AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

EN ESTE BLOG NO SE ACEPTAN ANÓNIMOS (YA HAY BASTANTE DESPERSONALIZACIÓN EN ESTA SOCIEDAD COMO PARA ANDARNOS CON MÁSCARAS) NI QUE SE HABLE MAL DE NADIE (SE DISTINGUE ENTRE PERSONAS -TOTALMENTE DIGNAS- E IDEAS -QUE ES LO QUE CABE CRITICAR-). GRACIAS POR SU COLABORACIÓN.

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



sábado, 6 de agosto de 2016

Después del baile, de Lev Tolstói: cuatro notas de lectura

Resultado de imagen de después del baile tolstoi



I. 
Fue en clase de Literatura y medios de comunicación: si hay que entender la relación entre las dos, será esencial tener una razonable experiencia de leer literatura; luego podremos comprender mejor por qué las tecnologías comunicativas se han enamorado siempre del arte de las palabras, incluso por qué algunas han nacido a su sombra. Podremos comprender mejor lo que ocurre cuando se funden la fuerza dialógica de la literatura con la fuerza de la tecnología. Así que todo un semestre para leer literatura de calidad, para dejarnos interpelar por ella y contestar. 

II. 
Fue en clase de Literatura y medios de comunicación: en el menú de lecturas -junto con Edipo Rey, Othello, cantos de la Divina Comedia, cuentos de Chejov, artículos de Natalia Ginzburg, reportajes de Kapuszinski, capítulo de Susanna Tamaro... entre otros- estaba el cuento de Tolstói. Nos hizo viajar hasta la Rusia de inicios del XX, a esas tertulias burgués-aristocráticas, donde un hombre de cierta edad, Iván Vasilievich recuerda su traumático episodio sentimental con Varenka. Tan lejos, y sin embargo tan cerca. El comportamiento de Iván concitó respuestas diversas en clase: tonto, extraño, superficial... Quizás se le juzgó con la expectativa de visión clara que la juventud exige a todo. A mí el testimonio de Iván me pareció complejo y tan real... como tantos momentos que no podemos comprender del todo, o solo cuando pasa el tiempo. 

III. 
Por aquellos días, en uno de los zaguanes de la parada de metro de Facultades solía tocar el violín un músico joven. Y frecuentemente coincidía mi paso con una de sus piezas en particular. Era algo tremendamente ruso, era un vals, repartido entre un tema marcial y otro lírico. A veces conseguía emocionarme y yo ralentizaba el paso para escuchar durante más tiempo; desconocía el título de la pieza y su compositor, y esto me intrigaba. Una noche, hablando entre amigos conté mis encuentros con el violinista, tarareé la melodía, como el que lanza al aire un deseo y Enrique Banús la relacionó con una melodía hispana, echó mano de internet, y aclaró la relación entre las dos, el título y el autor: Vals nº 2 de Shostakovich. 

IV.
Días después, leyendo el cuento de Tolstói, pensé: "Me resulta evidente que este vals cuenta la historia de Iván Vasilevich y su amor por Varenka". Luego, al terminar de dialogar en clase sobre el cuento, puse la música para que pudiesen escuchar mi personal asociación de literatura y música. Meses más tarde, una alumna, en su cuaderno de lecturas contaba que desde aquella clase, cada vez que pensaba en el cuento, sonaba en su cabeza el vals, como algo ya inseparable. Misterioso el arte. Misterioso como el amor de Iván, como la vida de todos.

2 comentarios:

  1. Fue en clase de Literatura y prensa periódica cuando quise que las asignaturas duraran mucho más de un cuatrimestre. Casi una vida si podía elegir.
    Luego pensé que no, que todo para que empezará debía tener un fin. Que "lo bueno si breve, dos veces bueno". O no. Quién sabe.
    Después de varias horas de clase, horas de lectura en trenes y en algún desvelo y un par de mails deduje que no era la asignatura en sí. Era quien la ejercía. Que tenía el poder de hacer lo breve excesivamente breve, las ganas en necesidad y el querer en poder.
    Y de esto me dí cuenta algo tarde, la mañana de reyes.
    Cada jueves y viernes, como todos los días anteriores en la semana, al regresar a casa me esperaban en la mesa con el plato ya frío mis padres y hermanos. Aún comemos juntos ya que nos hemos pasado muchos años sin hacerlo, ahora intentamos hacerlo, forzarnos u obligarnos. Pues yo llego la última y ante la pregunta típica de "cómo ha ido el día"suelto lo que pasó, lo qué me mantuvo despierta o dormida, me quejo de la frecuencia del cercanías o cosas livianas propias de la mesa.
    Pues la mañana de reyes, entre todo lo que no pedí pero alguien sabía que quería y me lo hizo llegar hubo un regalo de lo más especial. Era una lámina. Un folio algo más duro de lo normal con un dibujo. No lo entendía. No había visto ese dibujo en la vida. Tengo la habitación cubierta de láminas pero ninguna de ese estilo. Pensé que alguno de mis reyes magos querría hacerme llegar una y se habría liado en la elección. En la imagen aparecen dos personas. Un niño y un hombre negro gordo, que gordo no es un insulto es un adjetivo, que la imagen está en blanco y negro pero no sé porqué al verla sabes que el niño tiene rizos rubios y el negro es negro. Pero nadie me lo ha dicho, yo lo he supuesto. Lo característico de la imagen es que el adulto toca el saxo mientras el niño con uno en sus manos le mira entusiasmado. Me vinieron a la cabeza los Simpson. Perdón por la vulgaridad. Pero me recordó al capitulo de Lisa que toca el saxo con sus ídolos. Debió ser mi cara, o a saber! Pero mi padre me dijo "no sabes qué es?" A lo que le respondí "sí, un dibujo". Me dijo "sabes de quién?" Y yo le dije que no, que no había visto anteriormente aquello. Se rió bastante y después dejándome de tonta me dice "es del hombre del que tanto hablas cuando comemos. Es de tu profesor, el que tanto te gusta pero ya veo que no sabes que dibuja." No miento si digo que a primeras ni siquiera caí en qué profesor podía ser. Luego leí tu nombre. Oh dios mío cuánto me pude reír! Aquella lámina era increíble. En clase ya dijiste que tocabas el saxo incluso salió a la luz que otro compañero más lo hacía.
    Ahora tengo una lámina de mi profesor de literatura en la pared de mi habitación junto a Paula Bonet y el beso de Klimt pero eso no es todo, en la estantería espera ansioso a ser cogido 'Tan bella, tan cerca' pero deberá esperar a que termine 'La isla de Alice'.
    Hoy me metí en el campus virtual y vi como el mismo profesor me felicitaba los reyes y nos deseaba que nos trajeran aquello que necesitáramos. Creo que conmigo acertaron.

    Y esto es una forma de darte las gracias por dar la clase cómo la das y supongo que por ser cómo eres.
    Seguiré leyendo lo que compartes ya que, no tiene desperdicio y haces pensar.

    P.D: Perdón por cómo puede estar escrito esto, no controlo los blog y no sé cómo va el formato.

    Con cariño,
    Carla

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, muy bien Carla, gracias a ti. Qué gracioso lo del dibujo y el regalo de Reyes, enhorabuena por un padre tan creativo. Ese dibujo lo hice sobre un vídeo de una actuación de jazz, de la Sant Andreu Jazz Band, de Barcelona, una banda de jazz de jóvenes y niños; se lo regalé a un amigo, pero lo escaneé y debí subirlo al blog. Bueno, me alegra que te esté sirviendo tanto lo que hacemos en el aula, y muchas gracias por tu futura lectura de Tan bella, tan cerca.

      Eliminar

Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo