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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 29 de marzo de 2010

Cómo leo

Al pasar el tiempo he ido aprendiendo a leer. No es algo tan sencillo como “coges un libro, lo lees, lo dejas; coges otro libro, lo lees, lo dejas; etc”, eso puede valer para la ingestión de hamburguesas, pero incluso tengo mis dudas: toda actividad humana se puede hacer con más o menos estilo, de un modo más o menos humano. Mi hermana es profesora de buenos modales en la mesa, pero no hay que ser su hermano para saber que, para muchas personas, cumplir con la etiqueta es más importante que poseer una buena formación intelectual. Bueno, en el fondo todo está conectado.

En tu vida de lector, si reflexionas un poco después de cada libro leído, no tanto sobre lo leído, sino sobre el propio ejercicio de leer, haces descubrimientos importantes.

Descubrimiento nº 17: leer con un propósito es más gratificante que sin él. Un propósito puede ser el descanso, puede ser el conocimiento, puede ser la búsqueda de un sentido para la propia vida, puede ser una solución para un problema más o menos grande, más o menos material. A estas alturas ya no puedo dudar: encuentras lo que buscas.

Descubrimiento nº 48: si no buscas nada, tu lectura es más bien pasiva, entonces eres tú el encontrado, a veces, atropellado. En la vida de relación personal he tenido encuentros fortuitos que han sido interesantes –fortuitos en su misteriosa apariencia, porque si son buenos, uno en el fondo está preparado para recibirlos- y he tenido encuentros que preferiría no haber tenido. ¿De todo se aprende? Eso es una frase muy bonita, pero se aprende si se tiene los recursos para aprender, y uno no lo tiene siempre todo.

Descubrimiento nº 75: uno no es el espíritu universal hegeliano que se despliega asumiendo toda la realidad, sino un sujeto mucho más modesto que tiene que aprender y defender lo que ha aprendido para seguir creciendo; un sujeto que pertenece a una cultura, una tradición, una familia, un barrio, unos paisajes; a unas personas, a unas relaciones bellas y valiosas de entrega y recibimiento. Y el deber de mejorar creativamente, todos esos vínculos. Volviendo al Descubrimiento nº 17, sólo leo, creativamente, lo que me ayuda a adelantar en mis propósitos vitales. Y esto hace subir la temperatura del acto de leer.

Descubrimiento nº 122: si no veo, de algún modo, el rostro de alguien a través de los renglones, alguien en quien revierta positivamente este acto de lectura, como un acto moral; si la lectura no es para ser más en unión con otros, si al final no está ese rostro que dice Lévinas que nos vuelve responsables del otro, la lectura se me vuelve un acto insolente.

Descubrimiento nº 145: no creo en la lectura solipsista, ni en los placeres privados: siempre un rostro, siempre un sentido. Cuando se olvida esto se termina diciendo, como Foucault, que nosotros no hablamos el lenguaje, sino que el lenguaje nos habla; que no hacemos las estructuras económicas, políticas, lingüísticas, sino que ellas nos hacen a nosotros de modo radical; que la persona no importa, y sí el grupo, la nación, la globalización, Internet; y así, no leemos nosotros, sino que los libros nos leen, pues es su propósito el que nos pilla a nosotros sin ningún propósito (volvamos al Descubrimiento nº 17).

Continuará.

4 comentarios:

  1. Muy interesantes los "descubrimientos", aunque yo matizaría una cosa. Si uno acude a la lectura, efectivamente, con un "propósito", es de temer que ese propósito actúe de anteojeras, limite nuestro campo de visión. El "encuentras lo que buscas" puede acabar significando "encuentras lo que tú mismo, sin darte cuenta de ello, has puesto". Yo sería partidario, creo, de una lectura menos prejuiciada, más dispuesta a acoger lo que el texto tiene para darnos aunque no entrara en nuestros "propósitos", y a enriquecernos con ello.

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  2. Muchas gracias, Marinero, por la puntualización. Así es. Yo he cargado las tintas en un aspecto, pero no quería negar los otros. El “encuentras lo que buscas” lo señalaba en el sentido de que si no buscas nada, no encuentras nada, o muy poco, no captas lo más interesante –cuántas personas abandonan una gran novela porque no tienen un sentido de búsqueda personal, de necesidad de conocimiento y comunicación-. Se me ocurre que es, de algún modo, como hacer un experimento en un laboratorio: no basta con medir, anotar, debe haber una intención que oriente la investigación. Pero leer no es un experimento de laboratorio, por lo que mi metáfora se queda en un 50% -todas las metáforas son limitadas-.
    Efectivamente, leemos desde algún sitio, buscando algo, pero: lo que buscamos en la lectura habitualmente no es algo perfectamente claro, sino algo más genérico, humano, que tiene que ver remotamente con el sentido de la vida, con la felicidad, y lo que realmente estamos buscando es una novedad que de algún modo responde a nuestra inquietud conocida, que está con nosotros, es parte de nosotros ya. Ese es el milagro de una buena lectura de un buen libro: el diálogo donde lo que ya sabemos y buscamos “se entiende” familiarmente con lo nuevo: algo nuevo responde a algo “viejo”, o lo nuevo tiene la virtud de remozar lo viejo, si lo viejo está realmente vivo y anhelante, si lo que buscamos es una necesidad genuina de conocimiento, de comunicación en lo auténticamente humano.
    Lo próximo lo escribiré en esta línea.

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  3. Gracias por las precisiones, que encuentro realmente interesantes y enriquecedoras.

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  4. De nada, me han venido muy bien tus comentarios para perfilar mejor el tema.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo