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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 6 de febrero de 2013

Un apunte sobre identidad narrativa e infancia

Yo solo he ido a hacer fotocopias, pero estas cosas, ya se sabe. Para que luego alguien diga que lo ideal sería tenerlo todo controlado. Y todo es todo: de un modo particular a los demás, que son los que pueden darnos sorpresas negativas. Pero yo no quería ir por ahí, ahora.

Lo que he visto es un aspecto de la identidad narrativa, porque hace dos días di una charla sobre educación estética a los padres de Primaria del colegio Turó de Tarragona, y el asunto todavía colea. Ahí va: en las sociedades y culturas muy desarrolladas, donde se tiene prácticamente todo al alcance de los deseos más inmediatos, al niño se le atrofia el sentido narrativo de la vida. Solo cuando tienes necesidades, proyectas. Eres imaginativo: fijas la meta, prevés dificultades, modos de resolverlas. El niño satisfecho es el más insatisfecho, busca lo inmediato, y el aburrimiento es su mortal enemigo: una cosa sustituye a otra, indefinidamente... No hay narración. 

En cambio, el niño que no tiene apenas medios, está condenado a la imaginación, al proyecto. Y cuando consigue una meta, busca desde esa altura otra más alta. La narración genera una escalera de narraciones, ascendente. 

El niño opulento está encerrado en el eterno retorno. El niño necesitado no deja de ascender, narrativamente.

Pues esto es lo que se me ocurría en la cola de la fotocopiadora, esta mañana. Si sirve...

4 comentarios:

  1. Sí que sirve. Y está muy bien. De hecho, uno de los elementos fundamentales de la niñez es fantasear, soñar, imaginar. Por ello la saturación material que atrofia estas capacidades no deja de ser, en el fondo, sino una privación.

    Tienes que volver a la cola de la fotocopiadora, que parece ser una fuente de inspiración.

    Un abrazo.

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  2. Muchas gracias, Rafael, me alegro de que lo veamos del mismo modo. Y me alegra mucho tu producción de historias. Un abrazo.

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  3. Querido Manuel,me encanta como escribes y estoy totalmente de acuerdo, pienso que los niños dejan de ser niños antes de aprender a serlo, no disfrutan de esa fantasía infantil, no la viven, pero quizá sea por que los adultos no les dejamos y les ponemos demasiados medios a su alcance, evitando con la abundancia que descubran e imaginen lo que pueden encontrar en lo que tengan.

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  4. Qué sorpresa, Jorge, gracias por el comentario, estoy muy de acuerdo: a veces por superproteccionismo o para que "esté tranquilo y nos deje tranquilos" se le dan al niño todo tipo de cosas inmediatas. Sí tenemos responsabilidad ahí, y sin volvernos rígidos en la educación, podemos fomentar esa sana y creativa austeridad.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo