AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 30 de junio de 2010

Vida y destino, Vasili Grossman II

Hablando de la elipsis en Vida y destino, me quedo con esas tres palabras que Krímov, en la Lublianka, exclama al recibir el paquete de Zhenia, y que cierran el capítulo, y la historia de estos dos personajes en la novela. Algo de eco hay en este final al final de esa otra gran pareja rusa, Sonia y Raskolnikov.

Decir tanto, en tan poco, no adulterar la narración de los hechos con digresiones destripadoras. Decir lo que se quiere decir con las armas y la lógica de la trama. Y dejar que todo -en la vida de los personajes tras el punto final, y en la nuestra- siga fluyendo. Gran literatura.

lunes, 28 de junio de 2010

Vida y destino, Vasili Grossman

Escribo a 20 páginas del final. Y el final, ya se vislumbra, podría estar a mil páginas más. En algún lugar hay que cortar, en algún lugar que sea significativo, donde se acabe de decir todo lo que se estaba queriendo decir. Así es la literatura, la narración.

¿Qué quiere decir Grossman en Vida y destino? Me gustan e inquietan las novelas que no pueden contestar a esta pregunta de un modo conciso; las que después de decir tantas cosas, reconocen con un gran silencio que todas las palabras se quedan cortas para lo que importaba decir. Tanto más valiosa es la novela, cuanto más constata esa dificultad.

¿Decir lo humano en circunstancias inhumanas? ¿y qué es lo humano? Ahí está Vida y destino, como un valiente dedo índice, apuntando sobre todas las cosas, hacia el misterio. 

viernes, 25 de junio de 2010

San Josemaría leía

Una de las influencias más marcadas en mi hábito lector ha sido San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Hay cosas que son flechazos, y no hay que darles más vueltas. A mí me ocurrió con su libro de homilías, Amigos de Dios. A mís quince años, recuerdo, me enganchaba aquel modo de escribir, claro, profundo, oral y al mismo tiempo tan conscientemente construido, aquella retórica que interpelaba de un modo humano y dialógico, sin condescendencias, elevando al lector al plano de la inteligencia y al centro del corazón.

Hablar de lo invisible y de lo difícil de ver nunca es fácil. Nuestra época prima lo confuso confusamente mostrado. Pero por lo que atañe al mundo de la intimidad, cualquier persona agradece cualquier atisbo de claridad, porque nos va mucho en ello.

Estudios como la edición crítica de Camino de Pedro Rodríguez, o La obra literaria de Josemaría Escrivá coordinada por Miguel Ángel Garrido Gallardo, han alumbrado las muchas y variadas lecturas que hizo San Josemaría. De tan gran lector, no asombra que luego salgan páginas como las que escribió.

Leyendo aquellas homilías descubrí en buena medida el mundo de la intimidad, la posibilidad de su escritura y de su lectura: de su comunicación. Y en mi vocación de lector y escritor, releo aquellas lecturas como luminosas semillas.

miércoles, 23 de junio de 2010

Sobresaltos de la identidad en www

Pues no tienes más que poner tu nombre entero en Google, y voilá: resulta que (también) eres un guerrillero de las FARC, un consumidor desairado en una lista de espera en algún "lugar" entre los Pirineos y Melilla, un estudiante de la universidad de Rosario, o incluso el difunto titular de una fundación para la promoción del bosque bajo en Murcia. Y luego, vete tú a reivindicar que no eres ése, en esta proteica e inasible placenta de bites, que sí que lo aguanta todo: mucho más que el papel del aforismo de nuestros abuelos –y nuestro hasta ayer-.

lunes, 21 de junio de 2010

Bruce Lee lee

Nicias me cuenta que estamos en el 70º aniversario del nacimiento de Bruce Lee, que estudió filosofía en la Universidad de Washington, que allí están los robles más grandes y ancianos que hay, que llegan hasta los mil años, que muchos se quiebran por su rigidez, y que entonces Bruce Lee se había acordado de los troncos de bambú de su pueblo chino, esbeltos, capaces de adaptarse al viento enemigo, de sobrevivir evitando quebrarse; que la filosofía que inventó se llama Jeet Kune Do, “puño que intercepta”, y que parte del convencimiento de que cada ser humano guarda en su interior un guerrero que debe estar alerta para conseguir sus sueños; que para conseguir esto uno debe olvidarse de sí y adaptarse al enemigo, interceptando los golpes y alimentando con esa energía del ataque la de la respuesta; y que dijo “Un buen maestro protege a sus alumnos de su propia influencia”.

Ya se ve que, además de dar patadas, hacía honor a su apellido.

viernes, 18 de junio de 2010

Contra nuestras lecturas mitológicas, Girard

No le tengo afición al fútbol (soy agnóstico en asuntos de politeísmo). Sí le tengo cierta afición a René Girard, porque le da a un interruptor que enciende una luz para ver cosas que atañen de verdad. Y Girard muestra que el sentido de lo “sagrado natural” en todas las sociedades primitivas –como la nuestra- exige víctimas sacrificiales para resolver –aparente, no realmente- las contradicciones en la vida colectiva.

Como agnóstico fiel, no sé si el fútbol existe o no, o si hay un semidiós demiúrgico que llaman “la roja”, caído en desgracia, aherrojado y pendiente de ser sacrificado en el ara de la mala conciencia colectiva, pro bono pacis, si no es capaz de destruir el lado oscuro de esa fuerza que nos acongoja a todos. Un modo de leer las cosas bastante mítico, anónimo y gregario.

Pero lo que sí sé es que la realidad –esa que sí nos atañe profundamente a todos- sigue necesitando lecturas mucho más profundas, personales y valientes.

miércoles, 16 de junio de 2010

Séneca y el tiempo

Ita fac, mi Lucili: vindica te tibi, et tempus quod adhuc aut auferebatur aut subripiebatur aut excidebat collige et serva.

Haz así, querido Lucilio: reclámate a ti mismo, y recoge y guarda ese tiempo tuyo que hasta ahora te arrancaban, o te hurtaban o simplemente se te iba.

Así comienza la primera epístola de Séneca a su querido amigo Lucilio. Y en la primera frase ya intuye el consejero algo muy profundo: reclamarse a uno mismo, y recoger y guardar el tiempo, es lo mismo; porque somos de tiempo. Y recoger y guardar el tiempo, es recogerse y guardarse. El tiempo para Séneca es un bien fundamental de la persona; todavía no es esencia del ser personal. Cae en el ámbito del tener, aún no en el del ser. 

Para llegar a saber eso habrán de pasar bastantes siglos. Pero en esa primera frase, se pulsó una cuerda eterna.

lunes, 14 de junio de 2010

Suite francesa, ¿contar la realidad?

He terminado de leer Suite francesa, de Irène Némirovsky. Una novela inacabada, posiblemente a menos de la mitad de lo que la autora preveía, según se lee en sus apuntes. En ellos se cita Guerra y paz de Tolstoi como el texto de referencia para la escritura. La propia Némirovsky muestra sus cavilaciones sobre el sentido de Suite francesa, y aparece la idea de ser un gran mosaico de la vida. Esta idea también se dice de Guerra y paz, y es habitual encontrarla difundida entre la crítica de la novela del ruso. Pero es una idea limitada; con su verdad, sí, pero insuficiente. Este tipo de novelas nunca son ese mosaico, o ese espejo, tal cual. Si así fuera, ¿de qué serviría?

Un escritor no cuenta “la realidad”, sino su encuentro con ella. Al final, lo que importa es cuanta mayor verdad –humana, misteriosa, bella, difícil y sencilla- ese encuentro de un hombre o una mujer con la realidad pueda hacer presente en la literatura. 

viernes, 11 de junio de 2010

Breve impresionario sevillano. 4 y 5 de junio, 2010 (y IV)

Pringá: Nacho Bárcena, tras la visita al Museo de Bellas Artes, me lleva a una taberna con vistas a la Giralda. Ambiente costumbrista postmoderno, con acentos daneses, escoceses. Me refugio en la pringá con caña que, sin dudarlo, me recomienda Nacho.

Salmorejo: aliquid novum sub sole... mihi!

