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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 9 de febrero de 2011

El enemigo no es la gramática. Gratias tibi, Eudora!

La palabra heredada. Mis comienzos como escritora, de Eudora Welty (Ed. Montesinos, Barcelona, 1984, trad. de Miguel Martínez Lage), es uno de esos libros-viático, en los que te apoyas para hacer camino por la vida (sobre todo literaria, docente, y también la puramente personal); libros-don, de esos que sospechas que Alguien te lo ha enviado, que te hacen creer en la Providencia. 

¿Que exagero?

Ahí va un fragmento:

"Mrs. McWillie no consiguió meternos miedo con la gramática, claro está. Fue, en cambio, la primera profesora de latín que tuve, ya en el instituto, la que me hizo descubrir que estaba enamorada de la gramática. Hizo falta el latín para hacerme firmar una alianza de bona fide con las palabras y su verdadero significado. Aprender latín (una vez me hube librado de César) alimentó mi amor por las palabras, por las palabras en sus encadenamientos y modificaciones, por la hermosa, sobria acrecencia de una frase. Veía la frase por fin conseguida, exenta, real, intacta, construida para durar, como el Mississippi State Capitol, en lo alto de la calle en que vivía, edificio que por cierto podía atravesar de camino a la escuela y oír el eco de mis pasos en el suelo de mármol, bajo la cúpula de la rotonda". p. 44


Como profesor de latín, escritor, docente de escritura, obseso de la educación, me ha dado en la diana. Y está claro que el problema no es la gramática, sino nuestra capacidad para cocinar pasteles de cumpleaños con ella, o para provocar gastroenteritis anímicas. 

(Un libro que, me temo, ay, está descatalogado, no lo encuentro reeditado en ningún sitio. Habría que saquear las librerías de viejo, hasta dar con él).

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