lo tanto el bien que hacen quizás no es tan bueno. El bien es el bien + su difusión, y la encarnación la aparición de un bien es algo siempre único, nuevo, radiante, aunque radie en una frecuencia que a tantos oídos pase desapercibida. Aquí viene la importancia de culminar el bien, redondeándolo en narración, en imagen.