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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 30 de abril de 2010

Leer lo que sea

A veces, al conversar sobre la educación en la lectura, he escuchado el siguiente argumento: “Que lean lo que sea, lo importante es que lean”. Reconozco la buena voluntad de la propuesta, pero podemos hilar más fino, y eso nos inviste de una especial responsabilidad. Leer lo que sea es como comer lo que sea, vestir lo que sea, ser lo que sea. Es un modo de devaluar la lectura, como se devalúa el comer o el vestir, y finalmente uno mismo.

Este argumento que acabo de llevar al extremo en la teoría, ya ha sido desgraciadamente puesto en práctica hasta el absurdo: puede contarse casi un lustro desde que a las empresas del calzoncillo les dio por fomentar la lectura de “lo que sea”, y lo que sea era y sigue siendo el ribete superior del gayumbo. Calzoncillo visto (ablativo absoluto), se puede leer una marca comercial, pero también da para el estribillo de una canción, o una ristra de runas élficas, o el lacónico sino de Vercingetorix al final del libro VII de la Guerra de las Galias. Menos es más. Menos humanidad es más lo que sea.   

2 comentarios:

  1. Yo, sin embargo, casi suscribiría ese "leer lo que sea". Si leen lo que sea, leerán por gusto. Y eso es básico: el gusto por la lectura. Eso es enseñar a pescar; lo otro -por ejemplo, las lecturas obligatorias- no pasa, en el mejor de los casos, de dar un pez. Leer es un placer, uno de los mayores; una vez descubierto eso, lo demás vendrá solo.

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  2. Bastante de acuerdo, Marinero. La metáfora de enseñar a pescar o dar un pez, la veo bien traída aquí. Y claramente, la obligatoriedad de las lecturas es una trampa en la que hemos caído todos; bien al contrario, la lectura no debería caracterizarse en primera instancia por su obligatoriedad, sino por otros valores. Es como si el comer, o el dormir, los viéramos en primer lugar por su obligatoriedad. Son obligatorios para vivir, pero es algo tan obvio que si lo viéramos principalmente desde ese aspecto, nos estaríamos deshumanizando. Y perderíamos el ejercicio de libertad y creatividad que funda el arte de la gastronomía, o el de una buena siesta.

    Al criticar lo que sea, critico justamente la falta de buen gusto, con sus implicaciones también éticas (hay que recordar que estoy hablando de educación). El gusto se va adquiriendo, pero no desde cualquier cosa. Hay muchos libros, muy dignos en el fondo y la forma, que hacen muy bien ese papel de acompañar en la transición del no-lector al buen lector.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo