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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 18 de mayo de 2011

La sencillez



Mi buen amigo Rafael Tomás Caldera me envió desde Caracas un par de libritos. El librito es esa obra breve en un formato pequeño, como un eco de su interior. Un librito puede rebelarse contra su diminutivo. Me gustan los que lo hacen con elegancia y discreción. Rafael había puesto a uno de ellos el título De la lectura. Del arte de escribir. Verdaderamente es elegante y discreto. Entre sus páginas encuentro la cita de un maestro común, Azorín. Es sobre la sencillez:

"Vamos a dar una fórmula de la sencillez. La sencillez, la dificilísima sencillez, es una cuestión de método. Haced lo siguiente y habréis alcanzado de un golpe el gran estilo: colocad una cosa después de otra. Nada más; eso es todo". 

Impresiona. Tan acostumbrados como estamos a tener la atención dispersa, a pasar de algo a otro algo con pasmosa facilidad, la fórmula de Azorín puede llegar a ser ininteligible. Pero colocar una cosa después de otra supone conocer muy bien cada cosa, dejarla respirar en ese sitio que le hemos asignado. Que nos obligue a verla en su gran o modesto esplendor. 

Claramente, hay muchas estéticas y uno puede hacer lo que quiera. Pero sospecho que en todas hay algo de este espíritu de sencillez en el fondo. La dificilísima sencillez.

4 comentarios:

  1. Lo que pienso cuando leo "Colocar una cosa después de la otra" es: no colocar todo junto.

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  2. Ese es uno de los significados que tiene, gracias Juan Ignacio.

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  3. Me apunto el libro: tiene buena pinta. Sí, Azorín acierta. Yo pienso que la vida de un poeta, de cualquier humano, es un esfuerzo denonado por alcanzar la sencillez. Pero, a veces, qué complicado es simplificarse.

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  4. Me apunto a ese esfuerzo, Nacho. Quizás es complicado simplificarse porque lo queremos hacer complicadamente. Gracias.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo