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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 7 de marzo de 2011

"Némesis", de Jo Nesbo: cuatro notas de lectura

I.
Una novela demasiado negra para mí. Lo digo ya de entrada.

II.
Leyendo a Nesbo he entendido claramente por qué se llama así, "negra", a este subgénero de la novela. Algo de esto había notado con Mankell (otro día comentamos sobre sus novelas, y las de Paasilinna: ¿qué pasa por ahí arriba?), pero con Nesbo la cosa alcanza su máximo efecto, de contraste: el mundo escandinavo siempre me ha suscitado asociaciones con el color blanco: nieve, nieve y más nieve, nieves perpetuas con esquiadores de travesía, el estado de bienestar, su renombrado sistema educativo, los fiordos, los canales de Estocolmo, sus espantos de canción en Eurovisión... todo con alguna fibra de blanco entreverada. (Será una sinestesia, una asociación cruzada de sensaciones, pero hay que ver cuánto contamos con las sinestesias para tomar decisiones). Y entre tanto blanco, una negrura espesa, de betún, sin alivio.

En Némesis toda esa blancura golpeada por un mundo moral -de acciones humanas que quieren la felicidad- negro, negro, negro. Es cierto que los escritores siempre exageran, para que se vea más claro lo que quieren contar. Aunque también es verdad que los jóvenes finlandeses, con toda su educación, se suicidan tres veces más que los españoles. Y lo de que será porque hace mucho frío y hay muy poca luz -durante unos meses-, vamos a dejarlo como argumento de tercera fila -aunque desde luego influye-.

III. 
Nesbo es un sobresaliente escritor de best seller: trama muy compleja, conocimientos especializados de diversas profesiones y ámbitos, nociones de psicología, múltiples referencias a la actual cultura globalizada de masas, diálogos ágiles, y un ritmo muy bien llevado de narración, a través de multitud de capítulos breves y bien medidos. Pero la negrura es desasosegante. La infidelidad conyugal o a la pareja es común a policías y criminales: todas las relaciones humanas están rotas o a punto de estarlo. La venganza parece un instinto social insuperable. El narrador incluso presenta al Dios cristiano como un ser al que sus seguidores piden y reservan la venganza del último día sobre sus adversarios, y parece que a ese "Dios" la cosa le va. ¿De dónde se saca esto Nesbo? Supongo que la "novela negra" necesita argumentos muy negros, hasta una teología de este tipo, para hacer creíbles las tramas que presenta. Pero gracias a Dios, las cosas no son -totalmente- así.

IV. 
En fin, no estoy para fantasías apocalípticas. Alguien dijo que más valía encender una cerilla que maldecir la oscuridad. 


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