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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 21 de octubre de 2011

WIFI

La madurez, supongo, no es cuando se hacen reales tus sueños, cuando te estabilizas profesional o sentimentalmente; es cuando dominas los misterios de la informática. No me refiero a ser un programador. Me refiero a que llevo dos días y medio desroutado y sin roumbo, y que todo es arcano en los reinos de la tecla, el cableado y la inalambricidad. Incluso para el técnico, que es como la abominación de la desolación. Y entonces lo que te viene a la mente -siempre hace falta una imagen para atenuarlo estéticamente un tanto- es La balsa de la Medusa de Géricault, pero solo y mísero sobre los precarios maderos, cercado por los murallones y borrascas de la salvaje sociedad de la información 2.0.

Escribo esta entrada desde el segundo bar con WIFI al que voy en busca de redención. Que nadie me pregunte qué ocurrió en el primero: el misterio perduró hasta allí -y mira que me desagrada utilizar la palabra misterio con esta acepción negativa, con lo marceliano que soy; pero así vamos más rápido comunicándonos, ¿no?-. Bueno, por fin lo consigo -si es que yo tengo algo que ver con el resultado final-. Me gustaría creer que es mi impericia, mi temperemental mirar las copas de los árboles y las nubes, antes que el metro de suelo que voy a pisar a continuación. Si así fuera, el mundo seguiría siendo un lugar decentemente solvente, las cosas seguirían funcionando como acostumbran, y yo simplemente aceptaría con infinita gratitud que mis defectos fueran igual de sólidos y previsibles como ese mundo.

Pero siempre está la duda. Bueno, mientras canta Celine Dione -"Because you loved me"- en las altavoces del bareto y me tomo el segundo poleo, me aferro a este WIFI que hasta ahora no me ha abandonado como un Rexona caducado.

Si leéis mañana esta entrada es que todo va a mejor, en el mundo y bajo esta calva.

2 comentarios:

  1. Sí, gracias a Dios. Aunque todavía no me ha visitado la musa internética en casa. Ahora son un nómada inalámbrico. Vamos dando pasos. Saludos.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo