Director de orquesta, JM Mora Fandos
Eso que alguna vez habías pensado que podría ocurrir...
acaba ocurriendo. Leo en La Vanguardia que
la 9ª sinfonía de Mahler, interpretada por la Filarmónica de Nueva York, fue
detenida por el tono de un móvil. Un tono persistente, cuyo instrumentista
entre el público no quiso detener -seguramente por la vergüenza de que se le
identificara-. Pero es algo tan humano... sentirse y saberse pillado,
agarrotarse por los nervios, huir hacia adelante, porque parece que queda una
estrecha senda... pero que se va estrechando, más y más... hasta que el
director de la Filarmónica detiene la historia de la humanidad.
En fin. Esto me recuerda a la
eterna fábula, contada tantas veces por la literatura, el cine, sobre el poder
que se le escapa de las manos a quien lo ejerce. Sin ir más lejos, también en
el ámbito musical: recordarán el cuento del aprendiz de brujo, musicado por
Paul Dukas y encarnado por Mickey Mouse en Fantasía, al que se le multiplican
las escobas portadoras de cubos de agua...
Pues eso: esa cosita que
llevamos en el bolsillo como si nada, es una varita mágica cuyo manual de
instrucciones -como buenos españoles- no hemos leído; o digamos que hay un
manual de instrucciones ético, ese que no viene nunca con el aparatito, que uno
ha de buscar... y tampoco está en un tutorial de internet. Lo tienes o no lo
tienes, lo buscas o no lo buscas, y qué fácil es perderlo u olvidarlo... y convertirte,
sin pretenderlo, en un pequeño gran terrorista cultural.
Qué bien contado: "detiene la historia de la humanidad". Gracias.
ResponderSuprimirGracias a ti, José María. Nos vemos.
ResponderSuprimirEsta crisis no es solamente economica, sino sobre todo cultural y educativa.
ResponderSuprimirAhí, ahí, Breo... y si no se entiende esto, no se sale.
ResponderSuprimirEntiendo que alguien entre en una iglesia, una biblioteca o una conferencia y olvide desconectar el móvil. Lo que no entiende es que le suene en tres ocasiones distintas y sea incapaz de apagarlo (¡del todo, por favor!)
ResponderSuprimirCreo que tendría que replantearse la cadena perpetua para estos casos. Por supuesto, incomunicada (al menos con nuevas tecnologías).
Ja, ja, Rafael, pues sí, algo de eso habría que hacer. Supongo que la experiencia le debió dejar una marca imborrable... y en el resto de personas... confiemos, porque las cárceles ya están un tanto llenas.
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