AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



jueves, 30 de septiembre de 2010

Progresismo...

Bueno, no necesita muchas palabras lo que vais a ver a continuación. Básicamente: Violentos huelguistas venidos de las selva interrumpen una clase de Derecho Civil II en la Universidad de Valencia para amenazar física y verbalmente al Profesor, al Delegado de Clase y al resto de alumnos.



No se vayan todavía, aún hay más:



Qué paz da saber que hay fascismo de todos los colores.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La cultura también tiene sabor

Comentábamos un colega y yo sobre los hábitos gastronómicos de los adolescentes. Me puse algo semiótico, no puedo evitarlo: ¿qué quiere decir el hecho de que coman alimentos de poca calidad, siempre los mismos, a cualquier hora del día? Que la comida deja de ser cultura: se le corta sus lazos con unos tiempos, unos lugares, unas tradiciones, unas costumbres, unas comunidades, unos ritos, y es puramente química para sostener -mal que bien- organismos, con un poquito de excitación en el paladar. 

Y claro, ya no es gastronomía -la ley gástrica-, o digamos que sí, pero proviene de un pensamiento único, monolítico, atávico, conservador y mononeuronal. Cultura caducada, como un yogur de hace una semana al sol de agosto. Democracia supuesta, pero no.  

Al final, sólo la cultura da el sabor a las cosas. Por eso, en estos tiempos postmodernos no encontramos fácilmente el sabor, o todo sabe un poco -o un mucho- a lo mismo. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

Bonney M como clasicismo

Fue el otro día, en la peluquería. Estaba sonando una de esas emisoras de radio, "remember", de música de los 70s, 80s y 90s, que se deja oír, agradable, que "todo el mundo" conoce. Bonney M cantaba "Daddy Cool", y me parecía que aquello resonaba con una claridad más que musical, yo diría que cultural, por encima de esa banda sonora, a veces tan anodina, tan irrelevante, de tantas canciones que se escuchan en esta marea ecléctica de nuestros tiempos, tan alejandrinos, sofisticados, herméticos, a veces tan heterogéneos e incomunicables.

En los 80's "todo el mundo" nos balanceábamos al ritmo seguro y entre las melodías nítidas y pegadizas de un  canon definido que incluía un puñado de cabezas de serie, y luego una cascada de plotiniana de derivados. Todos tenían su sitio en un orden claro de calidad -otra manifestación de la claritas clásica, vamos-. Eso sí que era globalización. Exagero, pero no tanto. 

Es decir, para mí, Bonney M y toda aquella música que han canonizado estas emisoras ya es clasicismo. El tiempo asigna clasicismos a todo. En lo musical, le pasó al jazz: incluso tenemos varias épocas (Dixieland, New Orleans, Bop, West Coast, Cool, Hard Bop...) como la música "clásica". Y las solapas anchas son clasicismo, y las vespas, y seguramente tener un blog, visto dentro de cinco años -no olvidemos la aceleración-.

Miré a mi peluquero y me miré en el espejo: cuando eres capaz de darte cuenta del clasicismo es que, chaval, el clásico eres tú. 

¡Pues viva Bonney M!   

viernes, 24 de septiembre de 2010

Amén

"En los primeros años de la enseñanza secundaria se desarrolla el drama más complejo de todos, el de hacer creer a un niño que los sueños existen, que, después de todo, la trascendencia es posible. Lo peor de nuestra enseñanza, de la falsa realidad que representa, un realismo brutal y falaz, es que trata de menguar los sueños del niño".

Dice George Steiner, en diálogo con Cécile Ladjali, en Elogio de la transmisión. Madrid. Siruela. 2005, pp. 118-9.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El cuaderno

Les recomiendo a mis alumnos que utilicen un cuaderno. 

-¿Pero lo va a mirar?", "¿Cuenta para la nota?

Miro por la ventana: sobre las huertas de naranjos se percibe, especialmente en días de poniente, la franja del mar. Pienso que más allá, más allá de Mallorca, Córcega y Cerdeña, está Italia, y aún más allá está Grecia. Pienso en los jóvenes atenienses, romanos, asistiendo a unas clases donde el profesor cuenta historias. Los alumnos tienen tablillas, o nada. Pero todo queda. Un tiempo en que la memoria no era un compartimento de la psique, ni un tema para libros de autoayuda o de técnicas de estudio. 

-Un cuaderno es un camino, donde hay dirección, y errores, y tachones, y fechas. Un cuaderno es una imagen de nuestra persona caminante. Se trata de aprender la vida. ¿Os he respondido?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg

Revolviendo antiguos "files" en mi disco duro, me encuentro un texto en el que le daba vueltas a una frase de Natalia Ginzburg, en Las pequeñas virtudes. La frase ahora no viene al caso: simplemente me acuerdo de este pequeño libro con título de manual de autoayuda. Pequeño, breve, un puñado de ensayos y artículos. Potente como las virtudes.

Hay libros que harían bien en estar entre el betadine y el gelocatil, sí, dentro del botiquín de primeros auxilios.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Con Virgilio, en el aula

Bueno, finalmente me he decidido, les presentaré a mi amigo Virgilio.

La verdad es que he tenido que forcejear un tanto con mis prejuicios y mis miedos: hay poco tiempo, hay que llegar a las Pruebas de Acceso a la Selectividad con todos los usos de los casos bien aprendidos (¿El acusativo de relación también? Pues claro), por no hablar de esa tercera declinación tan díscola, y ese hábito de César de omitir y andar trastocando el orden sensato de las palabras... Basta, basta, cuanto más lo piensas más agujeros negros gramaticales aparecen.

Así que me he decidido a humanizar las clases. Jueves, día de la lectura en el aula. Con vosotros, mi amigo Virgilio. 

(Si hubiera tenido tantos prejuicios como yo, no habría escrito La Eneida).

(Me merezco una cerveza).


jueves, 16 de septiembre de 2010

Narrativa breve, brevedad narrada

Creo que somos afortunados. "Lo breve" ha encontrado su narración. Nuestra vida cotidiana es una serie de brevedades, y la dimensión breve de nuestra existencia ha encontrado su género, su representación (no es que hasta nuestro presente no hubiera habido narraciones breves, es que nuestro carácter breve como personas ha sido culturalmente reconocido y explorado).

Necesitamos que nuestras experiencias cotidianas, con su enigma, misterio, maravilla, angustia sean narradas. Pero una necesidad no se soluciona de cualquier modo. Como todo lo humano, hay que hacerlo con un sentido de decoro -decus, decoris: belleza, esplendor- con respecto a nuestra dignidad personal. 

Por eso me siento postmoderno en esta celebración de la narración de lo breve cotidiano, pero no tardomoderno según la feliz distinción de Jesús Ballesteros en Postmodernidad: decadencia o resistencia. Y siento que en toda narración breve hay una gran narración implicada que querría abarcar todo el sentido de la vida, o al menos hay una respuesta a una indestructible inquietud por esta gran narración, por un sentido digno para nuestra brevedad. 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Los bárbaros, de Baricco

En 2008 se publicó en castellano el ensayo de Alessandro Baricco, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación. Si se quiere leer un ensayo postmoderno, no hay que buscar más, ahí está. 

Con Baricco me pasa que estoy habitualmente de acuerdo con él en el cómo, y en desacuerdo en el qué. En esta ocasión también le acompaño un poco más en el qué. Pero bueno, él parte de un escepticismo con respecto a lo espiritual, y yo no. Y eso salta en mi lectura. Así es la vida.

La idea de fondo del ensayo es que los bárbaros ya están culturalmente aquí desde hace tiempo, que incomodan a los que defienden una civilización de grandes monumentos artísticos, literarios, y que bien se puede ignorarlos, aplastarlos o dialogar con ellos. Y que quizás lo más sensato sea el diálogo.

Estoy de acuerdo, Don Alessandro. Pero no veo la cosa a blanco y negro, porque parto de un concepto de tradición dinámica. Para algunos se tratará de dos mundos enfrentados, pero para otros, como yo, también hay que tener en cuenta que hay tradiciones humanísticas que han estado dialogando con lo nuevo y lo bárbaro desde toda la historia -con los problemas que esto trae, y con errores humanos algunas veces-, y que todo está mucho más entreverado. 

No se trata de un encuentro entre inmovilistas que viven en los palacios de una cultura exquisita fuera del mundo real, y bárbaros que van a los museos en chándal -chandalismo- y hacen juicios estéticos sobre las categorías "Me mola" o "No me mola". 

Siempre algún postmoderno sale inventando una nueva perspectiva, que luego no era para tanto, pero estuvo bien que se nos ayudara a ver un ratito desde ahí.

Es algo más humano,  Don Alessandro, más de siempre

martes, 14 de septiembre de 2010

El corazón de lo cotidiano

Llevo un tiempo dándole vueltas a esto: la vida cotidiana es donde vivimos, pero anhelamos una vida extraordinaria. Nos miramos en los espejos del arte, del cine, internet para encontrar otra vida, porque la vida cotidiana parece que no da de sí. ¿Es inevitable acabar en una tragedia? No creo que esté exagerando, no es pequeño el número de personas que siguen caminos extraordinarios a través de la droga, patrones vitales sin raíces, la desvinculación de relaciones sociales y familiares fuertes, la transgresión por la transgresión, las dobles o triples vidas...

Llevo un tiempo más atento al corazón de lo cotidiano. O está ahí la solución, o... 

domingo, 12 de septiembre de 2010

La sobremesa como obra de arte

Quizás septiembre sea el momento: no estamos en la tensión del trabajo que nos traerán el otoño y el invierno, ni en la distensión total de las vacaciones del verano. Flota una nubecilla inconcreta de nostalgia, otra más blanda aún de proyectos, sopla una brisa de serenidad ambiental que ciñe el domingo como un ramillete de lavanda por una sencilla cinta. ¡Ah! es el momento para el arte de la sobremesa.

Acabo de volver de una familiar. El té moruno de mi tío fue superior, creo que si hubiera cerrado los ojos en cualquier momento hubiera visto alguna duna dorada del Magreb. La conversación fluía entre hermanos, padres, abuelos, nietos, cuñados. Los pequeños corretean, los más pequeños exigen algo que conocer por vía oral; los mayores hablamos, y entre diálogo y diálogo sobreviene algún instante de enigmática autoconciencia, o una mirada que se queda fija y que luego, en el recuerdo, descubres que es una escena, que podría haber sido un modelo para Velázquez. Yo creo, de verdad, que esto no se disuelve, como el ímpetu de la brisa; que queda inscrito en algún lugar de la eternidad.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Representar la juventud, y el Manga (ancha)




Es que "Harry Potter" no es "Crepúsculo", ¿sabes? Nosotros no estamos vendiendo sexo.


Pues esto es lo que dice la actriz Emma Watson, protagonista de las películas Potter, al comentar el beso que se dan Harry y Hermione (encarnada por ella misma) en la próxima entrega. Y me ha hecho recordar que toda narración que se dirija a la juventud lleva implícita una imagen de la juventud. Tiene como un preámbulo silencioso -pero totalmente real- que viene a decir:

Esta narración, para que produzca los efectos que pretende producir, necesita que tú, lector, te acomodes a la imagen de lector, de persona, que espero de ti.

Pasa en toda comunicación: esperamos que el otro -dentro de unos límites- sea como esperamos que sea, para que la comunicación funcione: esperamos que la cajera del supermercado no sea una psicópata, para que la comunicación "pagar en el supermercado" sea lo que debe ser, y no una columna en la sección de sucesos del diario. 

Lo importante es si esas imágenes son dignas de la persona o no.

Así que me interesan las narraciones por este efecto sobre la identidad, personal y comunitaria. Por eso unas me emocionan, y otras me preocupan. Y por eso me interesa la declaración de Emma Watson. Y por eso me he acordado de que alguien, este verano, me decía que el Manga no es único, que hay varios mangas. Me alegro. Me alegro porque no puedo sentir más que aversión a una narración audiovisual dirigida a la infancia y a la juventud donde los personajes tienen expresivos rostros de niñas Heidi, con unos ojos enormes, vibrantes y oscuros, unidos a cuerpos de top-model con minifalda. La vieja dicotomía moderna, espíritu-cuerpo: los ojos, espejo del alma, pura buena voluntad; el cuerpo, res extensa, todo lo que podamos esculpir en él, para fines de gratificación fisiológica.

Con estas imágenes de la juventud implícitas en las narraciones audiovisuales para el gran público, se entiende un poco mejor la anorexia.

Esta mezcla me recuerda a aquel engendro de figura compuesta con partes de animales y de hombre, del que se burlaba Horacio al inicio de su Poética. Horacio decía que aquello no podía tener valor como arte. Tampoco este tipo de Manga -llamémoslo manga ancha-, y Crepúsculo -medio hombres, medio lobos, medio murciélagos-, y toda esa estrategia capitalista deshumanizada que hace su agosto con un tácito acuerdo izquierdas-derechas sobre el todo vale moral; eso sí, con tal de que se lleve puesto el casco, el preservativo y el cinturón de seguridad.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Sociedad Literaria y el pastel etc., una crítica

Tengo sentimientos encontrados. Esta novela de Shaffer me ha parecido poseedora de aciertos muy interesantes, pero también con carencias notables.

Es fresca, sí. Habitualmente decimos con eso que es ágil de leer, accesible intelectualmente.
Es humana. Es verdad, los personajes son principalmente personas de la vida cotidiana, con sus intereses y preocupaciones. Algún tema no lo he visto bien equilibrado.
Tiene intriga. No una gran intriga, pero sí sus sorpresas.
Es histórica. Sirve como documental de la ocupación alemana de Guernsey.
Está bien escrita. Bueno, sí, en algunos aspectos. Me ha gustado mucho la ironía, tan británica, y viniendo de una autora norteamericana.

Pero, no me ha parecido verosímil el contraste de los personajes, que dependen del testimonio de su escritura en las cartas. Parecen todas salidas de la misma pluma. Ese es el problema, que no debería parecerlo. Bueno, incluso eso cabe bajo el manto de la convención de un texto que busca lo cómico y que recuerda a la comedia. Es ahí, si la autora hubiera sido capaz de conseguir esa verosimilitud, donde el texto hubiera subido mucho en la calidad, pero eso hubiera supuesto un trabajo de profundización psicológica mucho mayor.

La información sobre la ocupación alemana se queda en anécdotas, y roza algo cuestiones un poco más de fondo. Me ha recordado, en cuanto al tema de la ocupación, a Suite francesa de Némirovsky, que sí profundiza en cuestiones humanas, morales y espirituales.

En fin, simpática: da con un buen proyecto literario, pero en su ejecución se queda por debajo de lo que podría haber dado de sí.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El erizo, ¿quién (se) da cuenta?

Paloma, la protagonista de El erizo, se ha autoimpuesto una tarea, dice: 

"Para Tanegushi los héroes mueren escalando el Everest. Mi Everest particular es hacer una película. Una película que muestre por qué la vida es absurda, la vida de los demás y la mía".

En medio de unas vidas poco razonables, en medio de una familia poco estable, alguien se propone dar cuenta de la situación. Y eso se suele hacer a través de una narración, cinematográfica en este caso.

Da cuenta, da el cuento, da la narración quien se da cuenta: parece que la narración es la forma humana de percibir  la realidad humana, y de manifestarla al otro. Toda comunidad sana, o en vías de estarlo, necesita de "dadores de cuenta", de quienes entreguen el cuento de la comunidad a la propia comunidad. Pero el contador tiene la gran responsabilidad de darse cuenta constructiva, no destructivamente. La película que iba a filmar Paloma sufre un cambio radical tras conocer la historia de amor del señor Ozu y la portera. 

El temple moral de nuestros narradores no es irrelevante para la salud de nuestra sociedad.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El erizo

Me gustó. La película, no he leído el libro. Hay una escena que anuda en la trama a dos personajes, el señor Ozu y la portera. Él es el nuevo inquilino, recién presentado a la portera del edificio. Surge un comentario trivial sobre las familias que lo habitan. La portera dice "Todas las familias felices se parecen", y el señor Ozu completa, "Pero las infelices lo son cada una a su manera". A partir de ese breve diálogo se dispara la relación entre los dos personajes. Ambos coincidían en un referente literario, importante en sus vidas. Al revelarse la coincidencia, surge la amistad. 

La frase es la que abre Anna Karenina, de Tolstoi. Me ha hecho pensar en lo importante que es que se compartan referentes culturales en una sociedad. Referentes valiosos. 

Y he hecho un propósito: este curso, vamos a ajustar mejor la sintaxis y la morfología, y así sacaremos tiempo para leer en clase. Espero que lleguemos a fin de evaluación más humanos, y con los deberes hechos, ¿quién teme a la Selectividad feroz? Dios proveerá.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El fin de Agatha Christie

Leo en ABC.es que ha causado malestar entre los herederos de A. Christie que Wikipedia haya revelado el final de La ratonera, obra de teatro. Un final sorprendente que, terminada cada representación, se ruega al público que no lo revele.

Es bonito que se haya dado esta complicidad durante años, que en este juego comunicativo el público haya seguido jugando después del final, para cooperar con el fin de la obra, o al menos con parte del fin. Es un pacto de lectura que se preocupa de lo que venga después. Me recuerda al pacto de los Reyes Magos, o del Ratoncito Pérez. Es bueno que existan. No tanto por su eficacia directa, cuanto porque establecen relaciones de confianza sobre valores importante.

No sé si se malogrará mucho el fin de La ratonera, pero desde luego no es su final como proyecto comunicativo público, ni mucho menos el final de Agatha.