AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



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domingo, 23 de noviembre de 2025

Presentación de Tras la belleza. Hallazgos y meditaciones. JM Mora-Fandos

Próximamente, publicado por Ediciones More, y ¿de qué va?

… de atravesar Ítaca a pie con Odiseo para llegar a una clase de literatura, de bajar con los alumnos a los infiernos de Orfeo y transfigurarse en tórtolas, de contemplar un cordero muy especial en una caja de Zurbarán, de recordar el descubrimiento adolescente de Bach, de recorrer paisajes de Navarra hacia adentro, de encontrarse con los Maestros una fría tarde universitaria de diciembre… de escribirlo en busca de la belleza, con ella, más allá de ella... de que perdure en las palabras, como el aroma del vino en el vaso, como el sabor en el saber.

Seis breves ensayos líricos sobre belleza encontrada y vuelta a buscar en la escritura

Con un bello prólogo de Jaime Nubiola, mil gracias

Estáis invitados a la presentación el viernes 28 de noviembre a las 18:30 h. en la Librería Celama, C/. Don Ramón de la Cruz 93, Madrid

Intervendrán:
Helena Díaz Peña, Comunicadora
David Luque, Profesor de Teoría de la educación en la Universidad Complutense
Pablo Velasco Quintana, Editor de Ediciones More
José Manuel Mora-Fandos



sábado, 27 de septiembre de 2014

Notas finlandesas: I

Entre las cosas que más agradezco, está la ausencia de ruido en los espacios de convivencia. En Helsinki los Cafés son silenciosos, no hay musiquillas trepanadoras, se puede hablar; pero aún hay más: incluso se puede no hablar, y quien así ejerce no manifiesta un trauma. Todo lo contrario. No parece que se conozca por aquí el horror vacui, ni visual ni sonoro. Al principio, un meridional se pondrá en alerta, sentirá inquietud por lo que falta, invocará esa superstición del whatsapp para conjurar el peligro. Pero al fin descubrirá que la otra cara de esta ausencia es una presencia: la de sí mismo.

El Café Bulevardin kahvisaloki hace la esquina donde se encuentran la calle Bulevardi y la de Mannerheimintie. A la derecha de mi mesa, una alta ventana muestra un arce joven de Bulevardi, que esconde parcialmente al tilo de la otra acera; otra ventana, en frente a la izquierda, recorta el Svenska Teatern en una porción que me recuerda a la mía de tarta de queso y frutas del bosque -Juustokakku-: es esta rebaja de tono que se ejerce aquí en todos los colores, y de ahí la suavidad con que fluye la vida, con que acaba de llegar el otoño. Las paredes del Café son de blanco roto, roto lo justo para no perturbar la paz de nadie con estridencias lumínicas. Sin cuadros, parece que la luz y las estampas de calle son suficientes. Y en verdad lo son.

Entra en el precio reponer la taza de café en el mostrador del autoservicio, de esas jarras panzonas de vidrio que reposan sobre una base caliente. El café está rebajado de cafeína. La porción de Juustokakku también ha venido rebajándose hasta desaparecer, pero su reposición no me es lícita. Al silencio se suma el piano vertical, de un negro pulido, tan elegante. Encima del piano, un retrato en blanco y negro de tres hombres que parecen celebridades literarias, sirviéndose café. También encima, una lámpara con vástago de metal y fanal marrón oscuro. Está encendida y enciende llamitas en la superficie pulida del piano. Si ahora se levantase alguien y se sentase en el taburete del piano, acariciaría las teclas con algo de Satie, Debussy...

Se escucha hablar en finés, y también se escucha no hablar, leer el periódico, escribir, mirar por la ventana, pensar, recordar… 

sábado, 8 de junio de 2013

Primavera, jacarandas, Coltrane

Ha sido un breve paseo, pero suficiente para advertir que, sobre un cielo de vago azul blancuzco, la fronda lila de las jacarandas echa a correr hacia el corazón rojo del violeta. Y al pie de los árboles, sobre la tierra moteada de leves pétalos, casi gasas, se hace una sombra viva, tal como la dicen los impresionistas.