Sierra nevada: a la vuelta, desde el avión, son las 7:45 de la tarde. Sierra nevada, algo menos nevada que la mañana de ayer. Dos sierras y una sola. Dos que miran, y una sola vida que va que vuela.

jueves, 10 de junio de 2010

Breve impresionario sevillano. 4 y 5 de junio, 2010 (III)

Narraciones: insalvable parece ya la distancia entre el comentario de texto y nuestros bachilleres, cuando hemos expulsado del aula el contacto vivo con las narraciones, y los estamos arrojando a la intemperie de la abstracción. Si hasta un rigorista de las ideas como Platón las utilizaba en forma de diálogo para educar. Debemos pertenecer ya a otra civilización. 

Nubes: imponentes las nubes entre las que avanza el avión. Ahora, desde su interior, tengo otro punto de vista para entender los cielos de Veronés.

Pasado: no sé si contesté bien a la afinada pregunta de José Luna Borge en la presentación, sobre el lugar del pasado en la lectura, en la identidad. Qué difícil es comunicar lo profundo, justo lo que más nos importa.

miércoles, 9 de junio de 2010

Breve impresionario sevillano. 4 y 5 de junio, 2010 (II)

Encarnación: érase una vez un territorio blogg, de lugares y personas virtuales. Una Andalucía de cartografía cordial, pero inasible. He venido a encarnar esa parte de mí que vagaba en gloriapena. Se remata la encarnadura en "El Blanco Cerrillo", off Velázquez.

Hugo en el refectorio, San: Museo de Bellas Artes de Sevilla, mucho murillo en el muro. Zurbarán: sorpresa mayúscula. Me reencuentro con un cuadro visto por primera vez hace casi treinta años en diez cm2 de libro de texto. Cuando se es joven, las palabras están de más: se coincide espontáneamente con todo. Ahora la imagen es mucho más grande que yo y la visto con palabras, mientras ella me viste a mí.

Llamada: 6:55, llama Enrique García-Máiquez, yo entre el bullicio ensordinado por el calor de C/. Velázquez. Saludos y buenos augurios. Entro todo confortado en La Casa del Libro con la bendición y el cariño del patriarca bloggero.   

martes, 8 de junio de 2010

Breve impresionario sevillano. 4 y 5 de junio, 2010 (I)

Albero: bastante más que un color, pero supongo que hará falta toda una vida para saber lo que es.

Chesterton: en el avión de vuelta, leo ¿Estamos de acuerdo? debate entre Chesterton y Shaw, publicado primorosamente por Renacimiento, traducido pulcramente por Victoria León, prologado perspicazmente por Enrique Baltanás. Ahora que sobre las nubes estoy más cerca de Chesterton, creo que le estará gustando la edición, y toda esta aliteración.




Comentario de texto: la presentación, fenomenal; Manolo de Medio, de comunicación en La Casa del Libro, lo ha llevado hasta el último detalle. En el postoperatorio, con las copa de cava en la mano, se tercia una simpática polémica sobre el comentario de texto. Yo he sido bastante radical, y Arancha Ruiz, también de La Casa del Libro, contraataca con razón. Rectifico unos metros, Juanjo Gascón me ayuda: me quedo con que lo dramático es que entre ese ejercicio académico tan depurado y el estado intelectual de nuestros bachilleres hoy, medie tanta distancia. 

Dinamita: Fidel Villegas me pregunta por qué me parece que Antígona es dinamita. Convenimos en que, con la que está cayendo, ese texto que reivindica las fuentes de identidad de la persona, frente al totalitarismo estatal, no puede dejar de ser explosivo.

domingo, 6 de junio de 2010

Presentación de Leer o no Leer en Sevilla



Era una tarde tolerable, meteorológicamente. Enrique Baltanás y yo veníamos de una puesta en común, de una tasca de la calle Sierpes. La Casa del Libro –Velázquez 8-, un lugar muy acogedor, con su estancia para actos culturales, en casi una buhardilla, que le da mucho carácter. En el público Fidel Villegas, Victoria León, José Luna Borge, Juanjo Gascón, Jesús Vélez, entre otros amigos. Enrique se arranca con la lectura, sin atenuantes, del primer capitulito de Leer o no leer. Me encantó, y desde luego su glosa del libro. Me toca a mí: he venido a Sevilla a encarnarme, a ponerle chicha a una parte de mi vida que hasta ese momento era vagarosa y virtual, por obra y gracia de los bloggs, donde Andalucía era de bites y los contertulios fantasmas de blogger. Hablo de los principios activos del libro, de educación –no sin vehemencia-, de los diversos capítulos, y anécdotas, y ocurrencias, y recuerdos, y bla, bla, bla. Preguntas: todas muy jugosas, así que me explayo. Miro el reloj, ya llevamos una hora. Hay que terminar. Nos invitan a una copa de cava. El personal de La Casa del Libro, grandes profesionales, excelente formación literaria y volcados con la presentación.

Salimos a Velázquez, que si sí, que si no, al girar la esquina ahí que estamos tomando cañas el presentador, amigos y el autor. La tasca, levantada sobre unos escalones considerables, es muy conocida, pero no recuerdo el nombre. La temperatura se va llevando mejor. Me encanta la tertulia de pie, con el volumen justo de bullicio ambiente.

Pues eso, y poco más –o digamos que el poco más no cabe en el género literario blog; como escribió una vez Enrique Baltanás, "Hay vida más allá de los blogs"- fue la presentación en Sevilla. Muchas gracias a todos los que hicisteis posible que fuera tan agradable y tan entre amigos.

jueves, 3 de junio de 2010

Kapuscinski

Hay voces que registramos con el dial anímico, en medio de tanto ruido. Como cuando zigzagueábamos por la banda de FM, buscando algo interesante -¡aquellos radiocassettes!-. Hay voces que son un diapasón para la afinación de la intimidad. Me ocurre con Kapuscinski.

En 2005 pronunció la Lección inaugural del período lectivo de verano, en la Universidad Jagellónica de Cracovia: “El encuentro con el Otro”. Hablaba sobre la posibilidad de comunicarnos con el Otro en este mundo globalizado y en aceleración; sobre las dificultades de nuestra comunicación cotidiana.  Al final de su Lección confiaba a sus oyentes una intuición profunda y sanadora: 

Me pregunto si tanto nosotros como el Otro desearemos apelar (y aquí cito a Conrad) a aquello que "habla a nuestra capacidad de deleite y asombro; a la sensación de misterio que rodea nuestra vida; a nuestro sentimiento de piedad, belleza y dolor; al sentimiento latente de confraternidad con toda la Creación. Y a la convicción, sutil pero invencible, de una solidaridad que entrelaza la soledad de innumerables corazones: la solidaridad en los sueños, la alegría, la pena, las ambiciones, las ilusiones, la esperanza, el miedo. La que une a los hombres y a toda la humanidad: los muertos a los vivos y los vivos a los que están aún por nacer".

miércoles, 2 de junio de 2010

Nacer

En un seminario sobre la identidad narrativa pregunté:

-¿Qué es, narrativamente, nacer?

-El inicio, -respondió un joven estudiante.

-Cierto, el inicio. El inicio de una narración. Pero no surge de la nada narrativa. Nacer es aparecer en una narración mayor que ya existía: la de un matrimonio –por ejemplo-, la de una familia -en el mejor de los casos-. Nacer es encajar una narración en otra u otras más amplias.

Ahora, recordando este diálogo, pienso en todas esas narraciones incipientes que han sido impedidas, a las que se les ha vedado el encaje en una narración de acogida. En esas narraciones mayores que hubieran ganado densidad y argumento –a veces dramático, es verdad, pero abierto…- si no hubiesen tachado esa pequeña narración. Y que esa incipiente narración, pese a todo, ha dejado su rastro imborrable en la narración mayor que no la acogió.

Aún es tiempo de releer ese trágico encaje que sin duda se dio. Para esta relectura es necesario encajar la historia mayor, herida, en otra más alta: una narración de perdón y esperanza, donde ninguna narración se pierda. Como personas, como comunidades, como sociedad, como sujetos políticos necesitamos estas narraciones sanadoras.

Nuestras profundas heridas narrativas no se curarán con una text/sexualidad fragmentaria y lacerada.

martes, 1 de junio de 2010

El buen libro

El buen libro, como buena cosa que es, no deja de prometer. Hay ese límite, límite de cosa por ser cosa, de estructura, de máquina. Y siempre, si embargo, extiende su índice de promesa, hacia afuera.

Como Virgilio, como Beatriz, el buen libro nos susurra, a los viajeros, esta consigna: “No, no soy yo”.

Qué humano, qué divino, el buen libro.