AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 31 de octubre de 2011

Buenos Aires

Siempre nos quedará Buenos Aires. No he tenido la suerte, todavía, de estar allí. Pero, de algún modo, he estado. Hay lugares "muy lugares", como decía Unamuno en un artículo en el diario El Sol, en 1932; y ese singular adensamiento de la "lugaridad", a veces, se debe a que el lugar no lo escogimos, sino que nos escogió.

Sin esperarlo, me vi llevado hace bastantes años a Buenos Aires por una de las traducciones de Four Quartets de T. S. Eliot. J. R. Wilcock era su autor, argentino, y ella estaba descatalogada y en alguna librería de viejo del Cono sur. Me encontraba estudiando estas traducciones, cuando supe de la existencia de la traducción argentina, y las comunicaciones no eran tan fáciles como ahora: pero algo que no puedo llamar más que Providencia, hizo que en Londres me encontrara con un joven argentino que me habló de la gran biblioteca de su abuelo -su abuelo tenía que ser contemporáneo de Borges, si no mayor-, y yo le hablé de la influencia que aquella lejana traducción estaba teniendo sobre mis nervios -y eso que él no pretendía seguir la carrera de tantos psicoanalistas como hay por allí-. Dijo que, de vuelta a casa, la buscaría. Pues a los meses me llegó aquel librito, editado en los años 50. Desde entonces quedé en deuda con mi benefactor argentino, con Buenos Aires, con el Hemisferio Sur.

Luego, he continuado escuchando la llamada en anuncios de televisión argentinos, realizados con una fina gracia y una ironía elegante; y en tantos porteños que me he encontrado en mi propia ciudad; hace casi un año, tocando el saxo en el río, conocí a Nicolás, que trabajaba en un restaurante y había comenzado a tocar el violín, y un día me trajo agua; hoy mismo, otro me preguntaba por el rastro de los domingos. Acompañándole, me contó que es jefe de sala, Maitre, y que estaba estudiando un curso en Valencia. Me he sentido siempre muy bien tratado, como un pavo bien guarnecido. 

Tendré que ir allí, esa casa que noto tan mía. Aunque solo sea para saludar a los lectores bonaerenses de este blog. 
    

sábado, 29 de octubre de 2011

Chamorro Motis los libros y la fidelidad


A uno le gustaría despertarse en Barcelona más a menudo. Pero no se puede tener todo -gracias a Dios-, porque nada valdría nada. Al menos tengo esta imagen y un cd impresionante: Joan Chamorro presenta Andrea Motis.

Todos los días -que puedo-, a las 2 pm, me escapo de la escritura y los libros: "Esperad ahí, que vuelvo enseguida". Pongo las cañas del saxo a remojo y, mientras se van haciendo a la idea, unos minutos de respiración diafragmática, unos pensamientos técnica Alexander y un poco de moscardón trompetero con los labios. Luego, lo mismo con la boquilla, al tiempo que ya suenan los primeras notas al piano de Basin Street Blues. Me doy prisa para acompañar a Andrea y Joan: "Sol la do do..." 

Las cañas me gritan, como a Agustín sus pasiones en el huerto de Milán: "¿Cómo, nos dejas?". No preocuparos, que Chega de Saudade es toda vuestra. Y así pasamos un rato.

Los libros y los papeles, guardan un benévolo silencio. Me lo perdonan todo. Responden: "No hay nada que perdonar... qué bien nos ha venido".

viernes, 28 de octubre de 2011

Llueve

Por estos Mediterráneos, septiembre-octubre es esa cola ambigua. Un verano que alarga sus dedos para jugar con el frío, como los niños que se arriesgan con una olla. Las lluvias, pocas, por la espalda; de Levante, razzias de corso berberisco. A los que hemos descreído de pronósticos, nos sorprenden un punto menos -por la familiaridad- que a quienes "ya lo decían" y se preparaban para lo que no acepta, en el fondo, valerosidades.

No sé si se cortó ya la cola, hoy. Llueve. Y las fronteras pueden ser bellas.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Presentación de la poetisa Ángela de Mela en Leo



El viernes pasado nos reunimos en la Librería Leo, de Valencia: Ángela de Mela, Jorge Galeano, Gonzalo de Leo y amigos. Ángela es una poetisa cubana, cuya amistad y la de su marido Jorge, me precio de tener ya desde hace años. Yo sólo fui el presentador. A continuación traigo el texto de la presentación:




Un presentador no debe ser un destripador, sino un incitador; un incitador, en este caso, a la escucha. Y es lo que voy a intentar.

La historia en común de Ángela de Mela con la poesía, la literatura, el arte, no puedo abordarla aquí: es simplemente una historia repleta de formación humana, intelectual, literaria, profesional; de pasión, trabajo, sensibilidad, diálogo, responsabilidad. Nacida en Cuba, ha vivido y vive en toda esa tradición lírica tan fértil en Cuba y el Caribe, es parte de esa tradición que, como todas las tradiciones vivas, no puede dejar de seguir caminando.

Ha desempeñado muy importantes trabajos de gestión cultural nacional en Cuba, buscando ese tan necesario diálogo entre la isla y el exterior: entre otros, como formar parte del comité asesor del ministerio de cultura cubano y Fundadora del Festival Internacional de Poesía de La Habana. Y ya en España, ha desplegado una imparable actividad de escritura, publicación, docencia a través de talleres de poesía y conferencias.  

La poesía, tal como la entendemos hoy, es el género literario donde esperamos un intento de decir lo que es muy difícil de decir, seguramente, imposible, si queremos llegar a realidades profundas. Pero el viaje poético del escritor y del lector son necesarios. Un centímetro ganado en ese viaje nos acerca al misterio y nos muestra nuevos paisajes que antes no podíamos ver.

Hay un aspecto que quiero resaltar especialmente: todo escritor, pero creo que de un modo radical en un poeta, tiene un derecho y un deber inescapable, levantar una voz única, honesta. La voz poética de Ángela es ese derecho y ese deber vividos con toda la entrega, y por lo tanto, desde la particularidad de su voz ha de resonar en lo universal que nos enlaza a todos. Y lo hace.

Se ha hablado del carácter insular de la escritura de Ángela. Veo, al menos, dos razones, y la primera ya está dicha: la voz personal, irrepetible, única, tiene en la isla una metáfora frecuentada por los escritores: ese lugar que solo puede crecer hacia dentro, sin obviar el contacto con lo de fuera. Esa voz cultivada, distinta, inconfundible. Así, en su modo personal de escribir hacen escala Lezama Lima, Octavio Paz, María Dulce Loynaz, entre otros, como una cristalización en una nueva realidad poética. 

Y la segunda es la circunstancia vital de Ángela, la de alguien que nace y vive en una isla, Cuba, y por lo tanto el paisaje deja su huella en la persona, cuando tendemos a quedarnos solo con la mitad de la verdad al pensar que es la persona quien deja la huella en el paisaje. Esa mirada insular en estos dos sentidos se aprecia, por ejemplo, en su poemario Península de Hicacos: poemas muy plásticos, visuales, donde el tema amoroso se hace paisaje.

Ángela ejerce una voz poética con diferentes acentos, es lo que solemos observar en poetas con un recorrido vital y artístico: en Lo que el viento nos dejó, accedemos a una voz discursiva, meditativa, en alta voz, frente a un tú en un nosotros. En Rituales de la luz, encontramos reivindicación, reflexión, pero en momento alguno se pierde la cita constante con la imagen. En Escrito de tu nombre, vibra la dimensión espiritual, trascendente, religiosa que tiene en los Evangelios el escenario, los interlocutores, la hondura existencial por la que transitar.

Y hay algunos rasgos que creo que atraviesan los libros de Ángela, y que me gustan especialmente, y con esto terminaré: la dicción sencilla pero, ¡cuidado!, no simple, no superficial, sino concentrada, que enseguida establece un vínculo con el lector, o el oyente; la palabra precisa, escogida de entre un gran caudal de palabras, escogida con conocimiento de causa poética; la cualidad plástica, especialmente visual de sus versos; la imagen, sea metafórica o no, plena de sugerencia y de precisión, que se presenta en versos concisos, como fogonazos de luz que mantienen en vilo la pupila; y el fondo –el fondo importa, vaya si importa-: en la poesía de Ángela están los grandes temas de la poesía, de la vida, encarnados con valor, sin desatender lo carnal ni lo espiritual, y precisamente por esa presencia de lo espiritual religioso, la escritura adquiere una tensión y un compromiso artístico y humano arduos, porque cuando se quiere decir lo más inefable, todo trabajo será poco. Pero sin esa tensión de fondo, espiritual y religiosa, como dice George Steiner en Gramáticas de la creación, no habríamos tenido el gran arte, los clásicos; no podríamos defendernos del todo vale.

Bueno, les dejo ya con la voz poética y la voz física de Ángela.

lunes, 24 de octubre de 2011

El animal metafórico: Metaphores we Live By, de Lakoff y Johnson

I.
No está en ningún zoo, o tienda de animales, a no ser que miremos hacia el lado de las rejas en que se escucha hablar. Pero no me acaba de gustar la metáfora del "animal metafórico", porque nuestra base animal no es nuestra "base" como personas -por muy animales que podamos llegar a ser-. La he utilizado por su atractivo, y porque en sí, yendo más allá de su apariencia de objetividad científica, no es más -ni menos- que una metáfora.

II.
Y de esa elección de metáforas va el famoso libro de Lakoff y Johnson, de 1980, Metaphores we Live By. En castellano se tradujo por Metáforas de la vida cotidiana (1986). Pensé: qué pérdida de fuerza, lo suyo hubiese sido algo como: Metáforas en las que vivimos, o Viviendo en las metáforas, que tienen el impacto que buscan los autores. Y al buscar algo más de información en www, me encuentro con un sabio artículo de mi amigo Jaime Nubiola, filósofo del lenguaje, donde hace el mismo comentario, y reseña muy bien el libro de Lakoff y Johnson. 

III.
El carácter experiencial de nuestra creación y uso de metáforas es el alma de este libro, y la verdad del asunto -en mi opinión-. Como dicen los autores, "las metáforas no solo configuran la visión de nuestra vida presente, sino que también establecen las expectativas que determinan lo que la vida será para nosotros en el futuro" (mi traducción). Efectivamente, dices "Esta vida es una porquería", y determinas tu futuro, como mínimo los próximos cinco minutos, a una conducta "poco presentable en sociedad"; en cambio, "Esta vida es un teatro", en el sentido shakespereano, y tu futuro "tiene más futuro".

IV.
Ojo a las metáforas, sobre todo cuando refieren a los demás, porque pueden liberar(nos) o hundir(nos).

domingo, 23 de octubre de 2011

Sobre Gadafi

Esta entrada es una de esas que se salen del marco de este blog, pero que no puedo evitar.
Mutatis mutandis, pienso lo mismo que pensaba con respecto al asesinato de Bin Laden.
Estoy de acuerdo con lo que indica Pilu.

En fin, el ciudadano de a pie no se entera ni del 5% de lo que se cuecen los gobiernos y sus servicios de inteligencia; y esa retórica planetaria de "nosotros, los demócratas", conjugada con una práctica cósmica de "nosotros, los mercaderes de lo que sea", no hace más que desautorizar la democracia y seguir alimentando las "razones" de quienes no pueden o no quieren entenderla. A los que, por cierto, el mundo libre y democrático no deja de vender armas y "formar" a sus mercenarios y terroristas.   

viernes, 21 de octubre de 2011

WIFI

La madurez, supongo, no es cuando se hacen reales tus sueños, cuando te estabilizas profesional o sentimentalmente; es cuando dominas los misterios de la informática. No me refiero a ser un programador. Me refiero a que llevo dos días y medio desroutado y sin roumbo, y que todo es arcano en los reinos de la tecla, el cableado y la inalambricidad. Incluso para el técnico, que es como la abominación de la desolación. Y entonces lo que te viene a la mente -siempre hace falta una imagen para atenuarlo estéticamente un tanto- es La balsa de la Medusa de Géricault, pero solo y mísero sobre los precarios maderos, cercado por los murallones y borrascas de la salvaje sociedad de la información 2.0.

Escribo esta entrada desde el segundo bar con WIFI al que voy en busca de redención. Que nadie me pregunte qué ocurrió en el primero: el misterio perduró hasta allí -y mira que me desagrada utilizar la palabra misterio con esta acepción negativa, con lo marceliano que soy; pero así vamos más rápido comunicándonos, ¿no?-. Bueno, por fin lo consigo -si es que yo tengo algo que ver con el resultado final-. Me gustaría creer que es mi impericia, mi temperemental mirar las copas de los árboles y las nubes, antes que el metro de suelo que voy a pisar a continuación. Si así fuera, el mundo seguiría siendo un lugar decentemente solvente, las cosas seguirían funcionando como acostumbran, y yo simplemente aceptaría con infinita gratitud que mis defectos fueran igual de sólidos y previsibles como ese mundo.

Pero siempre está la duda. Bueno, mientras canta Celine Dione -"Because you loved me"- en las altavoces del bareto y me tomo el segundo poleo, me aferro a este WIFI que hasta ahora no me ha abandonado como un Rexona caducado.

Si leéis mañana esta entrada es que todo va a mejor, en el mundo y bajo esta calva.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Stanley Fish y enseñar a escribir

Preparando -ayer- la primera sesión del taller Escritura: 1os pasos -hoy-, he encontrado algo que traía un aroma familiar. Es una reseña de un par de libros del profesor de lengua de la University of Illinois at Chicago, Stanley Fish. El título ya va con los colmillos por delante: How to Write a Sentence and How to Read One. Colmillos porque muerde; y lo que desgarra es ese modo de enseñar el lenguaje -que, ya veo, no solo ocurre a esta ladera de los Pirineos-: muchas reglas, mucha gramática, pero nada sobre cómo escribir.

El aroma familiar es nuestra coincidencia en la misma colonia: enseñar a escribir no es enseñar un menhir de preceptos, y enseñar a llevarlo a las espaldas -hasta que el alumno se escapa, en cuanto el sistema educativo se olvida de él-; sino enseñar a expresarse y comunicar por escrito, descubrir las potencialidades del lenguaje para decirnos y decir el mundo, sin agotar el mundo, ni nosotros, ni el lenguaje. Es decir, acariciando con el lenguaje el misterio de la vida.

No he leído el libro de Fish; sí que conocía al autor por sus teorías relativistas y deconstruccionistas -lo que no me lo hizo especialmente atrayente-. Pues resulta que se retiró del deconstruccional ruido, de la "teoría" y se dedica ahora a enseñar a escribir. Por lo que he leído en la reseña, el ramalazo relativista todavía le adorna; pero en este punto concreto le doy toda la razón. 

lunes, 17 de octubre de 2011

Julián Marías. Retrato de un filósofo enamorado, de Rafael Hidalgo: cuatro notas




I.
Un retrato. ¿Los retratos dicen la verdad? Me lo planteaba al leer esa biografía. Uno tiende a pensar que una biografía debería ser un texto donde predominaran los datos. Los datos puros y duros. Pero eso no puede ser y, además, es imposible. Qué datos recoge el biógrafo, y cuáles deja; los que enfoca especialmente, los que quedan borrosos en los márgenes; y a través de esas decisiones, corre un tensor firme –si el biógrafo ha sido bueno-.

II.
El retratista ha sido bueno. Uno espera de un retratista que interprete a su modelo, que saque el genio, el carácter, la esencia… lo que no se ve. Por eso todo retrato es imposible y, sin embargo, necesario. Las cosas humanas, al ir a conocerlas, te dicen al final que cierres los ojos; que te fíes del tacto. El retratista ha sido bueno.

III.
Libros de Julián Marías, he leído unos cuantos: me gustan, me ayudan. Pensamiento cercano, afinado, abierto, esperanzado. Es un filósofo de relaciones, de cercanías –como los trenes en los que vas a ver a tus padres-. Y el retratista vibra con ese estilo y, a su modo, lo refleja en su propia escritura.

IV.
Un libro ameno, con multitud de anécdotas, bien contado. Y con una perspectiva cordial, de corazón a corazón. El subtítulo es la llave, y se abren las estancias del Marías novio, marido, padre, amigo, hijo de Dios. Cuánto me gustó.

Pd 1: he escrito una reseña más larga en Aceprensa, pero este contenido es solo para suscriptores (para los que seáis; para los que no, recomiendo esta web).
Pd 2: qué tarde ha salido esta entrada, problemas con router y todas esas cosas.


viernes, 14 de octubre de 2011

Traduciendo

Ando traduciendo estos días, a destajo. Hay cosas que necesitan un buen tirón, si no, se eternizan. Y aquí estamos con esta novela inglesa... (dejo el título en suspense hasta que salga publicada). Después del oficio de intérprete, el de traductor posiblemente sea el más extenuante. Intelectualmente. 

De un mundo a otro, y viceversa, sine fine. 

Un mensajero que se acuesta todas las noches en la frontera.

Menos mal que existen los saxos y los domingos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom: cuatro notas



I. 
"¿Pero qué haces leyendo eso?", me espetaba mi yo lector de clásicos. Bueno, bueno, bueno, se nos ha puesto gallito. No voy a ser yo -el global- el que se meta con los clásicos, talaría la misma rama sobre la que estoy sentado. Pues sí, me cogí el librito y me lo leí. Y me gustó. Uno ya sabe lo que se va a comer cuando compra un dónut, una ración de paella o se pone la servilleta de lino ante un Mousse de guisantes con requesón flambeado a la luz de un par de estilizadas vela finamente estereotomizadas. El conocimiento es condición de libertad, aunque luego la libertad se pueda desperdiciar, aun a sabiendas. Pero no era este el caso.

II. 
Todos los alumnos de 2º de Bachillerato del Colegio donde trabajaba el curso pasado lo habían leído, y el sentir general -entre los que sentían algo (no es algo privativo de mi Colegio, pasa en todos)- era positivo. Estaba por casa... ¿por qué no?... Bueno, pues es un libro de autoayuda camuflado en una historia de amistad, con una estructura biográfica y un desdoble del narrador, que a veces cuenta sus encuentros con el viejo profesor como en directo; y otras se dirige al lector para contarle lo que va descubriendo para el desarrollo de su propia vida. 

III. 
"Muy americano", como se suele decir. Vivencial, directo, ágil, con enseñanza moral desde la portada  hasta la página final, sensible(ro?), final redondo, ambiente de todo lo que has visto en series norteamericanas de un hogar norteamericano, con algunos de sus personajes-iconos. Un libro de valores. Con su ramalazo panteísta hacia el final -quizás con lo único que no estoy de acuerdo en todo el libro-: debe de ser para apelar a un público cuanto más amplio mejor, que tiene su presentimiento religioso siempre latente, pero no va más allá; qué fácilmente deriva esto en un sentimentalismo espiritual de superficie. En fin.

IV. 
Bueno, sí, me gustó. Me parece que pone sobre el papel sentimientos, dilemas, problemas de hoy -y bastante de siempre-, y un puñado de actitudes, valores y virtudes de las que nadie nunca va sobrado.   

lunes, 10 de octubre de 2011

Cosas que sostuve ayer

Ayer, domingo: día reservado para el descanso -sigo aquí una antiquísima y divina tradición-. Bueno, pues no sostuve ningún libro: uno se pasa la semana haciendo eso. La lectura y la escritura son inefables, pero también son mi trabajo. Así que, por la mañana sostuve el saxo tenor un buen rato: aquí no hay lenguaje verbal que valga, y por eso descansa. Y luego... retorné a un primer amor que, sin duda por bastante culpa mía, hace muchos años abandoné: mi vieja trompeta Getzen, en Sib. Así que también la sostuve, al menos una hora y pico; y poco a poco estamos retomando las relaciones, y la cosa promete. Llegué a la hora de comer contento y descansado, como se debería llegar a la comida de un domingo.

Pero he aquí que había quedado con dos amigos por la tarde. Con V no sostuve nada, o digamos que sostuvimos la amistad, que es algo que hay que sostener; y claro, eso ya no es una "cosa". Y después, había quedado con M y su retoñete de un mes y un día, J. Estuvimos paseando un tanto al margen de la procesión cívica del 9 d'Octubre, día de la Comunitat, y se dio la coyuntura de tener que reparar los bajos de J. M, que es un padre modélico, hizo la operación en un plis plas -o periquete-, mientras yo, pudorosamente, rebuscaba algo en mi agenda electrónica. Acaba la operación, y J más a gusto que un arbusto, M me preguntó si lo quería coger. De mil amores. Con la izquierda le mantenía firme la cabecita, y con la derecha lo ennidaba con toda la delicadeza de que fui capaz. Fue lo cuarto que sostuve ayer. Pero me niego a llamarlo "lo cuarto" o "la cuarta cosa": sostuve un salto cualitativo, un milagro, un prodigio... no lo sé. 

Descubrí que un domingo no llega a serlo si no terminas sosteniendo a alguien.

viernes, 7 de octubre de 2011

Presentando a una mujer independiente muy dependiente



Fue ayer, aunque la cosa venía de la vuelta del verano. Carmen, una alumna reincidente en mis talleres de escritura, me espetó al vernos: "¡He publicado un libro! ¿Quieres presentarlo?", -"¡Claro!"

Así es como me encontré con La autoestima de una  mujer independiente muy dependiente; y de nuevo con el buen humor, la agudeza y la sensibilidad que ya había mostrado en el taller. Hoy, cuando ha dicho que no tiene grandes dotes imaginativas, he tenido que interrumpirla: "¿Cómo que no?", y le he recordado el texto que escribió sobre los gamusinos, donde se inventaba a unos seres la mar de simpáticos, presentados con una ironía fina que te arrancaba la carcajada.

Decía Carmen que ella no tenía mucho que decir; pero lo cierto es que cuando le ha tocado el turno, se ha embalado, y con ganas: comunica muy bien con el auditorio, es profesora universitaria, dirige un gabinete de psicoterapia...

Y lo hemos pasado fenomenal en el diálogo con el público, en el Bibliocafé. Hemos hablado de discapacidad, de la importancia de un libro que habla de la autoestima de las personas con discapacidad y de la amistad entre ellas y con personas que no tienen este problema (este tema, que es parte del libro, está basado en su tesis doctoral). 

A mí, Carmen y su libro me han reafirmado en algo que he contado en la presentación: todos somos dependientes; el ideal moderno de autonomía como felicidad, conduce al sufrimiento; es mucho peor la discapacidad moral y afectiva, que la física y psíquica -y de la primera nadie estamos totalmente liberados-; me alegro cuando veo rampas por la ciudad, y personas con discapacidades, porque me ayudan a bajar de la nube y me humanizan; y que los paradigmas de éxito y aceptación, como los que expresan las y los modelos de la publicidad de Mango y esas empresas, con sus miradas de zombi y sus cuerpos photoshopeados, están causando unos trastornos sin retorno -no todos- a chicos y chicas y familias por la penosísima anorexia.