Mientras tanto, sonaba John Coltrane, “Blue Trane”: siempre es esa racionalidad arrebatada. Toca con el cerebro, y queda esa temperatura casi fría, si no fuera por el hallazgo constante, la novedad combinatoria, el diseño vertiginoso, que asombran una y otra vez. Cuando suelta las prodigiosas andanadas de notas, casi-notas, más que dibujadas, abocetadas, lo suficiente para saber qué quiere decir, para no estorbar la naturaleza rauda de la mente.


Qué tienen que decirse el lila de las jacarandas y las notas de Coltrane. Cada cual se aproxima quizás a su imposible: se apresuran al no-tiempo, al rojo inalcanzable en el violeta. Un misterio, pero ambos estaban juntos, allí.

viernes, 10 de mayo de 2013

Inteligencia musical, de Íñigo Pirfano: cuatro notas de lectura



I.

A medida que lo iba leyendo, pensaba: “¡Qué bien le harán estas páginas a tantos músicos, sobre todo a los jóvenes”. El músico con formación “clásica” posee grandes hábitos, sabe de grandes renuncias en medio de una sociedad que grita sin desmayo: “No renuncies a nada”. Pero a menudo la perfección formal, la alta exigencia y competitividad, las inexorables verdades del cuerpo —del que radicalmente depende su trabajo—, generan ciertos espirales obsesivos y neuróticos que dejan poco tiempo y sensatez para cualquier otra cosa que no sea la lucha acérrima por mantener la forma… y los conservatorios —como las universidades de hoy— se sitúan programáticamente a salvo de lo que podríamos llamar “formación personal del músico” (basta recordar que si algo se repite como un mantra en la pedagogía de la educación obligatoria y el Bachillerato es esta meta insuperable: “formar para el mercado laboral”; el virus está en todas partes).
En este sentido, Inteligencia musical me ha recordado a otro fantástico libro, Estética musical, de Alfonso López-Quintás: el mismo empeño en ir a lo que verdaderamente necesita un músico cuando le pide a la música, a la que le está entregando todo, que le ayude a ser mejor persona, y a ayudar a sus oyentes.


II.

Pero no es un libro “para músicos”. O no solo. Se dirige a la persona, a cualquier persona, porque hay una falla profunda entre el hombre de hoy y la música: y a esa fractura, que es la que Pirfano quiere suturar (como diría Alejandro Llano), se alude, como si fuera su remedio, en el título del libro: se trata de inteligencia cordial, y por eso está latente en estas páginas esa robusta tradición de pensamiento que en el siglo XX ha reivindicado inteligentemente el corazón, tanto frente a su olvido en la modernidad, como a su apoteosis banal en la postmodernidad —qué bueno en este sentido el capítulo “Supertramp tenía razón”—. Y esa sutura Pírfano la acomete en un ir y venir entre términos y realidades de la profesión musical, y las aspiraciones de bien, verdad y belleza de la vida cotidiana. Metáforas, comparaciones, anécdotas, bien traídas y articuladas, magníficas orientaciones de audición de piezas concretas, iluminan las dos riberas para que dejen de mirarse con extrañeza. Se han construido puentes. Pasen, pasen.


III.

En nuestros tiempos alejandrinos, saturados de voces vanas, carcajadas huecas, siempre contrasta el sotto voce de los pocos maestros; su metrónomo y su diapasón nos retraen a las sencillas verdades. Y no perdemos nada: lo sencillo es enorme; la vida, hermosura enorme y sencilla. El yo, terrible y menesteroso, anhela voces sanadoras que reconoce en la sencillez. Y aquí Pirfano nos invita a una polifonía, conjuntada con verdadero arte musical: Shakespeare, George Steiner, Oliver Sacks, John Blacking, Unamuno, Orwell, Graham Greene, Orson Welles, Verlaine, Vargas Llosa… Y Bruno Walter, Giulini, Celibidache, Von Karajan… Y las numerosas audiciones sugeridas y comentadas, como un selecto “menú” espiritual, para quien se acerca por primera vez, y para quien se encuentra desde hace tiempo en su patria: Beethoven, Schubert, Ravel, Chopin, Rachmaninov, Bach, Stravinsky, Mozart, Haendel, Mahler…


IV.

Afectividad, relación, servicio, liderazgo, simpatía, silencio… ideas desde la cordialidad, expresadas con la afabilidad y la firmeza de un director de orquesta que ha escrito un libro urgente; pensamiento para traernos de nuevo por la vía musical, una vía insustituible, a lo humano, nunca demasiado humano.