AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 25 de septiembre de 2013

La vocación del maestro: Rita Pierson



Every child needs a champion, Rita Pierson


Vi esta charla en TED hace unos meses, y la descargué en el ordenador inmediatamente. Rita Pierson es una señora simpática y divertida, pero sobre todo una maestra sabia.

Me quedo con todo lo que dice: puede haber muchos problemas en la educación, muchos enemigos externos; pero el peligroso de verdad es el que amenaza la propia vocación: la que nos hace crecer cuando nos esforzamos por hacer crecer al alumno.

Para ver la charla con subtítulos en castellano, aquí.

jueves, 19 de septiembre de 2013

"Es un álamo, señor Wittgenstein"



Hoy he tenido mi primera clase de Lectura y escritura creativa, con alumnos de 4º de Magisterio -especialidad primaria-, en el Centro Universitario Villanueva, Madrid.

Una mañana modosita desde la ventana, allá a las 9, entrevista a retazos claros bajo el camuflaje de las hojas de un... ¿un qué?

-...
-... un árbol...
-... un plátano...

Wittgenstein escribió: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" (Tractatus logico-philosophicus, 5.6, 1922). 

-Por lo tanto, si me aprendo un diccionario, amplío los límites de mi mundo, ¿no?
-... sí... no...

Hay algo imbatible en cada persona, que se resiste a acabar dentro de un tetra brick, sea lingüístico, psíquico, social, psico-social, mediopensionista, del Real Madrid... 

-... ¿entonces? Es un álamo.
-... sí, ¡sí!

Es en la experiencia de abrir lo ojos donde se abre el diccionario personal, donde ingresan las palabras con una pequeña historia -nuestra- escrita en la pequeña etiqueta que traen pendiente.

-Es un álamo, señor Wittgenstein, y acabamos de ampliar los límites de nuestro mundo. Hala. 


  

sábado, 14 de septiembre de 2013

Miradas florentinas

Unos retazos de prosa impresionista, que han salido al releer el cuaderno de notas de este verano y darles forma: Miradas florentinas en Ritmos del Siglo XXI.

martes, 10 de septiembre de 2013

¿"Escribe de lo que sabes"?

Seguro que si has asistido a un taller de escritura creativa, o has andado espigando ideas por los blogs del gremio, te habrás encontrado con el consejo: "Escribe de lo que sabes". Hay quienes lo afirman, y hay quienes lo denostan a escobazos -generalmente se escucha más a los segundos-. Y la pequeña polémica continúa, como todo lo que se expone a "blanco o negro". Me gustaría aportar una escala de grises.

Habitualmente, propongo la versión positiva: alguien que escribe de lo que no sabe es pillado inmediatamente -o casi- en la lectura del buen lector (véase tanta novela histórico-esotérico-cientificista): se pilla antes a un Dan Brown que a un cojo. Pero sobre todo, un escritor solo da lo mejor de sí cuando sabe mucho de algo; y con "mucho" no me refiero a un sentido cuantitativo -o no principalmente-, sino cualitativo: mucho es profundidad, y sobre todo, identificación. Aquí vuelvo a mi filósofo de cabecera, Gabriel Marcel: lo valioso en la vida es lo que nos envuelve y nos afecta con hondura. 

El denostador tiene razón cuando argumenta que si Tolkien solo hubiera escrito de lo que sabía, no tendríamos El señor de los anillos. Bien, pero este "saber" o "no saber" refiere a cuestiones muy concretas, al aspecto de la imaginación. Ahí estoy de acuerdo. Pero si Tolkien se inventa un orco, no solo es un alarde imaginativo -basado en un gran conocimiento de una tradición literaria, por cierto-, es, sobre todo, que ha conocido alguno al subir a un autobús, entre sus colegas de Oxford, o entre el pandemonium de un pub... incluso el que él y todos llevamos dentro.

Así que la afirmación y su negación son verdad, si las entendemos cada una en su nivel (un poco de escolástica a vece evita innecesarios derramamientos de sangre).

Apostilla curiosa: este verano estuve en Florencia. La última novela de Dan Brown tiene su escenario allí. No la encontré en casi ningún escaparate de las librerías de la ciudad del Arno. Si alguien sabe de Florencia -y la ama- son los florentinos. Entiendo perfectamente el veto.