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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 10 de octubre de 2011

Cosas que sostuve ayer

Ayer, domingo: día reservado para el descanso -sigo aquí una antiquísima y divina tradición-. Bueno, pues no sostuve ningún libro: uno se pasa la semana haciendo eso. La lectura y la escritura son inefables, pero también son mi trabajo. Así que, por la mañana sostuve el saxo tenor un buen rato: aquí no hay lenguaje verbal que valga, y por eso descansa. Y luego... retorné a un primer amor que, sin duda por bastante culpa mía, hace muchos años abandoné: mi vieja trompeta Getzen, en Sib. Así que también la sostuve, al menos una hora y pico; y poco a poco estamos retomando las relaciones, y la cosa promete. Llegué a la hora de comer contento y descansado, como se debería llegar a la comida de un domingo.

Pero he aquí que había quedado con dos amigos por la tarde. Con V no sostuve nada, o digamos que sostuvimos la amistad, que es algo que hay que sostener; y claro, eso ya no es una "cosa". Y después, había quedado con M y su retoñete de un mes y un día, J. Estuvimos paseando un tanto al margen de la procesión cívica del 9 d'Octubre, día de la Comunitat, y se dio la coyuntura de tener que reparar los bajos de J. M, que es un padre modélico, hizo la operación en un plis plas -o periquete-, mientras yo, pudorosamente, rebuscaba algo en mi agenda electrónica. Acaba la operación, y J más a gusto que un arbusto, M me preguntó si lo quería coger. De mil amores. Con la izquierda le mantenía firme la cabecita, y con la derecha lo ennidaba con toda la delicadeza de que fui capaz. Fue lo cuarto que sostuve ayer. Pero me niego a llamarlo "lo cuarto" o "la cuarta cosa": sostuve un salto cualitativo, un milagro, un prodigio... no lo sé. 

Descubrí que un domingo no llega a serlo si no terminas sosteniendo a alguien.

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