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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 24 de mayo de 2010

A solas en la habitación

Estoy leyendo Invitación a pensar, del filósofo Jaime Nubiola. En su primer apunte, me regala esta cita de Pascal: “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse a solas en su habitación”. Gracias, Jaime.

La verdad es que me he quedado muchas veces a solas en la habitación. Espero estar acumulando puntos por estas ausencias entre lo urgente del mundo. Ausencias que son presencias invisibles, en bata y pantuflas. Presencias que apuntalan silenciosamente la vida.

Son ratos en los que no hay nada que hacer, porque todo está por hacer. Ratos de gran potencia, porque tanto es todavía posible y no hay nada definitivamente perdido; si puedo leer los pensamientos ascendentes y aromáticos del té, o sentir el tacto del papel que mi mano roza al bajar por él con una tinta ocurrente, o al menos sincera. Momentos para echarle un vistazo a lo vivido, para guiñarle un ojo a lo por vivir.

6 comentarios:

  1. Muchas veces, en silencio, a solas, escuchamos cosas que no nos gustan demasiado, o puede que así ocurra. La soledad invita a pensar y eso supone un esfuerzo al que nuestra sociedad, en general, renuncia.

    En el mundanal ruído uno se encuentra "mejor", en vez de escuchar, oye; en vez de pensar, actúa; en vez de ser crítico con los demás y con uno mismo, se deja llevar, etc.

    "¡Qué descansada vida, la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios, que en el mundo han sido." Fray Luis de León

    Yo, y me imagino que lo mismo le puede ocurrir a usted, busco cada día mi momento de soledad, aunque no sea en silencio.

    Un cordial saludo,
    Juan Pablo L. Torrillas

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  2. Totalmente de acuerdo, Juan Pablo: cuántas tentaciones de despersonalización en ese mundanal ruido. Y me alegro de que seamos más los que buscamos ese momento diario para la distancia que salva, con silencio o sin él, y que nos impulsa de nuevo al mundo, a hacerlo un poquito más humano. Muchas gracias por la visita.

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  3. Qué alegria reencontrate...
    Que buena la idea de digerir a solas lo vivido o lo que queda por vivir..., sobretodo porque las historias ya nacen como tales al contárselas uno a sí mismo, antes de que se presente la necesidad, que viene luego, de contárselas a otro.
    Y si digo contar, en lugar de recordar o revivir, como habitualmente se acostumbra, es porque, de hecho, en nuestras evocaciones solitarias existe un primer esbozo narrativo donde se contiene ya el germen esencial y común a toda invención literaria:la facultad de escoger. Es en esos momentos donde realmente surge el originario deseo de salvar de la muerte nuestras visiones más dilectas, y gracias a Dios, en este primer estadio de elaboración solitaria, la búsqueda del interlocutor no se plantea todavía como un problema, aún se está en la realidad de ese delicioso refrán , aplicable a los supervivientes de las catástrofes "Quedó uno para contarlo"...
    Hay casos extremos de personas que llegan a hablar solas, sobretodo cuando no encuentras al interlocutor esperado... No sigo
    Me alegra saber de tí .Lord Scutum

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  4. ¡Hombre, cuánto tiempo, y qué alegría! Me alegra mucho leerte tan afinado en estas cuestiones de narración e identidad. Estoy muy de acuerdo, Lord Scutum. Dice Julián Marías -si no recuerdo mal, en Antropología metafísica- que el primer interlocutor de nuestro impulso a comunicar es uno mismo. Pero, ¿no te parece que, en el fondo, es un movimiento hacia un tú lo más originario, y que por no estar siempre delante ese tú, reflexionamos, nos flexionamos sobre nosotros, como si nuestros pensamientos rebotaran en la pared de nuestra intimidad y volviesen sobre nosotros? ¿cómo lo ves? Es un asunto que me interesa mucho.
    Bueno, si estás por Sevilla, el 4 de junio estaré allí, me gustaría mucho saludarte.

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  5. Venerado morador de fondos...
    Habría que distinguir entre la narración oral y la escrita. Decía el padre Sarmiento que la elocuencia no está en el que habla, sino en el que oye...; si no precede esa función en el que oye, no hay retórica que alcance.Tiene que aparecer destinatario propicio porque nuestras cosas no se las podemos contar a cualquiera ni de cualquier manera. Sin ponerme muy espiritual, salvo un Cristo al que hablo a solas y que conoce toda mi ontología particular, es tan dificilmente hallable el amigo que quiera escuchar en un momento dado la historia que quisiera contar, como el que, en otros casos, acertara a contarnos la que necesitáramos oir, aunque ello no significa que la sed de narrar y de escuchar no existan aisladamente por el mundo.
    A veces, como me pasa ahora contigo, me sorprendo contándole a un desconocido, de quien las circunstancias han hecho amigo ocasional, historias atrasadas, apenas latentes debajo de tantos argumentos cotidianos como las enterraban, y que seguramente nunca habrían hallado liberación por la vía de la palabra si la azarosa combinación de tales circunstancias no hubieran favorecido el encuentro con esa persona para cuyos oídos la narración se produjo.Este condicionamiento en la narración escrita no se dá, evidentemente podemos inventar ese interlocutor que no aparece normalmente, de hecho, ese es el prodigio más serio que lleva a cabo un escritor cuando se pone a escribir:inventar con las palabras que dice y al mismo tiempo, los oídos que tendrían que oirlas.

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  6. Jajaja... menuda memoria tienes, Lord Scutum: morador de fondos, creo que me sigue cuadrando bien.
    Coincido con lo que comentas: al narrar "inventamos" al lector, o al escuchador -quizás no suena bien, pero creo que es muy exacto llamarle así-. Tenemos que hacernos cargo de él, y esta expresión me gusta mucho, porque habla de una responsabilidad hacia el otro. Y al mismo tiempo, la imagen ideal y prevista de escuchador o lector entrará en contraste con el escuchador real, y entonces vendrá el acontecimiento de lo no previsto, y ... podrá ser aún mejor de lo que preveíamos o no... el riesgo de las relaciones humanas. Y como bien dices, ese Cristo seguramente es el único interlocutor seguro. Aunque este asunto del diálogo divino es algo muy misterioso, que no da para tratarlo bien en un blog.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo