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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



jueves, 14 de febrero de 2013

Un paso atrás, de E. García-Máiquez: cuatro notas de lectura



I.
Cuando vengo a "la escritura del yo" en mi taller les paso a los alumnos un par de textos de Enrique García-Máiquez. Nunca fallan. Miro sus rostros mientras leen en silencio la hoja: abren los ojos, se sonríen, se sorprenden, ríen... Si el yo fuera esto... fantástico.

 II.
García-Máiquez es desde hace muchos años uno de mis referentes de escritura. Los referentes son la mecedora de la abuela: está ahí. Un día alguien la mueve de sitio y notas que te baila todo bajo los pies. En la escritura sirven para asentar secretas relaciones con el lenguaje: son mediadores, a veces ni siquiera sospechados. Solo cuando viene el juicio final de algún crítico sensible -pero eso puede ocurrir tomando café- salen; y piensas: pues es verdad.

III.
En Un paso atrás el autor ha hecho una selección de artículos recientes de periódico, y uno se asombra y le da felicidad ajena y propia, de que la prensa albergue estas felicidades escritas en color carne. Sobre todo por alojar esa humanidad que es el estilo. El estilo es la persona, dice una larga tradición con la que estoy de acuerdo. A uno le gusta que fulanito sea fulanito y menganita la misma. Pero no al modo liquenoso de un menhir, sino en ese milagro de la identidad que es coincidir con uno mismo mientras se camina; y García-Maíquez pone todo su inventario -porque un poco o un mucho hay que inventarse cada día- al servicio de "serse" para que nosotros, lectores, al leer la cuartilla cotidiana de nuestra vida, podamos seguir ilusionándonos con "sernos". Una falsilla auténtica, valga el oxímoron.

IV.
Lo hondo y caviloso, lo rápido y airoso, lo cosechado al aire de un jirón de conversación y lo esculpido en el altorrelieve del texto, lo familiar, lo político, lo religioso, lo cultural, lo literario... lo bueno. Sintaxis hija de oralidad y de metro; prosa que uno querría que le vendiesen un domingo por la mañana en la pastelería de toda la vida para tomar en familia a los postres... y encarar con otro cuerpo la semana.  

2 comentarios:

  1. Es curioso... me refiero a los referentes literarios. Se vuelven, sin darse apenas uno cuenta, referentes vitales. Se convierten, sin pretenderlo, en confidentes, en amigos con los que uno necesita dialogar.

    He de reconocer que eso me sucede con García-Máiquez y que me alegro de que le suceda a otros.

    Un saludo!

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  2. Hola Raquel, sí, me parece que cuando la creación literaria es sincera, revela su carácter de propuesta para la vida práctica. Y eso conecta también con el carácter persuasivo y moral de las narraciones. En García-Máiquez se ve de un modo muy claro. Gracias por el comentario.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo