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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



martes, 14 de enero de 2014

Misericordia, de Galdós: cuatro notas de lectura

 

I.

Una lectura tan grata, a veces tremenda, un texto pertrechado de recursos literarios. Hay pasajes verdaderamente cervantinos en su contar preciso y ocurrente, en la frase rítmica y bien medida, como para decir en voz alta ante una concurrencia, en la tertulia familiar decimonónica, o ante el inopinado público de las ventas de la Mancha. Y un buen despliegue de metáforas, y de imágenes que traen esa visualidad que hoy no buscamos, porque si algo queremos, es descansar de tanta estampa, pero que en el XIX eran requisito del novelista. Novelista pintor, fotógrafo.


II.

Son frecuentes los momentos de caricatura, y no pocos, despiadada. Como en Marianela y en otras novelas, Galdós pinta animalizados y cosificados a los hombres y mujeres, e imprime matices humanos a animales y cosas. Más de una vez me detuve en la lectura: “¿Pero cómo se pasa?”; pero más de una vez, ante el nuevo detalle que equilibra al personaje y le da profundidad, volumen y sombra humanos. Con otros procederes, me recordó al Dostoievski que expone la variedad y el misterio del alma, para distinguir entre la falta condenable, y quien la hizo y sin embargo no debe ser condenado por otros ojos humanos. Al lector se le invita a la piedad.


III.

Aquí Galdós se identifica con un narrador todopoderoso al que no duelen prendas aparecer como artista plástico que todo lo moldea, expresionista y cómico, gozoso de que se le note. Realismo, sí, pero no con narrador traslúcido para pergeñar la apariencia de que se fue el mediador entre el lector y lo que desfila por las páginas; sino el de un mundo molesto de mirar, animado por esa idea (tan discutible) de que más real parece lo que más desmiente lo ideal y placentero.


IV.


Ese final, como coda inesperada, me recordó a la cálida sorpresa del de Los hermanos Karamázov, como si Galdós y Dostoievski hubiesen deseado un subrayado de convicción moral, de cordialidad pudorosa que no se quiere ocultar. Frases últimas que al leerlas te ahuecan el mundo y te lo callan unos instantes para que resuene una emocionada verdad.