AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



jueves, 22 de mayo de 2014

Volvemos


Lucía Mora
JM Mora Fandos. Acuarela sobre papel



En el AVE. Volvemos a casa entre campos que corren, entre días que dejan su música atrás. Volverán. ¿Volvemos?

viernes, 16 de mayo de 2014

La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han: cuatro notas de lectura



I. 
Si alguien no anda algo cansado -pero profundamente-, no entenderá este librito. Para este filósofo coreano formado en Alemania ya no sirve el paradigma inmunológico para representarnos lo que nos pasa. No es que vayamos defendiéndonos del extranjero, de lo distinto, como de un virus -eso tuvo su momento-; es que todo lo digerimos ahora, todo nos vale, porque todo lo hemos desactivado en su carga negativa, y de lo que se trata es de dedicarse a producir, a abundar, a positivar dejando atrás cualquier escala. No lo dice Han, pero es algo conocido y congruente con su pensamiento: hemos pasado de la constatación de la diferencia del otro a la actitud de indiferencia hacia él: el otro, lo otro, ya no es amenaza, si uno tiene suficiente cobertura social, cultural, económica para poder ir irrestricta e infinitamente "a su bola". Resultado: toda suerte de enfermedades neuronales. Un cansancio insano.

II. 
Una sociedad neuronalmente cansada -tú, yo-, depresiones, ansiedades, tdah... Una obesidad mental, y finalmente espiritual, un sobrepeso que impide volar. Las restricciones de equipaje impuestas por las aerolíneas low cost podrían ser aquí una metáfora ascéticamente redentora. A lo mejor la vida debiera tener mucho de eso, de ir haciendo maletas pequeñas. La negatividad del " ...no meto esto, ni esto, el microondas tampoco hace falta..." como salvación del alma.

III. 
Deliciosa la sensibilidad hermenéutica del autor, su búsqueda de metáforas, símbolos, la conciencia de la representación para la comprensión. Y de ahí la felicidad de este librito de utilizar tan hermosa y sabiamente a Nietzsche: troquela Han el mejor Nietzsche, a ese que entre áspero y áspero cacareo pone uno de sus impagables huevos de sentido común. El coreano sabe donde los tiene el estridente alemán. 

IV. 
Otro de los atractivos del libro, su brevedad. Hace honor a lo que propone: adelgazar la positividad del hiperrendimiento y del vértigo productivo, negándose a un largo ensayo que viniera ribeteado de notas al pie, o trufado de intracitas, megacalórico como una tarta sacher. Menos es mucho más. Como este estilo del librito, que es un casi no estilo casi insultante, diet-friendly, de razonamiento "al grano". Qué diferencia con las double cheese burguer de un Sloterdijk o de cualquier posmoderno canónico. Qué descanso.

sábado, 10 de mayo de 2014

Unos poemas en Cuaderno Ático: unos instantes en el Olimpo


Cuaderno Ático es la bella revista de poesía que dirige el poeta y profesor Juan Manuel Macías. Diseño clásico, ático, donde los poemas respiran visualmente: columnas de palabras como las del Partenón, ganando su forma contra el cielo zarco de Atenas. 

La nómina de poetas, heterogénea como el Olimpo, es llamativa por la calidad, por las trayectorias consolidadas, por los nombres. Bueno, pues Juan Manuel ha tenido la gentileza de publicar unos poemas míos en el número de Primavera. Le estoy profundamente agradecido por esta anomalía. 

Cuaderno Ático se puede descargar en pdf, y también leer en sistema ISSUU, verdaderamente cómodo, limpio y elegante. Kalón.

viernes, 2 de mayo de 2014

¿Qué hacemos con los adverbios? Literatura y hamburguetura

Elmore Leonard aconseja nunca utilizar un adverbio para modificar el verbo 'dijo': 

"-dijo suavemente/con rapidez/cansado/con un deje de escepticismo..."

Bien, me parece muy sensato. Hay ocasiones en que no seguir esta regla denota poca confianza en las palabras, en el lenguaje, en el lector... y lo peor de todo es que podemos incurrir en ello por puro atolondramiento, por cliché, por pensamiento pre-pensado, por contaminación ambiente...

Pero hay otras en que puede ser inevitable saltársela, bueno... si uno ha intentado evitar este recurso, si ha impreso en el lenguaje todo lo que sabía y podía, para dotarlo de esa afectividad, temperatura anímica, paleta circunstancial que la escena, la intervención del personaje requerían; si pese a todos los intentos, es inevitable, entonces es bueno.

No es correcto andar criminalizando categorías morfológicas: "¡Huye de los adverbios!", "¡Sacrifica los adjetivos!", ni que la literatura fuera Moloc, y Hemingway su profeta. Con todos mis respetos a Hemingway y a su larga estirpe. Hay muchas estéticas. Lo que puede abundar menos es el buen juicio, y abundar más las prisas y la necesidad de vender hamburguetura. 

En La mujer nueva, Carmen Laforet escribe:

-¡Paulina! -la voz sonaba desesperada-. No sé si te burlas de mí o es que no entiendo.

'desesperada' atañe tanto a 'voz' como a 'sonaba' -y aquí hace función de adverbio-; un predicativo, vamos, de los que utilizamos todos los días, pero del que desconocíamos su etiqueta lingüística -ay, qué bachilleratos, que nos han hecho aborrecer y olvidar lo que tan bien nos vendría para explicarnos tantas cosas...-; y es difícil expresar que sonaba desesperada la voz, simplemente con los magros palillos de admiración -¡lo admirable es que aspiren a expresar todo el inabarcable abanico de matices de la admiración!-. 

En fin, cuidado con las consignas partisanas para la escritura, con los arrestos dogmáticos de ciertos progresismos de escritura pret-a-porter... si uno no quiere, simplemente, freírse un par de hamburgueturas.