AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



jueves, 31 de marzo de 2011

Sobre las lecturas escolares: cuidado con lo que decimos

Decía Quim Monzó, en su artículo "¡Di no a las lecturas!", en el Magazine del domingo pasado, que las lecturas no apropiadas para los escolares hacen que los alumnos acaben odiando la literatura. Vale, estoy de acuerdo. Pero no puedo compartir lo que comenta a continuación:

"Día tras día, sin prisa pero sin pausa, muchas escuelas y muchos institutos se esfuerzan en que los estudiantes acaben por odiar la literatura, e incluso el cine". 

Alto ahí, señor Monzó. Esos juicios sumarios no inspiran crédito, y además son injustos (¿ha dicho "se esfuerzan"?, uf, uf, uf). Póngase usted delante de treinta quinceañeros de los de hoy -no hace falta que especifique, ¿no?-, y tenga las Pruebas de Acceso a la Universidad detrás, con esos programas tan bien diseñados por profesores universitarios, intelectuales, que viven en la abstracción constante. Y luego me cuenta.

Y son muchos los docentes a los que no les tiene que recordar lo de las lecturas adaptadas, porque ya lo practican, fomentándolas entre las rendijas de esos programas que bajan de las alturas de la inopia social, psicológica y antropológica.   

miércoles, 30 de marzo de 2011

Escritura para jóvenes emprendedores

En el imaginario colectivo, el empresario es (era) una persona extremadamente ocupada en reunirse con su consejo de administración, clientes, autoridades..., tomar decisiones, viajar. Un hombre o una mujer con apenas tiempo para leerse un best-seller comprado en la terminal del aeropuerto, porque tendrá que revisar portafolios, repasar balances en el ordenador portátil... Leer, poquito. Escribir, menos.

Pero esa imagen está cambiando en muchos sitios. Como en el Programa para Jóvenes Emprendedores, organizado por el CMU de La Alameda. Ayer di una sesión allí sobre la escritura, precisamente a jóvenes universitarios que aspiran a trabajar con ilusión en el mundo de la empresa. 

Evidentemente, la formación humanística que proporciona un buen plan de lecturas sería algo muy bueno para cualquiera, no sólo para el empresario. Pero, además, un hábito de escritura favorecería grandemente los talentos intelectuales de un ejecutivo. Desarrollar un discurso coherente, complejo, completo; analizar una situación y sintetizar unas conclusiones; proponer un texto persuasivo con argumentos y un hilo lógico... 

Hubo verdadero interés. Ni el bachillerato ni la universidad enseñan estas cosas. Y, curiosamente, qué útiles son, también para la empresa.

martes, 29 de marzo de 2011

Peonzas

La primavera hace un amago: parece que sí, después de tanta lluvia. Cruzo el recreo de los alumnos más pequeños. Es la algarabía eterna. Cierro los ojos y no han pasado los días. Vuelven. Los abro y los niños están jugando con peonzas. Son de plástico, de colores llamativos. Las hacen bailar en la mano o dibujando círculos o impredecibles arabescos en el suelo. Los niños las contemplan aguantando la respiración, siguen con los ojos el eterno retornar de la peonza sobre sí misma. Como si fuera la primera vez.

Pero yo tengo que cruzar.  

lunes, 28 de marzo de 2011

Padres e hijos, de Iván Turguenev: cuatro notas



I.
Hay libros que nos levantan, y Padres e hijos de Turguenev es uno. Lo he leído casi de un tirón. Sí, hay un gancho que tira hacia arriba del lector. Una fuerza intelectual, emotiva, moral, artística, que te despega del suelo. Y te preguntas, ¿por qué?

II. 
Estamos en la Rusia de mediados del XIX, los personajes tienen exóticos nombres y diminutivos fáciles de confundir, hay aristócratas afrancesados, princesas, condes, mujiks -campesinos-, el problema de los siervos, la mítica San Petersburgo, las veladas y los paseos de la buena sociedad, liberales germanófilos hegelianos y jóvenes nihilistas "a la Schopenhauer" ... Y entonces Turguenev trasciende todo eso, y podrías decir: "Ha pasado en mi urbanización", o en la Roma republicana, o siempre. 

III.
Una mirada en la que vibran, como figuras a través de un fuego, el perenne conflicto generacional entre padres e hijos, la difícil esencia de la paternidad, la rebeldía... y unos personajes cuya natural complejidad nos es tan cercana, que nos abruma con una portentosa sensación de sencillez: en Basárov está la semilla de esos personajes de los que el Raskolnikov de Dostoievsky vendrá a ser la quintaesencia; y en sus padres, esas presencias redentoras, como será Sonia, para los seres queridos y atormentados.

IV.
Creo que es el poder redentor del amor lo que va tomando forma y dando forma a la novela: el de los amigos, el de los enamorados, el de los padres. El final del libro me hace pensar que Gabriel Marcel bien pudo haberla leído, y haber encontrado allí aquella estremecedora idea sobre la esperanza: "Tú no morirás, porque espero en ti en nosotros".    

viernes, 25 de marzo de 2011

La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel, cuatro notas



I.
Al terminar de leer el libro me acordé de un texto de Azorín, “La fragancia del vaso”. Unas impresiones líricas sobre el paso del tiempo, sobre lo que queda de las cosas: del vino apurado, solo la fragancia del vaso.

Me acordé porque al terminar la lectura, sabía que no había terminado. Quedaba una profunda fragancia. Seguramente un buen libro la exhala, persistente, hasta envolver el corazón del lector.

II.
No voy a contar el argumento, solo indicar que un anciano de un país oriental llega como refugiado con su pequeña nieta a algún lugar de occidente, allí hace un amigo… El libro es breve, apenas ocurren cosas. Las frases cortas, concisas, avanzan como los pasos decididos del anciano señor Linh. Philip Claudel sabe destilar el justo lirismo para expresar las interioridades dolientes, los momentos de paz, el milagro de la comunicación. En cierto sentido, una narración minimalista, pero con un fuerte desenlace.

III.
Me ha impresionado esta novela sobre la fortaleza del corazón, cuando todo lo demás se ha desmoronado: el mundo, los seres queridos, las propias facultades… y sólo queda el impulso de vivir y dar la vida por quien se quiere.

IV. 
La guerra como mal absoluto, trascendida por personas sin relieve, casi anónimas, sacudidas hasta el desequilibrio por la pérdida, el horror y la soledad, pero capaces de acciones de redención y de entrega. La amistad, la comunicación de los corazones, cuando ni siquiera se comparte el mismo idioma. Una narración casi minimalista, pero cargada de una verdad cordial que se expande al terminar la lectura, como una intensa fragancia.    

jueves, 24 de marzo de 2011

Lectura fácil, escritura muy difícil

Nathaniel Hawthorne, el autor de esa obra tan impresionante, La letra escarlata, dijo que "La lectura fácil supone una escritura muy trabajada". Es un lugar común entre los artistas, una verdad pacíficamente aceptada: la naturalidad que se transmite al lector o espectador es un efecto, y un efecto que conlleva no poco trabajo, y en este sentido, no poco artificio.

Supongo que indagar por aquí es entrar en un tema antropológico de mucho calado. En el arte, en la realización de cualquier cosa, la búsqueda de lo natural es justamente lo que no sale "naturalmente". Será porque, como personas, llevamos naturalmente inscrita esa dimensión proyectiva, realizativa, que hace que "ser" sea "ponerse, con todos los medios, a ser".

La escritura es un testigo especialmente elocuente de esta verdad, de que lo natural en el hombre es algo más que lo espontáneamente natural que rige en lo estrictamente biológico.  

miércoles, 23 de marzo de 2011

Rilke y los consejos románticos

Rilke, como el último de los románticos, era radical. O todo o nada. Por eso, creo que hay que tomarlo con un poco de “soda”, para que sus consejos surtan efecto. Y en Cartas a un joven poeta –donde pone firme al pobre chico-, hace falta una buena dosis. Por ejemplo:

“Nadie puede aconsejarlo ni ayudarlo, nadie. Solamente existe una manera: entre en sí mismo. Descubra el fundamento que lo lleva a escribir, investigue si tiene raíces en el lugar más profundo de su corazón; reconozca si para usted sería necesaria la muerte en caso de ser privado de escribir. Esto ante todo: pregúntese en la hora más callada de la noche: ¿debo escribir?”

Bueno bueno bueno: creo que nadie debería dejar de intentar escribir, aunque no sintiera nada de lo que Rilke  preceptúa con vehemencia... al menos al principio. La persona es compleja, también necesita tiempo para descubrir, y descubrirse... Romanticismo sí, pero el justo. 

martes, 22 de marzo de 2011

Un buen escritor: 3% talento y 97% no distraerse con internet

Ya me gustaría haber escrito esta frase, porque es muy cierta. Es de Cyrus Farivar, un periodista freelance especializado en tecnología.

Es un rasgo de nuestros tiempos postmodernos: la multiplicación de canales, la facilidad de acceso a la comunicación es tal, que acaba volviéndose sustantivo lo que era adjetivo, instrumental.

Ser escritor sigue necesitando largos ratos off-line, paréntesis al mundanal ruido -ya lo dijeron Horacio, Fray Luis...-, donde se puede descender a ese centro, a veces angustioso, a veces epifánico, de la intimidad... y de la creatividad.

lunes, 21 de marzo de 2011

El vendedor de saris / The Sari Shop de Rupa Bajwa: cuatro notas



I. 
Me recordó a una novela de Miguel Delibes que leí hace mucho tiempo, Aún es de día. Una historia triste, pero una tristeza que proviene de un sentido fatalista de la existencia. En El vendedor de Saris estamos en Amritsar, ciudad de la zona del Punjab, al norte de la India. Un joven huérfano, Ramchad, intenta sobrevivir con su trabajo en una tienda de saris. Es una "novela de formación": el personaje va creciendo interiormente. Especialmente lograda es la narración de su descubrimiento de la escritura, como modo de desarrollo personal. Pero la inmersión de Ramchad en el mundo de los adultos, entre sus mentiras y violencias, provoca una profunda crisis personal.

II.
Me atrajo la imagen de la portada: el detalle del bordado de un sari indio. Hace algún tiempo estuve en la India, y la ilustración me recordó esa fantasía cromática de los atuendos de las mujeres allí. Recorrer las calles de cualquier ciudad india es percibir ese hormigueo exuberante de colores en saris, pallus, lehngas, odhnis, pasminas… Habitualmente, en cualquier cultura la variedad de colores, los adornos, la delicadeza de los materiales en las indumentarias están asociados a la alegría, el gozo, la celebración; pero las cosas pueden ser más complejas… trágicas. Así lo cuenta Rupa Bajwa.

III.
Bajwa sabe convertir en símbolos las realidades cotidianas: los rituales religiosos de la limpieza, las manchas en el techo, los libros, el aprendizaje de la escritura, los saris... Sabe ser tierna y contemplativa al narrar los anhelos de belleza, de bien y justicia del joven  Ramchad; pero no ahorra crudeza al señalar algún comportamiento sexual.

IV.
El sari: es una prenda que cubre, bellamente; pero también un velo sobre la podredumbre moral; puede ser hipocresía, o expresión de una belleza interior; símbolo de una cultura que dejar atrás, o un bello anhelo personal y comunitario... quizás inalcanzable, ahogado por el fatalismo oriental. ¿Cuál es la postura de Bajwa? No vale decir que simplemente cuenta lo que pasa: siempre hay una postura existencial y moral en el contar. ¿Es El vendedor de saris una denuncia, amortiguada por la resignación? ¿Es el propio contar un modo de comenzar a que las cosas cambien en la India contemporánea? 



viernes, 18 de marzo de 2011

Diferencia entre una buena y una mala novela, según G. K. Chesterton

Una buena novela nos dice la verdad sobre su héroe, pero una mala nos la dice sobre su autor.

Sí, supongo que un buen novelista es como esas buenas mamás que acompañan al niño a la parada del autobús del colegio: la mamá besa al niño, el niño sube, y el autobús se va. Ahora el niño hace su vida -la buena mamá no le ha puesto un móvil en la mochila, no le llamará para comprobar que todo va bien-.

En la buena novela, el héroe y el mundo son consistentes, y por eso atraen nuestras ganar de creer y atender. Es un héroe con mucha verdad, y un mundo muy verdadero; y al decir mundo, me refiero no al aluvión de detalles técnicos, informativos, con que un best-seller suele apabullar al lector. No. Me refiero al entramado complejo de relaciones humanas, bien bordado sobre un cañamazo de objetos, lugares, paisajes, instituciones bien perfilados.

Si la novela es mala, se nos impide el acceso a la compleja verdad interpersonal, y el mundo de las cosas se hipertrofia. Entonces nos quedamos sólo con la verdad de que el autor no ha sabido hacerlo, quizás por falta de pericia técnica, pero muy posiblemente por la falta de profundidad humana. 


miércoles, 16 de marzo de 2011

Encontrarás dragones / There be Dragons: cuatro notas


I.
Vas en autobús, y escuchas "Pues el otro día...". No sabes por qué, pero se te despierta la atención. Bien, sí sabemos por qué: va a comenzar una narración, y la narración es el modo más humano de comunicar y de conocer. Y en las narraciones de los demás esperamos encontrar, aun inconscientemente, algo, alguna luz para la narración en marcha que es nuestra propia vida. 

II.
Hace un mes estuve en uno de los pases privados de Encontrarás dragones, en Madrid. Una narración, una buena narración, y por eso no me dejó indiferente. Hay un tema que me interesa desde hace mucho tiempo -del cual es inductor San Josemaría Escrivá- y por eso me han interesado esta película y las declaraciones de su director: la posibilidad de la santidad en medio de esta vida cotidiana.

Encontrarás dragones es cine de palabras grandes: amistad, amor, celos, venganza, reconciliación... Como hombres y mujeres, como comunidades, necesitamos narraciones de palabras grandes. Pero en la narraciones también caben las pequeñas palabras, y precisamente en la vida cotidiana son a menudo las que  utilizamos. En Encontrarás dragones resuenan con fuerza las grandes, pero también las pequeñas: simpatía, serenidad, afabilidad, confianza, comunicación, silencio, oración... ¿Es posible una santidad de palabras pequeñas, cotidiana, que cuente con el peso oculto de las grandes, para no desvanecerse en la insignificancia?  

Y, una pregunta que me importa tanto como esta, ¿es posible narrarla?

III.
Para la mayoría de nosotros la vida no alcanzará un sostenido tono épico; quizás sí en algunos momentos, quién sabe... pero somos humanos y como dice Eliot, "no soportamos mucha realidad", y las fibras de nuestro tejido se deshacen, y hay que remendarlas, tantas veces. Todo parece indicar que "esto" va de novela por entregas, o serie televisiva del género "Formación del personaje", con muchas referencias a otras narraciones, vitales o literarias; con mucha interpersonalidad, con mucha intertextualidad, si nos ponemos filólogos. Nunca podremos saber hasta dónde la narración personal se debe al encuentro con tantas otras.

IV.
Creo que Encontrarás dragones es gran cine -la narración te lleva suave y enérgicamente-, gran entretenimiento, pero también un valioso "entretejimiento": una luminosa narración que invita a entretejer con ella la narración de la propia vida.

  

martes, 15 de marzo de 2011

El horno de la escritura II

Estábamos con el Borrador: una vez se tiene, no hay que mirarlo mucho, no hay que tocarlo más -por ahora-. Se trata de meterlo en el horno. Pongamos que un cajón. Ahora se tiene que cocer durante días, semanas, meses. El tiempo de cocción depende, claro, de su envergadura y de su composición. No es lo mismo un artículo de opinión, que un best-seller; o una novela corta, o un novelón de "formación del personaje".

Para un artículo de opinión, que siempre es para ayer, no puede haber mucho tiempo de cocción -más que horno, necesita un rato de microhondas-. Es un texto que, al releerlo, siempre debe provocar el comentario "Ay, esto podía haberlo explicado algo mejor"; y al mismo tiempo, el convencimiento de que se ha hecho lo que se tenía que hacer, vistas las condiciones de escritura.

Un novelón sí que necesita exudar durante largos periodos, antes de ser retomado. Es conveniente entonces tener otros proyectos simultáneos para seguir cocinando. Las prisas no van nada bien con los platos de alta calidad.

(To be continued)

lunes, 14 de marzo de 2011

El alfabeto de la tipografía

Bonito vídeo de animación sobre la tipografía. Cuánto gana una experiencia de lectura, si hubo un buen profesional detrás de la tipografía de un libro, ¿verdad? A mí me recuerda a la cadena de inspiración que cuenta Platón: de la musa hasta el oyente del poeta; pues aquí, desde el escritor hasta el lector, pasando por el diseñador y el tipógrafo: todos han de vibrar en acorde con la misma inspiración, si la literatura ha de funcionar en todo su recorrido.

viernes, 11 de marzo de 2011

De qué novela me hubiera gustado ser el autor

Hace unos días me encontré con esta pregunta en un portal sobre la escritura. Confieso que he intentado responderla y todavía soy incapaz de hacerlo. Seguramente esa es la respuesta. Y es interesante, al menos para mí.

Entiendo que la pregunta apela a sentimientos de asombro, gratitud, filiación con respecto a un autor, o una novela concreta. Entonces sí que puedo contestar: El Quijote, Los Buddenbrook, La Ilíada (no es una novela, claro)... ¿he de seguir? Supongo que responder así no aporta mucha relevancia; supongo que puede tener más interés si hablo de obras más recientes. Entonces, Vida y destino, de Grossman... pero, tampoco sé si tiene mucho sentido señalar algo a todas luces imposible de haber sido escrito nunca por mí (ni soy ruso, ni he vivido la 2ª Guerra Mundial, ni la dictadura de Stalin, ni he trabajado como periodista en un frente de guerra, ni he pasado penalidades sin cuento en Ucrania -ni en ningún otro lugar-).

Vuelvo a suponer: entonces, debería ser algo que viera más "cercano" desde el ejercicio de escribir. Hum. Algo más ligero, como No puedo olvidar tu rostro, de Higgins-Clark -nunca fabularé así-; o más breve, como El corazón de las tinieblas, de Conrad -no, quedó claro que no podía ser un clásico-... ¿y una paginita de Azorín...? -uf, ni eso, ya me gustaría-.

En fin, creo que he contestado satisfactoriamente a la pregunta.  

jueves, 10 de marzo de 2011

El horno de la escritura

Y cuando ya has descongelado el material y lo has troceado, mezclado, amasado, especiado... cuando has leído recetas, has ensayado tu toque personal, has dado a probar una cucharada del caldo a especialistas... cuando has sido constante durante días, meses... entonces... ¡ya está!... bueno, sí y no. 

Lo que tienes delante es un borrador. Voy a escribirlo con mayúscula para no quitarle toda su sufrida, silenciosa y oculta dignidad -ya que la propia palabra no le acaba de hacer mucha justicia-: Borrador.  

Ahora hay que introducirlo en el horno. El horno es un cajón en el que el Borrador debe cocerse y...

(dejemos cocer esta entrada de blog; ¡continuará!)

miércoles, 9 de marzo de 2011

Miércoles de Ceniza, T. S. Eliot



Cada año, cuando llega esta fecha, me acuerdo del poema de Eliot, Miércoles de Ceniza. Es muy distinto a la Tierra baldía: al autor se le pasaron las fiebres vanguardistas, y las tijeras de Ezra Pound ya no estaban tan cerca. Es el poema de un Eliot que ha sufrido el drama personal y comunitario de la falta de sentido de entreguerras. De alguien que descubre en el cristianismo un camino de paz íntima, que anhela.

Aún me sobrecogen esos versos breves, que repiten pocas ideas, como conscientes de lo mucho, quizás demasiado, que se había dicho antes en Prufrock, en la Tierra baldía, y de lo que comenzaba a surgir en Los hombres huecos. Ahora se percibe como un camino de desnudez poética y espiritual. Eliot tenía temperamento puritano por educación familiar, y no era dado a grandes efusiones sentimentales. Creo que aquí se manifiesta también. Se guarda pudorosamente su concreta experiencia interior, humana. Nos da un modo de poesía, vagamente circunstanciada; pero poesía.

Cuando se lee su gran ensayo "La tradición y el talento individual", sobre la separación entre el hombre que escribe y el que sufre, en la misma persona, hay que leer también la Tierra baldía, pero no menos Miércoles de Ceniza. Se descubre una dimensión más honda, larvada aún, en aquellas opiniones.

En Miércoles de Ceniza, sobre todo, hay desengaño del mundo, resignación... y una llamita de esperanza que, ya en el gozo del último de los Cuatro cuartetos, crecerá hasta ser fuego abrasador que se hace uno con la rosa. 

Esta es la primera estrofa, de la primera sección:

                       I

Porque no espero volver de nuevo
porque no espero
porque no espero volver
a desear el don de este hombre y las posibilidades del otro
ya no me esfuerzo por esforzarme por esas cosas
(¿por qué un águila vieja extendería ya sus alas?)
¿por qué llorar
el poder ya extinto de lo que llaman poder?

(mi traducción)

Ilustración: Rosales apareciendo, JM Mora Fandos ©

martes, 8 de marzo de 2011

La nevera de la escritura II

Siendo necesaria la nevera en la escritura, hay un punto en el que esta metáfora no sirve. 

Si hay algo que se debe evitar en una nevera, es que se mezclen los sabores: un vaso con lo que sobró de un ajoaceite que merezca volver a ser visto por la mesa -y en breve- debería estar herméticamente tapado y a dos pisos del bol de las fresas en su almíbar; si no quieres ajofresa. 

Pues en la escritura el ajofresa es imprescindible: los sabores deben fraguar una aleación. En la intimidad personal rige la ley de la relación y de la unidad. En la escritura auténticamente personal, la entrada de algo en la nevera implica un proceso de apropiación por enlazamiento y modificación. 

Y eso que todavía no hemos comenzado a redactar. Estamos en la fase de los materiales.

(To be continued)





lunes, 7 de marzo de 2011

"Némesis", de Jo Nesbo: cuatro notas de lectura

I.
Una novela demasiado negra para mí. Lo digo ya de entrada.

II.
Leyendo a Nesbo he entendido claramente por qué se llama así, "negra", a este subgénero de la novela. Algo de esto había notado con Mankell (otro día comentamos sobre sus novelas, y las de Paasilinna: ¿qué pasa por ahí arriba?), pero con Nesbo la cosa alcanza su máximo efecto, de contraste: el mundo escandinavo siempre me ha suscitado asociaciones con el color blanco: nieve, nieve y más nieve, nieves perpetuas con esquiadores de travesía, el estado de bienestar, su renombrado sistema educativo, los fiordos, los canales de Estocolmo, sus espantos de canción en Eurovisión... todo con alguna fibra de blanco entreverada. (Será una sinestesia, una asociación cruzada de sensaciones, pero hay que ver cuánto contamos con las sinestesias para tomar decisiones). Y entre tanto blanco, una negrura espesa, de betún, sin alivio.

En Némesis toda esa blancura golpeada por un mundo moral -de acciones humanas que quieren la felicidad- negro, negro, negro. Es cierto que los escritores siempre exageran, para que se vea más claro lo que quieren contar. Aunque también es verdad que los jóvenes finlandeses, con toda su educación, se suicidan tres veces más que los españoles. Y lo de que será porque hace mucho frío y hay muy poca luz -durante unos meses-, vamos a dejarlo como argumento de tercera fila -aunque desde luego influye-.

III. 
Nesbo es un sobresaliente escritor de best seller: trama muy compleja, conocimientos especializados de diversas profesiones y ámbitos, nociones de psicología, múltiples referencias a la actual cultura globalizada de masas, diálogos ágiles, y un ritmo muy bien llevado de narración, a través de multitud de capítulos breves y bien medidos. Pero la negrura es desasosegante. La infidelidad conyugal o a la pareja es común a policías y criminales: todas las relaciones humanas están rotas o a punto de estarlo. La venganza parece un instinto social insuperable. El narrador incluso presenta al Dios cristiano como un ser al que sus seguidores piden y reservan la venganza del último día sobre sus adversarios, y parece que a ese "Dios" la cosa le va. ¿De dónde se saca esto Nesbo? Supongo que la "novela negra" necesita argumentos muy negros, hasta una teología de este tipo, para hacer creíbles las tramas que presenta. Pero gracias a Dios, las cosas no son -totalmente- así.

IV. 
En fin, no estoy para fantasías apocalípticas. Alguien dijo que más valía encender una cerilla que maldecir la oscuridad. 


domingo, 6 de marzo de 2011

Sobre la charla "Lectura y desarrollo personal"

Una charla-coloquio entre amigos, verdaderamente. Casi casi se llenó la "pecera" del Bibliocafé, donde estuvimos buceando literariamente. Cada vez soy más sensible a este modo interpersonal al que nos empuja internet. Que lo que digas pueda tener una respuesta casi inmediata, te fuerza a redactar de otro modo. Así que cuando doy una charla, ya la preparo buscando esa respuesta del público. Y por eso el coloquio tiene una importancia capital.

Temas tratados: identidad narrativa, competencias comunicativas en una sociedad democrática, la complementariedad de la lectura con los medios audiovisuales, mi obsesión con los planes de estudio en ESO y Bachillerato con respecto a la lengua y literatura... 

Hubo seis o siete preguntas, algunas no me las esperaba, y esto siempre te abre puertas a nuevos enfoques.

El ambiente del Bibliocafé, muy inspirador, lleno de gente con sus grupos de lectura y escritura. Había literatura en la atmósfera, casi saltaban chispas.

Muchas gracias a todos los que asististeis.

viernes, 4 de marzo de 2011

¿Lectura y desarrollo personal?

Pregunta: ¿cuál es la conexión entre la lectura y el desarrollo personal?   

“Desarrollo personal” supone que la persona tiene que desarrollarse, el desarrollo humano supone narración, y las narraciones se escriben y se leen. Esa es la conexión. Los desarrollos humanos son narrativos. Una vida que aspira a ser mejor, en un sentido muy cierto, aspira a ser literatura. Buena literatura.  

¿Por qué el desarrollo de un elefante no es narrativo?

Respuesta directa: porque no es humano. Desentrañándola un poco, diría que el elefante es incapaz de ilusionarse con una ficción que proyecte su vida “a mejor”. Al barritar del elefante por la bala de paja no lo llamaría nunca ilusión, sino química paquidérmica.

El tiempo animal no está abierto, porque los animales no se ilusionan, y las ilusiones son proyectivas, tienen estructura narrativa.

Una vida sin ilusión se desliteraturiza, se aproxima a la silenciosa y repetitiva vida del animal.

La lectura nos ayuda a recordar nuestra radical vocación narrativa.

(Y seguiremos hablando de esto en la charla del Bibliocafé del sábado 5 de marzo).

jueves, 3 de marzo de 2011

5º y último día del taller de escritura: mirar adelante

Todo se termina, y el final de un taller de primeros pasos en la escritura puede deberse a dos causas: que no haya más pasos, o que conduzcan a unos segundos pasos. Me gustaría que el final de este taller fuera de este último tipo; que cada recién nacido escritor no dejase de caminar.

Así que, aparte de comentar unos microrrelatos hechos en casa, estuvimos mirando al futuro: ¿qué pasará cuando venga el bloqueo de escritura? ¿qué directrices generales habrá que recordar cuando se quiera abordar un relato breve? y si nos proponemos que cualquier frase escrita -incluso en un breve mail, en un canijo sms- sea, a partir de ahora, correcta y elegante, ¿qué mandamientos básicos se deberían recordar?

Nos detuvimos en el brindis, como género literario, recordando el que hace Gabriel Conroy en "Los muertos", de James Joyce. Con un poco de cocina textual, qué bien se puede preparar un brindis, aparentemente improvisado, que habrá servido para humanizar un poco más nuestra vida social.

Hablamos de la importancia de tener siempre papel a mano para anotar las ocurrencias, de los utensilios del escritor, el lugar, la iluminación... incluso conocimos la cabaña de la escritura de George Bernard Shaw, con un sistema rotatorio para girar en pos del sol, o crear variados efectos de luz, capaces inspirar cosas diversas. No creo que ningún tallerista -y menos el profesor- construya una cabina de estas, pero da ideas sobre el escenario de la escritura.

En fin, creo que hemos salido con ganas de escribir más, de ir adensando y enriqueciendo la vida cotidiana, plena de relaciones interpersonales, con este ejercicio mágico de la escritura.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La nevera de la escritura

Continúo con la metáfora gastronómica para la escritura: se necesita una nevera y un horno (del horno hablaremos en unos días).

En la nevera se almacena lo conseguido, lo descubierto. El cerebro da para lo que da, y hay que apoyarse en papeles, cuadernos, post-its, ficheros de ordenador... Las musas suelen llevar billetes sólo de ida, alguna hay que vuelve, pero vale la pena invitarla a un refresco mientras se le toma declaración. 

A todos nos gustaría escribir directamente desde lo que nos cuenta esta etérea señorita, pero ¿cómo saber si es algo genuino? ¿y qué ocurre cuando vas conduciendo o estás explicando a tus alumnos los participios concertados en la Guerra de las Galias? Pues se garabatea algo rápido, se resume todo mentalmente en una palabra, para volver más tarde, que es como decirle: "Señorita, tenga la bondad de pasar por mi nevera, ahora no la puedo atender". 

Mucho material congelado se desecha luego, pero cuando sale algo bueno, ah..., eso lo vale todo. Y suele haber más de bueno que de malo, si se es diligente en este ejercicio de "nevering".

martes, 1 de marzo de 2011

Cómo contar, cómo escribir

Buena pregunta. Al menos yo contestaría lo que dice Florence King:

Si no lo puedes contar de forma interesante, no lo cuentes

¿Verdad que es asombrosa la cantidad de mensajes no interesantes que nos encontramos cada día? No me refiero a los que, simplemente, cruzan invisibles ante nuestra mirada, porque son ajenos a uno de nuestros "temas"; sino a los que están expresados de un modo deficiente, a aquellos que podrían haber traspasado nuestro umbral si su redactor hubiera considerado mejor a los lectores, si hubiera cuidado los detalles de la forma, la precisión del contenido... si hubiera hecho un poco más humana, más grata, más digna esta comunicación nuestra de cada día.