AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



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viernes, 8 de diciembre de 2017

Interpreting our cultural and personal malaises, mis notas a The Burnout Society de Byung-Chul Han, Stanford University Press

Aquí tenéis mi reseña de The Burnout Society, de Byung-Chul Han (Stanford University Press, 2015), aparecida en el journal Church, Communication and Culture, en su último número monográfico dedicado a Dostoievsky, preparado por la profesora Federica Bergamino, de la Università della Santa Croce, Roma. Este número refiere a un congreso organizado por Bergamino en dicha universidad, cuyo libro de actas es este: Dostoevskij, abitare il mistero. Otro día comentaremos esta publicación.

Han no deja de publicar breves libros que abordan con perspicacia y razonabilidad aspectos de nuestra vida contemporánea. Desde hace un par de años, editoriales académicas norteamericanas (Stanford University Press y MIT Press) se han sumado al gran fenómeno difusivo de sus obras, comenzado en Europa y en Hispanoamérica bastantes años antes. 

En la edición de Stanford University Press aparecen contenidos inéditos en la primera versión española de Herder Editorial, que ya han sido incorporados en su segunda edición de 2017

martes, 18 de noviembre de 2014

A diestra y siniestra, de Joseph Roth: cuatro notas de lectura



I. 
Terrible como las epifanías, la excepcionalidad cuando aparece. Digo un talento excepcional. Porque hay técnicas para escribir bien, con su no poco trabajo, y sus merecidos réditos, cuique suum. Pero el talento excepcional lo atraviesa todo, como el espíritu la materia, y no sabes de dónde viene ni adónde se encamina. Pasa, y en su fulgor te deja el rostro iluminado. Terrible.

II.
Roth, una vez más, excepcional en A diestra y siniestra: son sus temas de siempre, su nostalgia austrohúngara, su ironía… pero un nuevo vuelo de su talento lo vuelve a transfigurar todo, y qué importa que te esté contando, en el fondo, otra vez la misma historia.

III.
Amplitud y densidad de observación de la vida, en todos sus registros, altillos y bodegas. Condensación y trallazo de luz en pocas palabras, donde comparece un personaje, un vicio, un error, un terror, una dificultad anímica, una felicidad intuida, un imposible de asir…

IV.
Y esa crítica inteligente y rigurosa de las mezquindades, la pintura de una decadencia social de plutocracias y arribistas; el vaciamiento del interior humano en las periferias de la acción, el programa político con colmillos, y a río revuelto, la ganancia de ideólogos y populismos de vario signo tramoyando febriles su siniestra bambalina tras los telares de la utopía. Ay.


En la bienvenida Ediciones Ulises: sensible y agradable edición facsímil. La traducción Luis López-Ballesteros fluye deliciosamente. Enhorabuena.

lunes, 16 de mayo de 2011

Sobre lo dicho por Woody Allen

Lamento ser agresivo, no es mi estilo, y sé que estoy escribiendo en caliente. Pero no me aguanto.

Leo en El Mundo de hoy (domingo) unas declaraciones de Woody Allen en el festival de cine de Cannes. El periodista le pregunta:

-¿Considera la muerte de Bin Laden un acto de venganza o de justicia?

W. A.: Prefiero no analizarlo en esos términos. Creo que la captura y muerte de Bin Laden fue algo positivo. Era un asesino, un hombre terrible. No me molesta que fuera asesinado. Podría decirse que deberían haberlo juzgado, pero también que no merecía clemencia alguna, porque asesinó a gente inocente. El mundo es mejor desde que no está.

Vaya. 
No se contradiga diciendo "Prefiero no analizarlo en esos términos (de venganza o justicia)", para inmediatamente hacerlo, dejando bien claro que le ha parecido muy bien la venganza, pues eso fue. ¿Quién es usted, Mr. Allen, para decir quién merece clemencia y quién no? Lo que ha estado haciendo Bin Laden está claro que es una atrocidad. Pero toda persona en el mundo civilizado merece un juicio. Supongo que su pensamiento progresista estará en contra de la pena de muerte, en contra del asesinato selectivo, Guantánamo y a favor del estado de derecho. Pero parece que siempre llega un momento en que hay que hacer una excepción, ¿no? Esto me recuerda a la falacia que denunciaba Orwell en Rebelión en la granja: "Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros".  

-"no merecía clemencia alguna, porque asesinó a gente inocente". Sí, qué le vamos a hacer, principalmente los asesinos en general matan gente inocente. No es un descubrimiento. Según su razonamiento podríamos vaciar las cárceles de todo el mundo en pocos días. Y la justicia sería muchísimo más rápida. La ley del Talión aún sería demasiado conservadora. Podemos desandar el camino hasta la hominización, si quiere.


-"el mundo es mejor desde que no está". Esta frase me la imagino más en la boca Schwarzenegger, después de haber acabado con el malo malísimo, y los cien que había por delante. ¿Se está poniendo a su nivel? Yo creía que usted era un intelectual de los que abominan de ese Hollywood maniqueo y violento. ¿Todavía no sabe que el asesinato de Laden ha provocado casi instantáneamente una venganza con 80 muertes en Pakistán, por un terrorista talibán suicida? ¿Qué mundo es el que es mejor desde que no está Laden? ¿el mundo norteamericano, que cuenta con altas medidas de seguridad, pero -como ya hemos visto- no es invulnerable? Parece que Pakistán, que también es "mundo", no es mejor. 