Bueno, Carmen sigue escribiendo, es una luchadora de raza. Habrá que estar atentos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cómo ver un Cézanne

Me gustaría ver, ahora, un Cézanne. Qué fácil, ¿verdad?, con dos clics de ratón bastaría; y, sin embargo, no serviría para nada. Una ojeada superficial a una reproducción de L'Estaque o... ¿y...? La esencia debe de estar en la distancia. Por eso viajamos. Cuando todo está a mano, todo es un arabesco de humo y tramoya.

Cézanne: pasan los días y uno levanta sus pocos y primorosos santuarios; se acerca con veneración, en un conmovido silencio. A veces, de lejos basta.

Así que doy un rodeo. Sé a dónde ir, busco aquellas palabras:
Sigo visitando, mientras tanto, la sala de Cézanne, del que tras la carta de ayer quizá puedas hacerte ya una pequeña idea. (...) Para todo, sin embargo, se requiere mucho, muchísimo tiempo. ¡Cuando recuerdo cómo miraba extrañado e inseguro las primeras cosas que tuve delante, apenas de oídas conocido el nombre! Y luego nada, hasta que, de improviso, tienes la visión justa... (R. M. Rilke, Cartas sobre Cézanne)
Ahora sí que lo he vuelto a ver.

lunes, 3 de octubre de 2011

Meditando la estética en el Evangelio

Hoy me he reencontrado con un pasaje del Evangelio que he meditado muchas veces. ¿Por qué este? Ahora se verá:

Mat 9:23-26 Cuando llegó Jesús a la casa de aquel hombre y vio a los músicos fúnebres y a la gente alterada, comenzó a decir: -Retiraos; la niña no ha muerto, sino que duerme. Pero se reían de él. Y, cuando echaron de allí a la gente, entró, la tomó de la mano y la niña se levantó. Y esta noticia corrió por toda aquella comarca.

Como si se tratase de un óleo, siempre me quedo mirando a los músicos. Los músicos “fúnebres” están allí, seguramente tocando algún tipo de flauta, al ritmo lento de un grave tambor. Son los encargados de dar el patetismo a la escena, ya de por sí saturada de emoción -esa exacerbación del dolor, alguna explicación antropológica tiene, que no he estudiado, ni me da ahora para hacerlo-. Y cuando Jesús dice lo que dice, con ese laconismo que derriba la escenografía del sufrimiento de un mundo antiguo atiborrado de mitos, va y los tíos se ponen a reír. Esta es una demostración de la distancia del artista con respecto al contenido de su actuación. Toca una marcha fúnebre, y a continuación se ríe a mandíbula batiente, y además con bastante poca gracia. Es verdad: si el artista no estuviera distanciado, no podría ni llevarse la flauta a los labios –ni declamar un discurso, ni escribir con preciso arte un poema o un relato-, pero…

No sé si Nietzsche comentó alguna vez este pasaje. De haberlo hecho, estaría totalmente de acuerdo con los músicos fúnebres, de esa estimulación emocional del momento trágico, y de su distancia artística. Ay, Federico, ya se ve que no tenías una hija anoréxica –ni ninguna otra, reconocida al menos-, porque, como apunta San Lucas al comentar el mismo pasaje, después del –Niña, levántate:

Volvió a ella su espíritu y al instante se levantó, y Jesús mandó que le dieran de comer.

Tiene algo de razón Horacio cuando escribe, refiriéndose a un actor: "Si vis me flere, dolendum est tibi primum" (Si quieres que llore, primero te ha de doler a ti). Y junto con eso, sigo pensando que el distanciamiento del artista es necesario. Pero cuando se confunde realidad con ficción en la vida cotidiana, el artista debe negarse a participar. Excitar la morbosidad humana no es bueno para nadie. Y el artista se vuelve, finalmente, un cínico. Y ya tenemos bastantes.