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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 27 de agosto de 2012

Solo se escribe en el margen (I)

No soy particularmente amigo de los animales. Digamos que lo nuestro es un civilizado distanciamiento, solo incumplido por algún esporádico chucho que se salta la norma, o alguna estadística paloma practicando expresionismo abstracto norteamericano en mis solapas. Salvadas estas excepciones, la relación es tan fluida como inexistente. Creo que, por mi parte, se debe a la comprobación de que el animal no escribe en el margen.

Ya lo venía sospechando: el animal no tiene márgenes. Su hipoteca bestial es irreversible; su condición vital, densa y sorda como un agujero negro cósmico. El animal cumple su papel sin dejar márgenes, su absoluta pretensión de ser él y solo él es insoportable -para quien es un quien, y sabe que ha de estar inventándose un poco todos los días-, solo sorprendentemente superada por su efectivo y detalladísimo autocumplimiento, punto por punto.

Por estar a salvo de la marginación, la contrapartida positiva es su incapacidad para la escritura, para el cuento de su prodigiosa y aterradora vida -que por otro lado disfruta a lo bestia, como no podía ser de otro modo, y de lo que me alegro-. ¿Quién aguantaría el autorrelato de un qué, la metódica e implacable escritura de un vida metódica e implacable?

(Solo añado, para terminar este primer capitulillo, que no tengo nada en contra de los animales, y que Julián Marías escribió unos párrafos deliciosos sobre la asombrosa hominización pasiva de los perros cuando conviven con las personas).




2 comentarios:

  1. El paréntesis final no te salva de este comentario: "Y vio Dios que era muy bueno".

    La naturaleza, y en particular los animales superiores, son una maravilla que, personalmente, no dejan de producirme asombro, y, antes que eso, un gozo inmenso. Un niño que se acerca a ellos sin prejuicios, descubre un mundo inmenso en su trato con los animales.

    Como cantaban Los Secretos, hay que "volver a ser un niño".

    Un abrazo osuno.

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  2. Jaja, lo tengo merecido. Yo solo quería escribir de la libertad como condición humana, reflejada en la estructura narrativa de la vida; pero sabía que el argumento animal podía no gustar. Bueno, ya ves que no tengo verdadera animadversión, aunque tampoco querencia: es solo un buen argumento para lo que quiero contar. Saludos Rafael.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo