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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 12 de octubre de 2011

Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom: cuatro notas



I. 
"¿Pero qué haces leyendo eso?", me espetaba mi yo lector de clásicos. Bueno, bueno, bueno, se nos ha puesto gallito. No voy a ser yo -el global- el que se meta con los clásicos, talaría la misma rama sobre la que estoy sentado. Pues sí, me cogí el librito y me lo leí. Y me gustó. Uno ya sabe lo que se va a comer cuando compra un dónut, una ración de paella o se pone la servilleta de lino ante un Mousse de guisantes con requesón flambeado a la luz de un par de estilizadas vela finamente estereotomizadas. El conocimiento es condición de libertad, aunque luego la libertad se pueda desperdiciar, aun a sabiendas. Pero no era este el caso.

II. 
Todos los alumnos de 2º de Bachillerato del Colegio donde trabajaba el curso pasado lo habían leído, y el sentir general -entre los que sentían algo (no es algo privativo de mi Colegio, pasa en todos)- era positivo. Estaba por casa... ¿por qué no?... Bueno, pues es un libro de autoayuda camuflado en una historia de amistad, con una estructura biográfica y un desdoble del narrador, que a veces cuenta sus encuentros con el viejo profesor como en directo; y otras se dirige al lector para contarle lo que va descubriendo para el desarrollo de su propia vida. 

III. 
"Muy americano", como se suele decir. Vivencial, directo, ágil, con enseñanza moral desde la portada  hasta la página final, sensible(ro?), final redondo, ambiente de todo lo que has visto en series norteamericanas de un hogar norteamericano, con algunos de sus personajes-iconos. Un libro de valores. Con su ramalazo panteísta hacia el final -quizás con lo único que no estoy de acuerdo en todo el libro-: debe de ser para apelar a un público cuanto más amplio mejor, que tiene su presentimiento religioso siempre latente, pero no va más allá; qué fácilmente deriva esto en un sentimentalismo espiritual de superficie. En fin.

IV. 
Bueno, sí, me gustó. Me parece que pone sobre el papel sentimientos, dilemas, problemas de hoy -y bastante de siempre-, y un puñado de actitudes, valores y virtudes de las que nadie nunca va sobrado.   

8 comentarios:

  1. Hola José Manuel, he leído este libro dos veces y también lo he recomendado en una ocasión que otra. Me podrías explicar qué quieres decir con esta frase, por favor:

    -quizás con lo único que no estoy de acuerdo en todo el libro-: debe de ser para apelar a un público cuanto más amplio mejor, que tiene su presentimiento religioso siempre latente, pero no va más allá; qué fácilmente deriva esto en un sentimentalismo espiritual de superficie".

    Muchas gracias, un beso.

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  2. Hola Lourdes, gracias por el comentario. Lo que quiero decir es que el tratamiento de la religión que hace el autor se queda en un nivel muy general, como un sentimiento, en este caso, relacionado con la naturaleza. Respeto a las personas que quieran quedarse ahí, pero opino que una religión no puede quedarse en un sentimiento de comunión con la naturaleza, por varias razones: aunque se podrían sacar conclusiones éticas, son muy indefinidas, y al final -y esto ocurre- hay quienes le ven más dignidad a una ardilla que a un ser humano. Y por mi formación, no conecto con religiones donde la divinidad es energía, o una abstracción, es decir, no personal. Si Dios no es personal y no habla claro sobre el sentido de la vida, el mal, el dolor y la muerte y la inmortalidad, entonces podemos fabricar dioses que digan lo que nos interese en cada momento.

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  3. A mí no me gustó el libro aunque admito que es posible que a muchos les pueda ayudar para ganar cierta sensibilidad perdida. Y no me gustó por ese fondo del que hablas. La conducta admirable de dicho profesor no termina de quedar suficientemente explicada. Los motivos que la sustentan no me parecen creibles.

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  4. Hola Luis, tengo que pasarme por tu blog... Entiendo tus argumentos, y algo de eso también sentí, aunque hace tiempo que lo leí. Quizás el retrato esté muy sublimado, o el escritor haya interpretado ciertas cosas a su aire... en fin.

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  5. Curiosamente sólo me quedó una impresión, la de un hombre que quiso despedirse de la vida a su manera, serenamente y con una fuerza interior donde su enfermedad hace que se debilite con "mucha paz" hasta el final de su existencia.
    Su alumno percibe claramente ese don y esa entrega de recibir a las personas con amor. Por lo tanto, creo que eso es muy digno.
    Creo que habla de un Dios contemplativo, pero a la vez de la familia, el perdón, la muerte, el mundo donde se percibe el ser como un Dios único. No tiene por qué hablar claro, ni explicar nada para convencernos de nuestras creencias cuando ya de por sí, es un personaje abierto a todo ¿no crees?.

    José Manuel, el hombre ya ha creado Dioses que digan lo que nos interese en cada momento. En este caso se trata de decir adiós a la vida y si Dios forma parte de ella, porqué no percibir que está ahí sin nombrarlo tan profundamente.
    El sentimiento espiritual de superficie me recuerda a la gran diferencia que hay entre la sensibilidad y la sensiblería, y no creo que se trate del segundo caso.

    * * *

    Luis Ballesteros, no estoy de acuerdo que para ganar cierta sensibilidad sea necesario leer este libro, dándola por perdida.
    A veces buscamos demasiadas explicaciones donde puede que sobren.


    Ha sido un placer,

    gracias.

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  6. Hola Lourdes, esa impresión de la que hablas también la tuve, y me parece que es algo bueno.
    Me parece que hablamos desde dos sensibilidades religiosas distintas, y por eso entendemos a Dios de modo diferente. Como decisión de escritura, el autor presenta a un Dios como tú dices, y está en su derecho, y hay valores que aprecio ahí. Pero, me parece, es un Dios claramente difuso en cuanto a su ser. A mí se me hace imposible comunicar, como persona, con un Dios tan borroso. A mí.
    Creo que hay que distinguir entre Dios, y nuestras percepciones subjetivas de Dios. El escritor está en su derecho a describir ese adiós a la vida tal como lo hace. Y no le voy a quitar el respeto que merece esa actitud personal. Y ya digo que el libro me gustó, pero cada uno leemos desde nuestro sentido vital.

    Gracias por el comentario.

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  7. Me gusta mucho esa aclaración que haces cuando dices "A mí".
    El libro es entretenido, es verdad que eché una lágrima que otra al final. Más que borroso, desde mi punto de vista, no ha querido entrar en profundidades.
    Estoy leyendo ahora "Caballo de Troya", como ves, voy muy por detrás tuya en lo que se refiere a formación.

    José Manuel, espero no molestar con mis comentarios; me gusta el diálogo, aunque por aquí se me hace casi imposible mi verdadera forma de comunicarme.

    Besos y buenas noches.

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  8. Gracias, Lourdes, cada uno venimos de donde venimos, en nuestras preferencias y visiones de la vida. El diálogo es necesario, así que no te preocupes. Y el blog impone unas claras restricciones comunicativas, sobre todo en cuanto a temas de fondo.
    Saludos.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo