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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 30 de enero de 2012

Somos cuento: algo más sobre nuestra identidad narrativa



S/T JM Mora Fandos

Ahora que lo pienso, me asombra gratamente que el asunto que más salió en la conversación, durante los días de la presentación de Tan bella, tan cerca, en Sevilla, fue la identidad narrativa.

En la propia presentación, dije: "Cuando tienes más de cuarenta años y alguien te pregunta quién eres, tienes que contar un cuento. Cuando eres un quinceañero, puede bastar un haiku: no tienes apenas historia, experiencia; solo sentimientos, deseos, instantes. Pero a los cuarenta, sí tienes historia. Y esa historia ha moldeado quién eres. Ese momento vital te permite ver lo sido y proyectar todavía quién quieres ser (dentro de unas posibilidades). Lo más seguro es que el cuento de tu vida no sea del todo satisfactorio; y pensar que todavía "hay tiempo", espolea un proyecto de narración."

Dije alguna otra cosa. Como he seguido pensando algo más sobre el asunto, indico aquí algunas aclaraciones sobre lo anterior:

1. Podemos seguir proyectándonos hacia el futuro porque el hombre es una estructura abierta, que puede trascender aparentes determinismos. Una tortuga, por ser estructura cerrada, ni tiene historia ni podrá tenerla, aunque se encuentre a mitad camino de su vida biológica (no tiene otra). Precisamente vida biológica no es historia: biología no es biografía.

2. Por ser estructura abierta, el hombre puede hacer el cuento de sí mismo constantemente. Curiosamente, este cuento, esta narración siempre se escribe desde el último capítulo, desde el "ahora" que estoy viviendo. El ahora no está cerrado, por lo tanto, el "momento de narración" puede hacer que lo que se solía narrar de un modo, mi historia "oficial", pase a ser narrado de otro. 

3. Un acontecimiento vital importante generará una novedad en la narración considerada hasta ese momento "oficial": un nuevo principio narrativo que reordena la narración.

4. Es auténtico acontecimiento porque abre una posibilidad nueva de futuro. "Si el futuro puede ser de este modo nuevo que yo no esperaba, entonces este proyecto que surge ahora hace que relea el sentido de lo que ha ocurrido hasta el momento". Cosas que antes no valoraba de mi pasado, pasan a tener valor. El inicio del futuro relee y reescribe el pasado.

5. Nadie tiene asegurado el buen fin de su narración vital. Lo que aparece como acontecimiento preñado de futuro y cualidad sanadora de la historia pasada, puede o puede no ser tal. 

6. Hay acontecimientos vitales que sí tienen esa fuerza sanadora, pero hay que saber discernirlos. La historia, la filosofía, la religión, las tradiciones, las instituciones, las comunidades, el rostro del otro y del Otro son agentes, fuentes de sentido para el discernimiento. Pero, una vez más, no hay soluciones fáciles, "de manual", ¡ya!

7. El solipsismo tiene tres problemas: evita la aparición de acontecimientos (el acontecimiento es una realidad que yo "no pongo", que viene de fuera, y por eso me abre a lo otro, a una posibilidad de novedad, futuro); incluso si se diera el acontecimiento, dificulta la posibilidad de interpretarlo, de descubrir el sentido "de redención de la historia, de mi cuento" que pueda encerrar; y por último, bloquea la necesidad de pedir ayuda, de dejarse ayudar por los "agentes de sentido".

8. La escritura de los otros en mi propio cuento es clave. Piénsese en la dimensión esencial que la intertextualidad tiene en El Quijote, por ejemplo. 

9. Lo que mueve mis re-cuentos y re-escrituras es la búsqueda de la felicidad. Si esto pierde intensidad, honestidad y posibilidad de purgación de lo ya habido, la narración/vida perderá rápidamente calidad. Una novela en el proceso de su escritura alcanza momentos de disyunción: profundizar, purgar, asumir el reto de lo mejor por venir; o caer en un subgénero, amoldarse a unas reglas generales, fáciles, seguras. Como si Dostoievski, a mitad de la escritura de Crimen y castigo, hubiese decidido hundir la narración en los parámetros de una novela policíaca (quién lo hizo y a ver quién lo pilla). La vida personal sigue estas pautas, incluso de modo más dramático.

10. Mil lecturas, pero una sola vida para ser feliz, hace que nuestro proceso de leer, releer, escribir y reescribir sea algo en absoluto frívolo.

Uf, ya lo he dicho; qué a gusto me he quedado. Gracias por la paciencia de leerlo.

8 comentarios:

  1. O también valdría eso de novela en marcha, continua, casi irremediable. Es curioso, quizá (no lo sé), la diferencia entre escritores y el resto, pueda ser el concepto narrativo que le damos a la vida, que en esencia -como bien apuntas al principio- es un relato.

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  2. Novela en marcha, desde luego, eso es. No dejaremos de escribirla hasta el último momento, y en el último momento de una vida se puede reescribir todo lo anterior. El final de Ciudadano Kane lo demuestra.
    Creo que escritores y no escritores, todos tenemos esa dimensión narrativa. Hay "escritores" cuya vida está narrativamente deslavazada y carente de un sentido profundo. Y hay gente que no "escribe", pero que su vida es un esfuerzo constante por hacer un relato rico y profundo, para él o ella, y para los que están cerca.

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  3. Cuánto me habría gustado oíros, menudo tema el de la identidad narrativa, nada menos que el de la palabra y la vida. Y el de la verdad, claro, que ese es el tema al fondo, porque sin ella somos cuento pero cuento chino (con perdón de los cuentos chinos).
    Es una exposición perfecta de un tema que se las trae, permíteme sólo una pequeñísima nota al margen del punto 4. Yo diría que es auténtico acontecimiento porque vuelve del revés la mirada sobre nosotros mismos, y con ella la lectura del presente y del pasado. Y que es más bien esa relectura y reescritura del pasado la que inicia el futuro.
    Y en el 8. no sé, no sé, me quedo pensando si es la escritura de los otros o las lecturas de los otros (las lecturas que ellos hacen de nuestro cuento y las que nosotros hacemos de los suyos). Yo creo que eso no se escribe en equipo, que es la intimidad la que escribe y que no hay nada más íntimo, pero no sé si me equivoco o si estamos diciendo lo mismo.

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  4. Muchas gracias, Cristina, por tus observaciones, tan al centro de la cuestión. Yo creo que "debemos de" estar bastante de acuerdo, aunque en el blog nunca es fácil hilar fino, pero creo que sí. Con respecto al punto 4, así es: un elemento nuevo entra inesperadamente en la trama de lo que ya somos y vamos construyendo. Releer y proyectar son dos dimensiones del mismo fenómeno. ¿Qué va antes?, ahí sí que ni siquiera fuera del blog creo que yo podría concretar algo.
    Y del punto 8, quiero salvar dos cosas que, para mí, son ciertas: el sujeto es el escritor "principal" de su cuento; de otro modo, sería anular la libertad y la responsabilidad, los "derechos -y deberes- de autor", no habría literatura/vida "de calidad". Pero también me parece cierto que en nuestra escritura/vida contamos con un influjo constante de los otros, que de este modo "escriben" en nuestro texto, que hacen una lectura contemporánea a nuestra vida/escritura "in progress", y que esa lectura revierte -en la medida que queramos- en nuestro modo de escribir. Incluso, la lectura del otro puede constituirse en un auténtico acontecimiento que nos revele algo no visto en nuestro propio texto, potencialmente allí, pero oculto.
    No creo que haya que evitar como sea la presencia de los demás -sería imposible- al estilo de cierta poética romántica que quiere preservar el genio personal -en conflicto siempre con lo otro-, sino determinar el grado de esa presencia, para que sea una presencia que ayude al cuento, no lo disuelva. Me parece que sí decimos lo mismo.

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  5. Qué bonito escribe, D. José Manuel, y a una, que lleva en la sangre la palabra pero que sólo teclea, le sirven de modelo estos estilos, profundidades y plasmación plástica de ideas. Un saludo.

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  6. Me alegra que te gusten estos textos, María Luisa, y que te den ideas y sugerencias. No hay que dejar de escribir. Saludos.

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  7. Muy, muy, muy, muy interesante y acertado. Lo suscribo.
    Sólo un matiz, a los quince años sí se pueden uno definir a través de los sueños. Esos a los que un cuarentón mira para ver si se han cumplido o frustrado.

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  8. Hola Rafael, disculpa, que he andado unos días lejos de www. Me alegra que coincidamos en el maestro Marías, pues todo esto que comento, o lo he leído en él, o son derivaciones que he hecho de ese pensamiento.
    Lo de los sueños, sí, claro, como proyecto, por la esencia "futuriza". No he pensado más por esa línea, pero sí, es como dices. También es verdad que ese "moldeo" del presente a partir del futuro no es el mismo que el que ya ha asentado en la persona el pasado; pero tanto lo uno como lo otro, moldean las acciones presentes. ¡Saludos!

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo