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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 18 de marzo de 2011

Diferencia entre una buena y una mala novela, según G. K. Chesterton

Una buena novela nos dice la verdad sobre su héroe, pero una mala nos la dice sobre su autor.

Sí, supongo que un buen novelista es como esas buenas mamás que acompañan al niño a la parada del autobús del colegio: la mamá besa al niño, el niño sube, y el autobús se va. Ahora el niño hace su vida -la buena mamá no le ha puesto un móvil en la mochila, no le llamará para comprobar que todo va bien-.

En la buena novela, el héroe y el mundo son consistentes, y por eso atraen nuestras ganar de creer y atender. Es un héroe con mucha verdad, y un mundo muy verdadero; y al decir mundo, me refiero no al aluvión de detalles técnicos, informativos, con que un best-seller suele apabullar al lector. No. Me refiero al entramado complejo de relaciones humanas, bien bordado sobre un cañamazo de objetos, lugares, paisajes, instituciones bien perfilados.

Si la novela es mala, se nos impide el acceso a la compleja verdad interpersonal, y el mundo de las cosas se hipertrofia. Entonces nos quedamos sólo con la verdad de que el autor no ha sabido hacerlo, quizás por falta de pericia técnica, pero muy posiblemente por la falta de profundidad humana. 


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