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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 7 de febrero de 2011

Curriculo, luego existo

No he leído nada de Espido Freire, salvo este breve artículo que publicó el pasado día 4, en el diario ADN. Lo reproduzco porque todavía sigo reconfortado... y lo que me va a durar. Y luego comento.


"Me encuentro con estudiantes de secundaria con frecuencia: no pasa más de un mes sin alguna charla en institutos. Siento debilidad por esa edad, y por esas conferencias: mucho más sinceros y mucho más directos que los adultos, son generosos en sus muestras de aburrimiento y lo son en su interés. Fingen muy poco o nada en absoluto. Ni la adulación, ni el prestigio, ni la importancia de la obra salvan a los autores que no les gustan de la quema enérgica.

"Se espera que hagan preguntas, que yo suelo devolverles: ¿Y tú, qué opinas? Se sienten incómodos si tienen que argumentar. Para ellos, la vida, los gustos, incluso los personajes, continúan siendo en blanco y negro. El amor, la amistad, se construye y se destruye en un minuto. La aventura, el romance, las decisiones, han de ser instantáneos para atraerles. Eso me inquieta: la literatura, incluso en su forma de microcuentos, se opone a esa filosofía: es, en realidad, un atajo hacia la madurez y las contradicciones. A diferencia de otras disciplinas, la literatura necesita de tutores y de guías que desbrocen algunos caminos.

"Los profesores (los buenos, los interesados) repudian la instrumentalización de las clases de lengua. La literatura, por sí misma, enseña sintaxis, vocabulario, gramática. No se produce el viaje al revés. La ortografía no te ayuda a pensar (sí a que los ojos no duelan). No aporta gran cosa a la vida. Estamos perdiendo la batalla de la gramaticalidad: los pocos que luchan para no perder la de la literatura se encuentran muy solos."

El tercer párrafo ha tocado mi fibra sensible: estamos confundiendo los medios con los fines en la educación. Esto tiene que ver con nuestra inapetencia cultural a abordar lo sustancial; y complementariamente, una manía frenética por las técnicas, las "competencias", el surfing por la superficie de todas las cosas gracias a nuestras habilidades, conseguidas a lo largo de una vida de contenidos curriculares que se engarzan con los siguientes. "Curriculo, luego existo". Y no soy un enemigo ni de las técnicas ni de la formación continua -y mucho menos de los talleres de escritura-. Técnicas hacen falta para vivir. Pero las técnicas son medios. Medios para alcanzar fines que nos hagan verdaderamente felices. 

Si no reflexionamos y buscamos los auténticos fines de la vida, acabamos agotados aprendiendo a hacer cosas que principalmente tan solo nos permiten, empírica y legalmente, pasar a aprender a hacer más cosas, ganar dinero, ser bien vistos... todo lo que Aristóteles entendía como felicidades secundarias de la vida, mientras la vida buena se nos va como el agua entre las manos...  

Que yo tampoco esté totalmente libre de estas perversiones, por llevar ya muchos años respirando esta atmósfera, es un asunto que intento enderezar. Pero no quiero asfixiar a ninguno de mis alumnos.

4 comentarios:

Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo