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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



domingo, 8 de mayo de 2011

Fenómeno dominical

Sorprendentemente, el cielo sigue ahí, tan claro. Son las ocho y media de la tarde. Una tarde de domingo, sea de invierno o primavera, suele proceder así: detiene el tiempo durante horas. Hoy parece que la gracia se ha extendido a casi todo el día. Estas prolongaciones desdibujan las fronteras. Durante la semana vamos de aquí para allá y sabemos con cuántas monedas se pasa este o aquel peaje. Quizás, lo mismo que distrae, agota. 

La tarde del domingo nos exonera de calcular. Las monedas están allí, sobre la mesilla de noche, como dormidas: una misteriosa transfiguración de la intimidad. Si se sabe mirarlas, si no se apresura uno a introducirlas en el bolsillo, en adelantar el lunes, entonces susurran esa verdad. Esa, la de los domingos por la tarde.    

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