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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



sábado, 21 de enero de 2012

Snoopy a sus sesenta: los mitos no necesitan liftings


Nunca he sido un snoopero, pero hay cosas que tampoco puedes elegir (y esto no es malo: tener que elegirlo todo, como quería J-P Sartre sería insoportable, menuda esclavitud). Hay iconos, como hay cómodas, paragüeros, que asumiste pacíficamente desde pequeño. Son parte del paisaje, y entre ese paisaje, siempre hay unos cuantos mitos. Snoopy y la panda lo fueron para mí. 

Es verdad que eran un icono muy USA, increíblemente exótico para un españolete de los 70's: a ver, si no, cómo interpretar aquellos caretos tan impolutos, bien alimentados de cereales, con dentaduras que -suponías- eran cepilladas tres veces al día. Sí, cuanto más lejano, más se asienta el mito.

Las tintas planas, las líneas negras -claras y sin pelillos- para delimitar perfiles y fronteras... siempre me hacen pensar y sentir un mundo de esencias, de claridad. Ese modo metafísico de dibujar hacía que las breves historietas de Snoopy, Carlitos & Co. dejaran como un poso de enseñanzas eternas, sobre la amistad, la diversidad de caracteres, el bien, las pequeñas decepciones, las pequeñas ilusiones...

En fin, hoy en los periódicos contaban una mentira: Snoopy "cumple" sesenta años. Desde la cima de su caseta, con su barriguilla al sol, estará sonriendo con una pizca de ironía. 

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