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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



jueves, 10 de febrero de 2011

2º día de taller: en la cocina

Estaba intrigado: ¿cómo les habría ido esta experiencia de escribir, meter en un cajón, reescribir, meter en un cajón, reescribir, meter en un cajón y reflexionar? No sale un arenque ahumado tras tanta exhumación, sino un texto muy personal, y no poco autoconocimiento: las propias carencias, el estilo, los puntos fuertes, los ecos, los hallazgos...; y esa grieta que se abre entre el texto que escribí y la persona que voy siendo, cuyas circunstancias y estados de ánimo, sabiduría y reflexiones, no serán idénticas a las de ayer. 

Pues les fue muy bien: creo que todos aprendimos de las distintas sensibilidades. Y luego, nos pusimos a acabar las chapuzas de fontanería gramatical que teníamos pendientes. Un par, la próxima semana seguimos.

Al inicio, propuse que las infusiones viniesen a la primera hora ya cumplida, para forzar un descanso (la verdad es que el tiempo se pasa ya sabéis cómo). Pero la opinión mayoritaria fue no distraerse; así que, cuanto antes. Llegaron, glup, glup.

Y luego, el apasionante mundo de los textos argumentativos. El principio, como en tantas cosas, está en los clásicos: inventio-dispositio-elocutio. Nos metimos, tomando la expresión de Daniel Cassany, en la cocina de la escritura. Un buen texto se parece a un buen plato: cuántas decisiones, ocurrencias, dibujos, esquemas, ensayos van por delante, hasta que salimos sonrientes y orgullosos asiendo la paella con las dos manos. Dejemos que el lector-no escritor la saboree con una dulce ignorancia de los trabajos y aventuras del cocinero. Este se queda con el sabor y el saber. Los clásicos aunaban los dos significados en el verbo 'sapere'. Y el que cocina, sabrosamente, lo sabe.

Para la semana que viene, un texto argumentativo, de extensión asequible. Pero con su tormenta de ideas, su árbol conceptual, su maqueta dispositiva... estamos todavía entre andamios y con el casco puesto. Y tan contentos.

4 comentarios:

  1. Si el primer miércoles me fui contenta, hoy regresé entusiasmada. No fue fácil leer en voz alta mi primer deber, pero los halagos previos sobre el acento porteño, allanaron la temblorosa vergüenza. Pude encontrar aquello a mejorar y también descubrir lo singular, que sin darme cuenta, había tejido con las palabras. Inventio!.

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  2. Gracias a ti; en cuanto a la participación, al principio siempre cuesta romper el hielo, después todo va con más naturalidad. Y desde luego, vamos aprendiendo unos de otros. Hasta el miércoles.

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  3. Para mi fue el primer día y puedo decir que fue un buen día. Tanto los alumnos que el profesor me encantaron....
    ¡ Y como describir mis impresiones cuando algunos han leido sus textos!
    Me gusta mucho, pero temo no dar la talla con el primer deber que me toca.
    Desiderio.

    Ps: miré en el blog la sección rusa y me atreveria aconsejar a su autor leer "Los niños del Arbat" de A. Ribakof.

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  4. Muchas gracias, Desiderio, yo lo pasé muy bien. No te preocupes con lo de la talla, cada uno parte de donde está, lo importante es hacer lo que se pueda. El progreso irá llegando.
    Me apunto el libro de Ribakof, no he leído nada de él. Gracias de nuevo.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo