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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 22 de marzo de 2010

Identidad narrativa IV. Grandezas y miserias narrativas

I

En el IV capítulo de la Eneida se narra el desdichado caso de la reina Dido y el controvertido Eneas. Creo que allí se ejemplifican muy bien algunos rasgos de la complejidad de la narración. Digo complejidad porque implica la condición humana, con sus misterios, errores, fragilidades y visitaciones de la eternidad. Vamos, la complejidad que nos teje a todos.

Dice Paul Ricoeur que un acontecimiento es aquello que hace avanzar una trama: ha de ser algo verdaderamente importante, novedoso, un motor de acciones nuevas que algo tienen que ver con lo que se ha obrado hasta el momento, pero que no es su mera consecuencia automática. Un acontecimiento obliga a releer la trama que se ha venido configurando hasta ese instante, e insertarla en una nueva que se proyecta hacia el futuro. Un acontecimiento es un golpe de rumbo, y al mismo tiempo una clave interpretativa para leer lo anterior.

II

Cuando Dido y Eneas se dejan llevar por el amor pasional -inducida irracionalmente Dido por la artera Venus, y Eneas a su vez por Dido-, quedan en suspenso dos tramas: la del oficio de reina en Cartago, y la de la fundación del futuro reino itálico. Algunos dioses se incomodan y reclaman a Júpiter que haga algo -poniendo una metáfora de nuestros tiempos, los dioses clásicos habitan olímpicamente un spa de cinco estrellas y no llevan con mucha paciencia que les cambien el plan de actividades de esparcimiento-. Júpiter manda a Mercurio que recuerde a Eneas la trama que da sentido a su vida, la de la fundación del reino itálico. Mercurio le amonesta narrativamente al desorientado Eneas, que ha comenzado a colaborar en el fortalecimiento de la ciudad de Cartago, que ha comenzado a modificar la trama de su vida anudándola a la de Dido, encajándola -como dice MacIntyre- con la de ésta en una trama nueva y superior: náufrago-de-linaje-divino-llegado-a-Cartago-y-enzarzado-con-reina-con-expectativa-de-futuro-político-matrimonial. No: no puede cambiar el curso de la narración proyectada por los dioses. Debe volver a la narración original.

Dice Virgilio que a Eneas se le erizaron de horror los cabellos ante la presencia divina y la gravedad del mandato. Tenemos aquí un caso de fulminante conversión. Y Eneas, consciente de la narrativa de conversión en que ahora se inserta su vida, tiene que justificarse narrativamente ante Dido, explicitar que simplemente está siguiendo la narración que le imponen los dioses, a la que nunca había renunciado de un modo explícito.

Igualmente, Dido, ante el acontecimiento de la marcha de Eneas, presenta una narración de ataque a la de su ex-amante, donde relee lo que hasta ese momento estaba siendo narrado en el argumento de su propia vida: reina-viuda-abandonada-a-un-amor-pasional-con-expectativa-de-encaje-de-narración-con-la-de-náufrago-buen-partido-en-trama-superior-de-tipo-político-matrimonial. En la relectura de esta trama anterior, Dido principalmente cuenta lo que ha hecho Eneas reinterpretándolo desde la clave hermenéutica del engaño. Desde allí, en una narración que la reina continúa privadamente en su intimidad, proyecta un trágico final de la narración en un futuro próximo, que será también el fin de esa narración que ella identifica con todo el arco de su vida.

III

Yo creo que los clásicos nos ayudan a entendernos narrativamente. Sin necesidad de llegar a los excesos de Dido y Eneas, es fácil reconocer en la vida personal esa dinámica del contar y recontar, de la influencia de los condicionantes sociales y culturales, de las virtudes y los vicios en la articulación del sentido narrativo vital personal, familiar y comunitario; y la necesidad de ejercer responsablemente la libertad narrativa, por el bien de todos.

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