AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 27 de enero de 2020

Esta sombra que fui, de Enrique Baltanás: cuatro notas

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Esta sombra que fui, Enrique Baltanás. "Poesía al albur". Cypress. 2019



I.
Volver a leer poemas de Enrique Baltanás me ha traído la satisfacción —pasan los días, lo voy comprendiendo mejor— de volver a un hogar. Una voz, unos poemas, un mundo: cuando te conmueven, quedan como un lugar que habitaste, y que recuerdas. Y hacía tiempo desde aquel habitar. Al leer Esta sombra que fui se ha recuperado todo aquello, han vuelto aquellas paradojas del tiempo personal y la identidad, la hondura y la belleza, la gravedad y la gracia poética. He notado una cuerda tensa, atada allí-entonces, y aquí-ahora, que mide un tiempo, un espacio y una persona poética, un tiempo sobre el tiempo de los relojes. Como todo mundo consistente que la literatura ofrece, este ha interpelado al mío, y este diálogo ya es parte de la ganancia de la lectura del poemario.

II.
Una paradoja asombrada alienta estas páginas, desde el título: Esta sombra que fui… y sin embargo es esta, no aquella que se recuerda, sino la que sigue viva, la sombra que vive comprendiendo lo que se vivió, quien se vivió… y es una sombra, ¿sombra de sombras? ¿momento ahora de reconocer que siempre se fue sombra? La paradoja es una figura literaria que presenta una aparente contradicción, que se resuelve en otro plano. Quizás Baltanás, quizás yo, queramos que lo que la vivencia de los días entrega como dilema insoluble, absurdo incluso, se resuelva como misterio y esperanza; queramos que el arte poético, trascendiendo cualquier entretenimiento constructivo para el tedio, sea una apuesta por lo que intuimos, sabemos más auténtico y sólido. Quizás en los ecos de Juan de Mairena sea donde más explícitamente se expresa este deseo (“La verdad más verdadera”). Pero yo diría que va en todo el poemario, como su alma.

III.
Perplejidad metafísica y cordial para una voz meditativa y serena. “Caminos de hierro” es uno de mis favoritos, donde se revela la oscuridad que uno es para sí, donde ese deseo hermenéutico, tan moderno, de comprenderse en la autotransparencia, se rinde mientras la vida sigue y se avanza en ese tren en el que se piensa y siente, puesto aquí como carne para el alma del símbolo. Y qué dominio rítmico e imaginario, qué difícil facilidad de contar el misterio, a la espera de su exégeta, que no seremos nosotros. De nuevo la esperanza.

IV.
O el magistral “Rosa, rosae”: quizás ya no seamos muchos los lectores que podamos hacer vibrar este poema en la lectura, con la llave justa para abrirlo, aquellos que en el sistema gramatical de las declinaciones latinas encontremos un cobijo de recuerdos y vivencias y nos sintamos iluminados por el ingenio de la transfiguración de la declinación y las caídas -casos- en nuestro vivir: aquella figura que fue de arideces metodológicas y de aprendizaje, es ahora figura con temperatura vivencial del paso del tiempo y, pese a todo, de nuestra mirada hacia la rosa de la belleza. Quizás descubramos que no fue gratuita la ‘rosa’ que se cifraba en cuatro trazos de tiza en la pizarra, y que, como en tantas cosas, hemos venido al final a atisbar el misterio de las coincidencias y las paradojas.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Herbario de sombras, de José María Jurado García-Posada: cuatro notas.

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Herbario de sombras. José María Jurado García-Posada. Los Papeles del Sitio. Sevilla. 2019

I.
Dicen los buenos antropólogos que el animal se debe a su entorno, pero el hombre tiene mundo. Y los buenos filósofos, que ese mundo es un todo internamente conectado. Así, hacemos casa, hogar. Herbario de sombras de José María Jurado, en este otoño que ya se invierna en Madrid, tarde a tarde, se me vuelve casa, familiar, ya caldeada por Tablero de sueños (La Isla de Siltolá) y Gusanos de seda (JMJ), donde tan bien se estaba. Y ahora, en esta precioso trabajo de Los Papeles del Sitio, una edición que derrocha buen gusto y sentido estético. 

II.
Un día leemos a Keats, otro escuchamos a Monteverdi, entramos recogidos en la nave de la Iglesia de las Carboneras o ascendemos en un aire de sereno barroco en la basílica de San Miguel… secretamente se van configurando las hebras, se van urdiendo las tramas. Y otro día, como los dones, se nos entrega el dechado, el mundo, y sabemos que poco hicimos, y sin embargo, nada se dio sin nosotros. Misterio. Herbario de sombras aviva la memoria de mi propio herbario, y en aquel reconozco esa invitación a la respuesta agradecida y esforzada a tanto don que nos alcanza, si queremos. En la “Acotación” que encabeza el poemario va el aviso de esa querencia de la poesía de preservar el instante, de ahí este mundo que entrega el autor, de álbum de muestras, de invernadero, de ordenaciones, de conservatorios —si podemos estirar así la palabra—. Lo que fuera tiempo y belleza. Pero el lento laborar del poeta renueva la memoria en nuevos tiempos y bellezas. ¿Vivir es volver?  Y sin embargo, creo que hay una novedad, que nunca volvemos al mismo lugar.

III.
Este friso inextricable de poemas, novelas, músicas, pinturas, iglesias, imaginería es una admirable apropiación de arte, de cultura… Muchos de estos hitos me resultan nuevos, y pienso que el autor no espera que el lector los conozca todos, pero la entrega de estas experiencias suscita la impresión del misterio de lo humano, e invita a acercarse a ellos, y si no a ellos, a los propios. Una pedagogía de la vivencia de la cultura, un diapasón del tono anímico con que acercarse a lo más alto. Y al mismo tiempo la convicción de que ver es reconocer, y que cuánta mirada maestra, de otros, hay en la nuestra, si somos justos y agradecidos con lo que se nos entregó, con las tradiciones. “Ma petite ballerine” recoge esta experiencia. Uno de los poemas más emocionantes, donde repunta la emoción que de normal ha sido contenida y meditativa a lo largo de las páginas. 

IV.
Que José María Jurado es un delicado ebanista del listón y de la caja preciosa, del verso y del poema, no ha sido una novedad. Cuántos versos vienen compactos y bruñidos, con su ritmo ajustado al todo, de métrica clásica y controlada, que le hace de metrónomo a estos andantes contemplativos. “(La noche es más noche sin la noche / y más clara la luz cuando no hay luz”). O esa imaginería de las flores y los frutales, en la sección “Invernadero”, donde me he demorado con especial gusto en “Naturaleza muerta con limones, naranjas y una rosa”, sobre un cuadro de Zurbarán: poema en que con la justeza de la clásica ironía de la tópica se aborda un tema serio y trascendente. Estaba Zurbarán allí, como está aquí en la lectura, y en nosotros, contemporáneo. Se apunta en varios lugares, en contrapunto de este recordar reelaborado y precioso que va miniando este herbario, vías de fuga hacia la trascendencia. Mucho dice de este poeta, que capta valiente esa sismografía más allá de las palabras y el arte, aunque con palabras y arte lo diga. ¿Se puede dar más? 


martes, 29 de octubre de 2019

III European Liberal Arts and Core Text Education Conference. Cuatro notas

Caring for Souls: Can Core Texts Educate Character?

I.
Hace unas semanas participé en el III European Liberal Arts and Core Texts Education Conference, organizado por el Instituto Core Curriculum de la Universidad de Navarra, dirigido por José María Torralba. Es bello conversar sobre libros que amas, que van contigo. Y afuera, en el campus, flotaban los tonos amarillos del gingko y de los álamos, los colorados de las hayas... hojas entre hojas...

II.
Cuidar de las almas. La literatura que habito en la lectura es la que despliega ante mí un mundo, con benevolencia, sin paternalismo. Es la hospitalidad del texto. En las clases en la Facultad, en la Complutense, cuando semana a semana conversamos sobre lo que hemos descubierto en un gran libro, estamos cuidando unos de otros. Más allá del significado del texto, llegamos a la significancia, lo que Ricoeur designa como lo que el lector actualiza en el texto para sí, para su vida. Es lo que nos ofrecemos, lo que escuchamos con respeto y acogida. Somos una comunidad lectora, heterogénea, pero atenta al otro.

III. 
Para Ricoeur leer es como interpretar una partitura: el objeto artístico literario disponible para todos, solo se convierte en objeto estético, en vida íntima, en la lectura. Hemos hecho cantar al texto con el tono único de nuestra voz y nuestra vida. ¿Cómo leer en voz alta "Mañana y mañana y mañana", el verso de Macbeth en ese momento denso, poético y trágico de la obra? Nos afina, nos convoca a poner todo de nuestra parte. La literatura pide sinceridad, cuando ella la da.

IV. 
Durante los días del congreso hablábamos de Dostoievski, Salinger, Dante, Sófocles, Homero, Ovidio, Cervantes, Bernad Shaw, Chesterton... y también con ellos. Ahora, en este cálido otoño de Madrid, voy leyendo Bacantes de Eurípides y siento la presencia de esta compañía de grandes autores y sus susurros en la lectura. Una conversación interminable.


jueves, 11 de abril de 2019

El arte de la ficción, Henry James. Traducción y edición desde la escritura creativa de J. M. Mora-Fandos




I.

Se trata de un texto muy conocido en el ámbito anglosajón, que ha sido traducido al castellano al menos tres veces. Esta es la cuarta. Y he querido proponer su lectura desde la escritura creativa, por eso, además del aparato de edición que contextualiza el texto, he añadido un ensayo mío que responde a la pregunta ¿Puede El arte de la ficción decir algo interesante hoy a docentes, alumnos y practicantes de la escritura creativa?

II.

Como pórtico a esta edición cito una frase de Aristóteles (Ética a Nicómaco, libro II, 1103 a, 32-33), que se ha convertido en un verdadero mantra para mí, como escritor y como profesor de escritura creativa: 

… para saber lo que debemos hacer, hemos de hacer lo que queremos saber…

Creo que James estaría de acuerdo con esta convicción del filósofo, pues en las páginas de El arte de la ficción aparece una y otra vez una apasionada reivindicación -aunque dentro del decoro anglosajón, of course- de lo que se aprende por experiencia, de la sabiduría práctica, de la confianza, la frónesis, el riesgo, el oficio. Ideas y palabras fertilizantes en estos tiempos de autoedición constante de la identidad, de simulacro, de inmediatez, de recetarios...

III.

Me resulta curioso que tras haberse reeditado tantas veces el anuncio de la muerte de la novela, los hechos sigan desmintiendo las partidas de defunción. Incluso se reeditan y se exhuman novelas, novellas, relatos, cuentos de autores del XIX, como si acabáramos de descubrir estos géneros y nuestra concupiscencia campara desaforada por una provincia inabarcable. De ahí que podamos conectar tan plenamente con el aire optimista e ilusionado de James en El arte de la ficción, que en 1884 no ve más que posibilidades para autores y lectores, aventuras creativas y de conocimiento. 

IV.

Espero que su lectura sea una experiencia "inspiring", como dicen los norteamericanos.

lunes, 31 de diciembre de 2018

La lección del maestro, de Henry James: cuatro notas de lectura

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La lección del maestro, Henry James. La Isla de Siltolá, 2018. Traducido por José Luis Piquero


I.
Fue una bella sorpresa descubrir esta traducción reciente de la novella de James. Hacía no mucho que la había leído en inglés y me apetecía cotejar mis impresiones con lo que el traductor hubiese traído al papel. Traducir es una modalidad de leer. Y para los lectores de James -el maestro de la captación psicológica y del temple moral de los personajes-, siempre es una delicia conversar con quien tenga una lectura que ofrecer de alguna de sus obras.

II.
La conformación, el descubrimiento de una vocación literaria, las exigencias de esa maldita perfección de la que hablaba Rafael Argullol en su libro de ensayos, la figura del maestro y mediador -¿qué no diría aquí René Girard?-, las dicotomías de la modernidad entre intelecto y afectividad, aurea mediocritas burguesa o tormento artístico... El genio de James recoge todo y todo lo bulle en una trama imaginativa, sorprendente, al tiempo que profunda. En su ensayo El arte de la ficción habla de la experiencia directa como condición necesaria para el novelista. Basta leer un buen resumen biográfico de James para conjeturar cuánta experiencia no habrá en esta novella; pero aun sin información extratextual, el mundo configurado aquí transmite la sensación de vida reanimada por el prodigio de la imaginación y la inteligencia profunda de lo humano. 

Un texto que recomiendo a cualquier alumno de escritura creativa.

III.
Se añade en este volumen de papel ahuesado y bellamente editado por La Isla de Siltolá -una delicia- el relato más breve "Lo realmente correcto", una historia de fantasmas, para decirlo rápido y más bien mal; porque, como en Otra vuelta de tuerca, James siempre da mucho más que un rato de entretenimiento, y cada lector recala en el nivel que mejor le acomode, o en varios. Le recomendaría su lectura a todo aquel que se las haya con la tarea de biografiar a un escritor, y presienta la presencia y la insondabilidad de un alma bajo papeles y documentos, y el vértigo de las decisiones.

IV.
Traducir a James es un reto, es la dificultad de traducir lo que es difícil de decir. Así que la traducción se muestra como lo complejo al cuadrado. James, como "su discípulo" Conrad, exploraba los penumbrosos senderos de la interioridad o, si se quiere, registraba imaginativamente la sismografía de la intimidad, el vaivén de sus motivaciones y emociones. Así que enhorabuena al meritorio trabajo de José Luis Piquero, por el que volvemos a escuchar a James rumoreando sus apasionantes asuntos por los corredores del castellano. 

jueves, 3 de mayo de 2018

El mismo sitio, las mismas cosas, de Tim Gautreaux: cuatro notas de lectura



I. 
Una sorpresa, El mismo sitio, las mismas cosas, de Tim Gautreaux. De las que reverberan y te dejan mudo, a la escucha. Y a gusto. Al leer el primero de los relatos me negué a seguir con el siguiente: sabes que lo que has terminado tiene tanta sustancia como una copa de vino mimado por un sabio vinatero. Pienso ahora en "La fragancia del vaso", de Azorín. Porque es eso. Pero no estamos en el Toledo cervantino de la posada del Sevillano, en La ilustre fregona, sino en la Louisiana, en el país Cajún de raíces francesas, vecino de los mundos de Flannery O'Connor y William Faulkner, con los que la crítica no deja de emparentar a Tim Gautreaux como digno heredero.

II.
Hay un rasgo habitual en poética de Gautreaux, la aparición de un símil del narrador al cabo de una secuencia descriptiva, como la del funcionamiento de una máquina, o narrativa, como la de unas acciones a simple vista ordinarias. El símil eleva la secuencia a un plano estético y a menudo moral. Y la novedad, gusto y densidad de estos símiles revelan la sensibilidad poética del narrador (Gautreaux comenzó llamando la atención como un joven poeta). Siempre he pensado que haberse batido perseverante y honestamente con la poesía en la juventud dota al futuro narrador de unas cualidades impagables. Lo llamo "sonar bien". Y en estos relatos que tan bien suenan los símiles se prodigan con modestia pero con intención, como las intermitencias de un hilo de seda roja que entra y sale de un paño consistente. Queda inscrita una línea de trascendencia, alzada en toda su tensión y sentido por el tirón final del relato. Chapeau!

III.
La mirada del narrador es compasiva. Si Chejov a menudo presenta hombres y mujeres ordinarios en situaciones ordinarias, y nos deja en la penumbra del juicio, y sin ganas de enjuiciar; Gautreaux trae hombres y mujeres ordinarios a situaciones en algún grado excepcionales, donde tendrán que tomar una decisión que les compromete. Estados excepcionales que van en la misma verdad de la vida y que apelan a la dignidad del protagonista y a la de quienes les rodean. Así que la presencia de la comunidad es fuerte, pero bien entendida como red de relaciones interpersonales donde el sujeto va urdiendo su identidad. Una red para los momentos de libertad radical (como explica Jorge Peña Vial), de prueba y posible liberación del protagonista. Y unos momentos habitualmente configurados por la llamada del otro necesitado. Finalmente sabemos, sin penumbra, que la respuesta, la elección del protagonista ha sido buena o mala, meritoria o condenable. Pero la poética de Gautreaux, como ha aprendido en la tradición católica en la que se encuentra, condena el pecado, sin juzgar al pecador. Y correlativamente, cuando se trata de narrar el bien arduo en que se implica el personaje, Gautreaux consigue uno de esos valores tan difíciles de encontrar en la literatura actual: narrar bien el bien, verosímil, amable, cercano, sin medallas, misterioso, ordinario. Un buen narrador no hace pedagogía moral; pero no abdica de su situación libre y responsable en el mundo, de su amplia y profunda mirada, que trae a la escritura en cuanto persona, no en cuanto escritor. La honestidad es un ingrediente necesario de la verosimilitud literaria. 

IV.
Mis preferidos, "El fumigador", "Gente en la carretera vacía", "Volver" y "Merlin LeBlanc busca esposa". Relatos especialmente logrados, mundos que imantan hacia sí el mundo que traes como persona que lee. Y por mundo del relato no me refiero a los detalles físicos que construyen el espacio, por los que sentimos atravesar una calurosa plantación de fresas, o palpamos la sombra bajo un destartalado porche donde escuchamos densas palabras. No solo, ni en primer lugar. Me refiero al mundo humano, tan de allí, tan de cualquier parte. Mi mismo lugar y cosas, pero vueltas nuevas, como otro lugar, como otras cosas, por obra de una excelente escritura.

PD. La traducción, gracias a José Gabriel Rodríguez Pazos, se lee con gran deleite. Tanto que no se nota la mediación. Gran trabajo.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Ética en los conflictos de la modernidad, de Alasdair MacIntyre: cuatro notas


I. 
Acabo de leer Ética en los conflictos de la modernidad. Sobre el deseo, el razonamiento práctico y la narrativa, de Alasdair MacIntyre (Rialp, Madrid, 2017). Tres días de lectura intensa de estas 523 páginas que me han parecido apasionantes, al tiempo que muy exigentes. Con el libro lleno de papeles amarillos con anotaciones y de pegatinas de diverso color, comienza ahora el trabajo quirúrgico, la relectura selectiva, las luminosas constelaciones que cada uno trazamos en nuestro firmamento personal. 


II.
En 1994 estuve con MacIntyre en un breve seminario organizado por un grupo de teólogos y filósofos en Londres. Yo era un doctorando que andaba de profesor ayudante de español en la University of Wales. Había leído Tras la virtud, Justicia y racionalidad y Tres versiones rivales de la ética; y si había aprendido muchas cosas de aquellas lecturas, sobre todo era consciente de lo que aún tenía que aprender de aquellos textos que iba desentrañando poco a poco. Así que no iba a desperdiciar la oportunidad de conocer al autor. 

Fue en una biblioteca, entre estanterías de madera, cuando antes del coloquio me presentaron al filósofo escocés: de palabras justas, serio, educado, un fino y mesurado ironista. Durante el coloquio pude poner voz a tantos párrafos leídos, a aquellos razonamientos rigurosos, a aquellos argumentos a menudo sorprendentes por las conexiones, por la procedencia de los recursos intelectuales, por su apertura y actitud dialéctica.

Me armé de valor e hice una pregunta: por aquellos años rampaba la deconstrucción de Derrida en los estudios literarios, y aquel discurso de finitud, repetido por todas partes con machacona insistencia decretaba el fin de todas las razones por las que yo me dedicaba a la literatura. ¿Había que hacer oídos sordos entonces y seguir adelante? MacIntyre contestó -aunque ahora yo sería incapaz de recordar las palabras exactas- que había que distinguir entre la deconstrucción como filosofía antimetafísica, y la deconstrucción como método, pues sí había ideas que deconstruir. Más aún, como método servía para buscar la verdad, y nos contó que el propio Derrida en los seminarios sobre sus textos insistía en que los asistentes los leyeran bien y no se equivocasen al interpretarle. Me sirvió, mucho, para distinguir entre ideología y método: todo método procede de un humus ideológico, pero puede ser utilizado en otros contextos. Ahí estará su capacidad, en buena medida, como herramienta heurística. 

III.
En esta obra MacIntyre vuelve a poner en juego sus excepcionales dotes de filósofo, historiador y sociólogo; y en cada una de ellas ejercita su capacidad de entablar diálogo con toda corriente que le parezca que aporta algo de verdad: expresivismo, existencialismo, fenomenología, filosofía analítica, filosofía política, filosofía económica, capitalismo, marxismo... (qué interesante sería verle dialogar con Byung-Chul Han) desde su postura bien definida: neoaristotelismo tomista. Todo vertebrado sobre sobre una pregunta, o serie de preguntas que atañen al hombre común, y posteriormente al filósofo: ¿qué significa que la vida a alguien le va bien o mal? ¿en qué consiste ese ir? ¿en qué marco teórico se sitúan quienes responden a estas preguntas? ¿y quienes no las responden? ¿vivimos, los herederos de la modernidad, en un marco Moral determinado? ¿qué conflictos morales se generan ahí? ¿tiene la modernidad recursos teóricos y prácticos para resolverlos satisfactoriamente? ¿qué es ser un agente racional, y cómo se puede progresar o perder? ¿se puede buscar a realización personal en cuanto ser humano, más allá de la realización concreta posible que una cultura determinada puede ofrecer, sin salirse de la cultura que se habita y de la que se han recibido los recursos conceptuales y materiales? MacIntyre es implacable en la aplicación de su riguroso método, y la verdad es que obliga al lector a poner en juego todos sus recursos intelectuales -o a buscarlos si no los tuviese- para poder seguir la argumentación. Porque es un texto auténtica y exigentemente filosófico, si bien no académico en el sentido que ha venido a prescribir el sistema de investigación y publicación universitario.

IV.
Cuando publicó la versión original en inglés, MacIntyre tenía 87 años. Asombroso, porque sorprende la frescura intelectual y el gran vigor de esta obra en alguien de esa edad. Si Tras la virtud tuvo un papel seminal y revolucionario en la filosofía moral, e inauguró una investigación en marcha y siempre abierta, Ética de los conflictos de la modernidad es el último eslabón de esa cadena, de un metal muy bien aquilatado. En mi opinión, una cumbre de MacIntyre, especialmente atractiva por el peso que da al análisis e interpretación de vidas reales -capítulo final- desde esas preguntas por el auténtico desarrollo de la persona, donde la eudaimonía aristotélica o la beatitudo tomista entran en conflicto con la felicidad tardomoderna y señalan sus graves problemas. Obra verdaderamente reveladora, incisiva sin concesiones; y al mismo tiempo escrita desde un gran respeto y admiración por las mejores ideas y críticas de sus filosofías rivales.

De especial atractivo, ahora que estamos con el centenario de la Revolución Rusa, el análisis interpretativo-narrativo que hace de la vida y obra de Vassili Grossman (Vida y destino, Todo fluye...): aquel escritor, aquella persona que trascendió el problemático esquema moral de ser un buen soviético en tiempos de Stalin para descubrir en qué consiste ser un buen ser humano. Brisa fresca para los ámbitos estancos del determinismo cultural.

viernes, 22 de diciembre de 2017

viernes, 8 de diciembre de 2017

Interpreting our cultural and personal malaises, mis notas a The Burnout Society de Byung-Chul Han, Stanford University Press

Aquí tenéis mi reseña de The Burnout Society, de Byung-Chul Han (Stanford University Press, 2015), aparecida en el journal Church, Communication and Culture, en su último número monográfico dedicado a Dostoievsky, preparado por la profesora Federica Bergamino, de la Università della Santa Croce, Roma. Este número refiere a un congreso organizado por Bergamino en dicha universidad, cuyo libro de actas es este: Dostoevskij, abitare il mistero. Otro día comentaremos esta publicación.

Han no deja de publicar breves libros que abordan con perspicacia y razonabilidad aspectos de nuestra vida contemporánea. Desde hace un par de años, editoriales académicas norteamericanas (Stanford University Press y MIT Press) se han sumado al gran fenómeno difusivo de sus obras, comenzado en Europa y en Hispanoamérica bastantes años antes. 

En la edición de Stanford University Press aparecen contenidos inéditos en la primera versión española de Herder Editorial, que ya han sido incorporados en su segunda edición de 2017

jueves, 7 de diciembre de 2017

Grandes libros

Como si no quisiera, han pasado los días, los meses, los años en las aulas de la universidad, y como si no quisiera, conmigo entraban mis lecturas, mis fiebres, mis esperanzas. ¿Damos algo alguna vez que no sea nosotros mismos?

Recuerdo el día, aquella primera vez, en que conversamos sobre Antígona. Tuvo algo de punto de no retorno, de desvelamiento, de entrega, de comienzo de una tradición. Si no llevamos semillas en las manos, no llevamos nada; si es que no sembramos al decir, es que nada hemos dicho. 

Enmudeció todo aquella tarde, en aquel momento casi imposible de comenzar la clase a las dos de la tarde, cuando los estómagos maldicen a esta ladera de los Pirineos si en vez de fungibles se les da palabras. Los alumnos de Publicidad y yo entramos en un gran libro, y luego vino otro, y otro...

Un gran libro es una gran conversación ya iniciada desde mucho antes, una conversación que  continúa cuando retornamos al gran silencio de donde toda palabra procede. Sigo entrando en el aula en silencio. Confiado en que el gran libro volverá a susurrarme palabras antiguas y nuevas, suyas y mías. Que siga la conversación.  

domingo, 7 de mayo de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Conferencia "Un menú de clásicos para la lectura" en Librería Neblí



Este próximo sábado 22 de abril, a las 12:30 h. (que nadie venga a medianoche), dentro del programa "La noche de los libros" (ciclo de actividades organizado por la Comunidad de Madrid), daré la conferencia Un menú de clásicos para la lectura, en la Librería Neblí, C/. Serrano 80, Madrid. Si podéis pasaros, me encantará compartir ese rato con vosotros.

jueves, 16 de febrero de 2017

Mejores lectores, mejores personas, mejores familias: conferencia

Aquí se puede ver la conferencia que di en la Fundación Ibercaja. Aula en red, el 4 de octubre de 2016, sobre la lectura y la educación de los hijos. Espero que os guste.

martes, 6 de diciembre de 2016

La nada y yo

La ciudad parece dormitar todo el día. Raro día de fiesta entre semana. No se escucha apenas nada. Y es la nada que asoma ahora la patita, la nada invisible los días de la vida laboral entre los colorines y los cambios. Pero hoy esa nada se vuelve sonora sin levantar la voz, asoma la patita sin mover un músculo. 

Yo paso todo el día con la patita de la nada sobre mi hombro, con su murmullo en mis oídos. Las teclas del ordenador suenan acolchadas, las ideas fluyen, me levanto, tomo un libro, leo, resumo, pienso. Y siento como una bendición, en suaves copos de nada, descendiendo sobre mí, sobre todas las cosas. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

El experimento del Dr. Heidegger, de Nathaniel Hawthorne: cuatro notas de lectura

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I. 
Necesitaba algo breve para leer en un par de trayectos de metro. Un cuento. Revolví los anaqueles de la biblioteca, di con Wakefield y otros cuentos, de Nathaniel Hawthorne. Como se revive el aroma de una agradable infusión, recordé en un todo inmatizado mis lecturas del autor: La letra escarlata, "Wakefield", "La hija de Rapaccini", "El velo negro del ministro", quizá alguno más... 

II. 
Opera, Sol, Sevilla, Banco... discurrían el metro y las páginas de "El experimento del Dr. Heidegger": una reunión de tres hombres decrépitos y una marchita dama, convocados en la casa de un doctor amigo. Un experimento que despierta incredulidad y la llamita de una pasión dormida. Quedó suspendida la historia, había llegado al Museo del Prado y quería volver a la sala de los venecianos. Los buenos libros permiten la suspensión de la lectura sin crear ansiedad; quizás es que ya no tengo quince años; quizás el cuento de Hawthorne habla precisamente de eso. 

III. 
Contemplé Cristo dando las llaves a San Pedro, de Vincenzo Catena. La sencilla acción ocurre en presencia de las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza, Caridad, alegorizadas en tres jóvenes mujeres. El espíritu es joven, dice la representación, entre otras muchas cosas. Ahora pienso en el contraste con los tres viejos de la velada en casa del Dr. Heidegger, en algún rincón de Nueva Inglaterra. Y pienso en El retrato de Dorian Gray... 

IV. 
Cierro los ojos y recuerdo aquella tarde de verano, la sala del Dr. Heidegger, al centro la mesita de madera negra con el vaso de agua, la rosa, la luz... representados con una muda viveza que juzga frágiles las vidas de los personajes del cuento. Objetos que dicen su estoica verdad, como en una estampa de Azorín.

sábado, 1 de octubre de 2016

Mejores lectores, mejores personas, mejores familias... en Ibercaja Zaragoza

El próximo martes 4 de octubre doy una conferencia con este título, dirigida principalmente a padres y madres interesados en redescubrir el valor de la lectura para la felicidad de sus hijos y para toda la familia. Será en la sede de Ibercaja de Patio de La Infanta, C/. San Ignacio de Loyola 16, Zaragoza. A las 19 h. Todos los detalles aquí.

Si estáis por Zaragoza, tenéis hijos, os gusta leer (si se dan las tres condiciones, mejor que mejor), me encantará veros. ;)