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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



sábado, 27 de agosto de 2011

De vuelta


Bueno, pues ya estamos de vuelta, no “de vuelta”. Porque se trata de volver a uno mismo, no resabiado, sino enriquecido por el viaje.

Tuve la oportunidad de ir a Florencia, y allí estuve. Yo iba ya vacunado contra el síndrome de Stendhal, o también llamado síndrome de Florencia, el que le dio al pobre hombre al contemplar tanta belleza allí mismo. Aun así, tuve que resistir unas cuantas tentaciones. La mirada del asceta es la mejor para estos ámbitos: permite ir a lo esencial. Yo no soy un asceta, pero lo intento. No me refiero a un asceta en el sentido tradicional. Quien tenga ese carisma, adelante. No es el mío. Pero sí que hace falta cierta ascesis para ser feliz. Bien, pues fijé unos cuantos objetivos para el festín, y me desentendí de todo lo demás.

Ya sólo pasear por Florencia es una delicia. Pasear despacio, dejando que una perspectiva, un serpentín cromático de fachadas sienas, ocres, salmones…, el Duomo que flota sobre todas la tejas de la ciudad, un fresco de la Madonna del siglo XIV empotrado en una esquina te lleven suavemente de los ojos, como Beatriz a Dante.

Y… ya iré contando. 

Pero vuelvo a la vuelta: un buen viaje es aquel en que percibes que cuanto más te adentras en lo nuevo, más retornas a tu intimidad.

1 comentario:

  1. Bien venido ( o vuelto). Ya tengo ganas que llegue el día 7.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo