Aquí está mi breve ensayo sobre una memorable escena de Smoke, para Díselo con cine.
AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR
¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I
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miércoles, 3 de febrero de 2021
domingo, 29 de enero de 2012
Underworld, el despertar: pero qué miedo
Caminaba yo por Madrid hace nada y me encontré con un cartel de una chica con dos pistolas. "¿Pero esa no es...? Sí, sí es... qué miedo". Hace ya unos cuantos años, con unos amigos, comencé a ver Underworld. La verdad es que es difícil que me siente a ver algo así, pero la amistad -vamos a contradecir un poco a Cicerón- va más allá de coincidencias en gustos concretos -pero si además se coincide, pues oye, bien también-. Total, que comencé a ver a aquella chica que estaba en cuclillas, bajo un filtro azulado, vestida de cuero, bajo la lluvia -creo que llovía-, como rezando algo que resultaba ser una breve narración para situar al espectador. Y luego, pues comenzaron a salir hombres lobos y vampiros, y no sé si alguna loba y vampiresa -que está claro que tienen el mismo derecho a morder que el resto de los inmortales-.
Y en esas estábamos cuando van apareciendo los amigos del mordisco, y la verdad, con unas pintas de lo más humano. Ahí fue donde me invadió una curiosa sensación de miedo. Me recordó a la pura realidad: la noche poblada de gente con apariencia muy normal -incluso alguno se parecía a alguien que había visto en la cola del supermercado- pero que en el fondo tienen unas intenciones no tan normales. ¿Estaremos ya en underworld sin saberlo? ¿No escribió este guion Darwin, ya hace unos sigletes? Me levanté y me fui preocupado, y asustado.
*
A la chica de la película secuela ahora la criogenizan durante doce años y al despertar descubre que espera una cría. Mira qué curiosa etimología me he encontrado. Al menos me llevo eso.
miércoles, 27 de abril de 2011
Una lectura de Encontrarás dragones / There Be Dragons desde René Girard
Estos días ando leyendo y releyendo ¿Verdad o fe débil? Diálogo entre cristianismo y relativismo, cuyos interlocutores son René Girard y Gianni Vattimo. La verdad es que no acabo de calibrar la ingenuidad y el convencimiento con que Vattimo propone su utopía postmoderna nihilista, a partir, precisamente de unos textos de Girard que él mismo ha refutado en aspectos importantes. Vattimo mete estos textos junto con el cristianismo en su lavadora heideggeriana, y la pone a centrifugar "hasta el infinito y más allá". Ya digo que no acabo de calibrar la razonabilidad de la propuesta; pero bueno, de quien quiero hablar es de Girard.
He visto Encontrarás dragones varias veces, y su huella en mí ha hecho acorde con este repaso reciente de la teoría de Girard. En la película hay escenas que reflejan bien el proceso del deseo mimético, el sacrificio del inocente por la turba e incluso una sustitución de la víctima supuestamente culpable, por un personaje que, creyendo equivocadamente en la culpabilidad de la víctima, finalmente por amor asume esa culpabilidad como propia, sacrificándose a sí mismo, para que la víctima inicial se salve. Especifiquemos.
Manolo desea a Ildiko, pero Ildiko está enamorada de Oriol. Manolo está deslumbrado por la personalidad de Oriol, y envidioso de la mutua atracción entre Ildiko y Oriol: estructura triangular del deseo, donde Oriol se convierte en el mediador/contrincante de Manolo para conseguir a Ildiko. Esto quedará patente cuando, al requerir Manolo sexualmente a Ildiko, ésta le rechace, "porque los celos son feos", y "porque en el fondo querrías ser él" -refiriéndose a Oriol- (cito de memoria).
Manolo, como espía, consigue que el bando de los sublevados vaya masacrando el destacamento de milicianos que dirige Oriol. La masa de milicianos entra en crisis colectiva, cunde un recelo general sobre quién será el espía que les está traicionando. Manolo y dos más urden un plan para salvarse pasándose al enemigo y pacificar al mismo tiempo a la turba: eligen una víctima inocente, Ildiko, presentando pruebas falsas. La turba unánimemente decide matarla como acto de justicia (aparece un venado sacrificado colgando de unos árboles en ese preciso momento, como metáfora de lo que va a ocurrir), de modo que no se sospeche de ellos, y de paso, puesto que Manolo no puede conseguir su objeto de deseo, destruirlo y "vencer" a su adversario, Oriol.
Oriol, el anarquista, decide ser él quien la ejecute (sacrifique). Le echa en cara a Ildiko que sus besos eran "los besos de Judas" (un intertexto que orienta la interpretación del sentido de la escena, y que conecta por el tema de la redención y el cristianismo con una anterior referencia a Crimen y castigo de Dostoievsky: Oriol había dicho que fue el único libro que le gustó cuando estuvo en la cárcel). Pero en el último momento el amor es más fuerte que la venganza ante la supuesta traición, y Oriol carga con la supuesta culpa de Ildiko, autosacrificándose en su lugar, para que los milicianos se convenzan de que era él y no ella, el traidor, y la dejen marchar.
Creo que se podría continuar el análisis, porque la película da para más, pero lo dejo aquí.
Si Girard había señalado, desde la antropología, que la Pasión de Cristo es la denuncia de la maldad del mecanismo sacrificial del chivo expiatorio, inocente, así como la contención de la violencia generalizada mediante el autosacrificio por amor; en Encontrarás dragones, todo apunta a que, además de los dragones de la violencia, también encontrarás la respuesta cristiana.
El mismo Joffé, judío y agnóstico, también desde las convicciones antropológicas que subyacen a su propia experiencia humana, ha declarado por escrito lo siguiente:
"El protagonista de la película es Jesucristo. No estoy hablando en un sentido grandioso o profundamente religioso. Lo que creo es que esta película versa sobre el sufrimiento, y a Jesucristo lo encontramos en el sufrimiento. Y también en el pecado. Este es el excepcional mensaje del cristianismo. Y cualesquiera que sean mis creencias religiosas, no puedo refutar su extraordinario poder redentor y creativo".
miércoles, 16 de marzo de 2011
Encontrarás dragones / There be Dragons: cuatro notas
I.
Vas en autobús, y escuchas "Pues el otro día...". No sabes por qué, pero se te despierta la atención. Bien, sí sabemos por qué: va a comenzar una narración, y la narración es el modo más humano de comunicar y de conocer. Y en las narraciones de los demás esperamos encontrar, aun inconscientemente, algo, alguna luz para la narración en marcha que es nuestra propia vida.
II.
Hace un mes estuve en uno de los pases privados de Encontrarás dragones, en Madrid. Una narración, una buena narración, y por eso no me dejó indiferente. Hay un tema que me interesa desde hace mucho tiempo -del cual es inductor San Josemaría Escrivá- y por eso me han interesado esta película y las declaraciones de su director: la posibilidad de la santidad en medio de esta vida cotidiana.
Encontrarás dragones es cine de palabras grandes: amistad, amor, celos, venganza, reconciliación... Como hombres y mujeres, como comunidades, necesitamos narraciones de palabras grandes. Pero en la narraciones también caben las pequeñas palabras, y precisamente en la vida cotidiana son a menudo las que utilizamos. En Encontrarás dragones resuenan con fuerza las grandes, pero también las pequeñas: simpatía, serenidad, afabilidad, confianza, comunicación, silencio, oración... ¿Es posible una santidad de palabras pequeñas, cotidiana, que cuente con el peso oculto de las grandes, para no desvanecerse en la insignificancia?
Y, una pregunta que me importa tanto como esta, ¿es posible narrarla?
III.
Para la mayoría de nosotros la vida no alcanzará un sostenido tono épico; quizás sí en algunos momentos, quién sabe... pero somos humanos y como dice Eliot, "no soportamos mucha realidad", y las fibras de nuestro tejido se deshacen, y hay que remendarlas, tantas veces. Todo parece indicar que "esto" va de novela por entregas, o serie televisiva del género "Formación del personaje", con muchas referencias a otras narraciones, vitales o literarias; con mucha interpersonalidad, con mucha intertextualidad, si nos ponemos filólogos. Nunca podremos saber hasta dónde la narración personal se debe al encuentro con tantas otras.
IV.
Creo que Encontrarás dragones es gran cine -la narración te lleva suave y enérgicamente-, gran entretenimiento, pero también un valioso "entretejimiento": una luminosa narración que invita a entretejer con ella la narración de la propia vida.
lunes, 6 de septiembre de 2010
El erizo, ¿quién (se) da cuenta?
Paloma, la protagonista de El erizo, se ha autoimpuesto una tarea, dice:
"Para Tanegushi los héroes mueren escalando el Everest. Mi Everest particular es hacer una película. Una película que muestre por qué la vida es absurda, la vida de los demás y la mía".
En medio de unas vidas poco razonables, en medio de una familia poco estable, alguien se propone dar cuenta de la situación. Y eso se suele hacer a través de una narración, cinematográfica en este caso.
Da cuenta, da el cuento, da la narración quien se da cuenta: parece que la narración es la forma humana de percibir la realidad humana, y de manifestarla al otro. Toda comunidad sana, o en vías de estarlo, necesita de "dadores de cuenta", de quienes entreguen el cuento de la comunidad a la propia comunidad. Pero el contador tiene la gran responsabilidad de darse cuenta constructiva, no destructivamente. La película que iba a filmar Paloma sufre un cambio radical tras conocer la historia de amor del señor Ozu y la portera.
El temple moral de nuestros narradores no es irrelevante para la salud de nuestra sociedad.
lunes, 30 de agosto de 2010
Las horas del verano
Una de esas películas que te dejan más expectante que lo que estabas al comenzar a verla. ¿Qué ocurre? Nada. Y todo. Cine francés (Juliette Binoche, Charles Berling, película de Olivier Assayas). Una cámara muy literaria, atenta a los detalles irrelevantes (?) de lo real, como contrapuntos de peso a la trama, hasta hacerte pensar que estás viendo un trozo de vida filmada. Desde luego no es eso. Pero el guión apunta hacia ahí.
Creo que hay algo un poco tramposo siempre en este cine. Porque sí hay una postura ante la vida, aunque parezca que es sólo un espejo puesto delante. Te deja pensando, y con la retina regalada.
lunes, 19 de julio de 2010
Caballero sin espada II
“Supongo que esto sólo es otra causa perdida, Sr. Paine. Ustedes no saben nada sobre causas perdidas, pero el Sr. Paine sí: una vez dijo que eran las únicas por las que valía la pena luchar, y luchó por ellas en una ocasión, por la única razón que todo hombre debe hacerlo, y por una pura, llana y sencilla norma: ama a tu prójimo. Y en este mundo de hoy, lleno de odio, un hombre que conoce esta regla sabe una gran verdad”.
No puedo evitar la emoción cada vez que reveo Caballero sin espada. Una fábula sí, pero mucho más verdadera que las ideologías que han diezmado a Europa en el siglo XX. Las ideologías nunca se presentaron como causas perdidas, sino como el pague tres y llévese cuatro, como el todo a 100, como los créditos ninja, como el bueno, bonito y barato, como el pulpo Paul: como el atajo nunca visto antes porque no habíamos tenido gente tan lista hasta la fecha por el vecindario.
Jeff, sigue contando conmigo entre tus Boy Rangers.
viernes, 16 de julio de 2010
Caballero sin espada
“Intenta ver la vida a tu alrededor como si acabaras de salir de un túnel”, le dice el joven senador Jefferson Smith (James Stewart) a su secretaria Clarissa Saunders (Jane Arthur) en Caballero sin espada, de Frank Capra.
Parece recordar al mito cavernícola de platón, por el que la luz y la vida están afuera, mientras la duda y el tedio están entre las sombras de dentro. Pero el buen cine en la gran pantalla -incluso en el dvd familiar- con su ambiente de caverna, hace per se una relectura del mito platónico, y parece decirnos que lo visto dentro ayuda a ver mejor lo de fuera.
Salir del túnel, de la caverna, del cine, de la película, como un salir más sabios.
Por cierto, si yo fuera Ángel Gabilondo o un alto burócrata del lado oscuro de la fuerza educativa en Bruselas, convalidaría ver Caballero sin espada por el grado en filosofía y sociología en el actual sistema a la boloñesa. A veces, en dos horas bien aprovechadas se aprende más que en tres años de marear la perdiz.
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