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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 25 de junio de 2010

San Josemaría leía

Una de las influencias más marcadas en mi hábito lector ha sido San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Hay cosas que son flechazos, y no hay que darles más vueltas. A mí me ocurrió con su libro de homilías, Amigos de Dios. A mís quince años, recuerdo, me enganchaba aquel modo de escribir, claro, profundo, oral y al mismo tiempo tan conscientemente construido, aquella retórica que interpelaba de un modo humano y dialógico, sin condescendencias, elevando al lector al plano de la inteligencia y al centro del corazón.

Hablar de lo invisible y de lo difícil de ver nunca es fácil. Nuestra época prima lo confuso confusamente mostrado. Pero por lo que atañe al mundo de la intimidad, cualquier persona agradece cualquier atisbo de claridad, porque nos va mucho en ello.

Estudios como la edición crítica de Camino de Pedro Rodríguez, o La obra literaria de Josemaría Escrivá coordinada por Miguel Ángel Garrido Gallardo, han alumbrado las muchas y variadas lecturas que hizo San Josemaría. De tan gran lector, no asombra que luego salgan páginas como las que escribió.

Leyendo aquellas homilías descubrí en buena medida el mundo de la intimidad, la posibilidad de su escritura y de su lectura: de su comunicación. Y en mi vocación de lector y escritor, releo aquellas lecturas como luminosas semillas.

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