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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 21 de enero de 2015

jueves, 15 de enero de 2015

Calipso, Ulises y nosotros


Chopos, JM MF


I.
"Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo, rico en ardides, ¿así que quieres marcharte enseguida a tu casa y a tu tierra patria? Vete enhorabuena. Pero si supieras cuántas tristezas te deparará el destino antes de que arribes a tu patria, te quedarías aquí conmigo para guardar esta morada y serías inmortal por más deseoso que estuvieras de ver a tu esposa, a la que continuamente deseas todos los días..."

Uno de mis pasajes favoritos de la Odisea: Ulises, en el retrato sentimental que le hace la diosa Calipso, nos llega bajo una potente luz retórica. Ella, que le impide volver al hogar, reconoce la verdad del corazón de su cautivo; y esa verdad, al conocerla nosotros los lectores en este espejo adverso, nos imprime la ilusión de hallarnos asomados al brocal del alma del desdichado, con más efectividad que si el narrador desnudara el pecho cuitado de Ulises. Triángulo entre lector, mediación narrativa y objeto de conocimiento. Paradójica oblicuidad, cuanto más confeccionada, más invisible, y eficaz.

II.
Pienso en la vida que escribimos viviendo: la fuerza del reconocimiento, la validación del yo en las manos de un tú, esa paradoja redentora de la identidad que exige desarmada exposición, ordalía que de normal da vértigo. Luego, quizás, éxtasis.

III. 
Pero aún me impresiona más la elección de Ulises: despreciar la eternidad de los placeres que le ofrece Calipso, por la mortalidad en compañía de su esposa, Penélope. Mujer, mortal. 

"Venerable diosa, no te enfades conmigo, que sé muy bien cuánto te es inferior la discreta Penélope en figura y en estatura al verla de frente, pues ella es mortal y tú inmortal sin vejez. Pero aún así..."

Pero aún así... Porque si uno asintiese a esta perpetuidad de placer, no habría narración, sino abdicación de la identidad, eutanasia del yo en una algodonosa amnesia, cancelación de futuro. Y con ella su inevitable consecuencia: el borrado del nombre propio. El placer, hecho sentido vital, es el menguante hatillo para el viaje hacia la nada.

Pero si Ulises vuelve a la mar... navega hacia el entretejimiento de dos, a la intertextualidad en un decir antropológico. Intertextualidad presentida en los efímeros textos que Penélope teje cada noche, premonición del gran texto que se interrumpió y que volverá. 

IV.
Volver a Ítaca, la paradoja de volver a ser quien se es. Si Ulises se hubiese quedado, el ominoso silencioso de aquella omisión, de aquella no-escritura, nos alcanzaría ahora con la intuición segura de un formidable pecado original. Incapaces de nombrar un quién, andaríamos sin palabras con que indicar la exacta transgresión. Como animales que olfatean un momento el aire raro, volveríamos a nuestros asuntos. A nuestros asuntos ya imposibles de narrar.