Y le recomiendo que no esté mucho más tiempo pisando la alfombra roja de Cannes, porque esto es Europa, donde los atentados islamistas son más probables. 

-"no me molesta que fuera asesinado". Quizás un picor en la pantorrilla le moleste mucho más.

Finalmente, esto recuerda mucho al chivo expiatorio de René Girard: Laden no era inocente, pero su sacrificio puede ayudar a agrupar a una nación por el instinto de venganza, agrupar por un momento a Demócratas y a Republicanos, y disimular lo que la CIA anda haciendo por el mundo. Luego se erige una mezquita en la zona cero y todos contentos.

Y sobre las dos perlas de su amigo Obama en el discurso de anuncio del asesinato:

"América puede hacer todo lo que se proponga": Todos los imperios acaban cayendo, my friend. 
"Somos una nación, bajo Dios, indivisible..." Por favor, deje a Dios tranquilo, no tiene nada que ver con todo esto.

(En fin, un desahogo. No tengo nada en contra de "los norteamericanos", tengo amigos allí a los que quiero mucho. Esto tiene que ver con ideologías y con la espiral de violencia que se crea cuando todo vale).

sábado, 19 de febrero de 2011

Cuatro notas sobre La ola, de Dennis Gansel


I
Esta semana participé en un seminario interdisciplinar en mi colegio. Versó sobre la película La ola, que ya he visto cuatro veces: me sigue pareciendo buena, y eficaz desde el punto de vista educativo. Un grupo de profesores hicimos una serie de intervenciones breves, cada uno desde su asignatura. Luego los alumnos prepararían preguntas, y finalmente habría un coloquio. Incluso invitamos a un profesor universitario de antropología para la mesa redonda final. Yo les hablé del lenguaje. 

II
Me interesa el modo en el que el lenguaje es necesario para crear un espacio. Un espacio de relaciones, existencial. De vez en cuando lees en la prensa el hallazgo de un niño en alguna jungla, criado entre lobos u orangutanes. Necesariamente, el niño no habla. Para él, el espacio vital es espacio animal, de pura supervivencia. En cambio, para alguien que habla, surge otro espacio, el antropológico. A través del lenguaje verbal se accede a la relación con la otra persona en cuanto persona. El lenguaje crea un centro, un orden, donde sólo había relaciones de instinto. 

Una de las primeras escenas de la película muestra dos jóvenes intentando hablar acodados en la barra del bar de una discoteca de adolescentes. Todo es una amalgama de ritmo contundente, oscuridad, droga, incitación sexual. No es fácil el lenguaje humano en ese contexto, verdaderamente es innecesario. Uno de los jóvenes se sorprende del mundo en el que viven: cada uno va "a su bola", busca solitariamente su placer, y si entras en internet -dice- resulta que las páginas más buscadas son las que refieren a la cantante Paris Hilton. La mención de internet no es gratuita: es el gran espacio de relación, donde no hay puntos de referencia sobre la calidad de "las cosas", donde el impacto efímero de una cantante de moda acapara la brújula del ratón de los internautas. Donde no hay centro.

III
Y luego aparece en la película ese experimento comunitario que pone en marcha el profesor, y que se le escapa de las manos. Surge un nuevo lenguaje, verbal y no verbal, que instaura un orden, un centro; y este centro encuentra un eco inesperado en los corazones de los jóvenes, que venían sufriendo -sin saberlo, la mayoría- esa ausencia de referentes morales razonables. Pero el nuevo orden, el nuevo centro, con su vistoso lenguaje, traerá también problemas, porque no reconoce la dignidad de la persona.

Mis colegas de historia, filosofía, religión, antropología, hacen sus aportaciones. Los alumnos piden el turno de palabra, preguntan, opinan con sinceridad, algunos con pasión: a todos nos quedan muy claras las conexiones del experimento comunitario con el totalitarismo, el fascismo, el comunismo... Qué fácil es pisotear la dignidad de la persona, negarle un espacio antropológico en el que desarrollarse, sea mediante el silencio o el ruido, sea mediante un lenguaje que se olvida de ella mientras ensalza al grupo, la etnia, la clase, la idea o un dios que pide sangre ...

IV
El lenguaje, un medio, no un fin.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

No les deis más libros, enseñadles a leer

"Más libros, más libres", un eslogan ilustrado con el que estoy bastante de acuerdo, pero que me recuerda a este dicho de Plinio el Joven: "Non multa, sed multum" (pero no muchos libros, sino mucho leer). Y todo esto porque, preparando una conferencia, me ha sobrevenido mi vieja  obsesión por lo del "Fomento de la lectura". ¿Cómo no me van a parecer muy bien las campañas de fomento de la lectura, y que se den subvenciones a las instituciones educativas para la compra de libros?; pero eso sigue siendo coger el rábano por las hojas: fomento sí, pero ha de comenzar en el aula.


Desgraciadamente, siguiendo el ejemplo de Platón en la República ideal, hemos expulsado las narraciones del aula: no leemos en clase, no hablamos ni escribimos sobre lo leído en clase, estamos muy ocupados viviseccionando oraciones, artículos periodísticos, enseñando y aprendiendo paradigmas, enredados en sistemas, en humo, en polvo, en sombra, en nada... La literatura, en otro sitio; las narraciones -eso con que la humanidad se ha aprendido a sí misma- lejos porque están "supuestas": el sistema educativo obliga a que los profesores supongamos que los alumnos estarán leyendo "en algún lugar", o que ya han leído, o deberían haberlo hecho, y que así ahora podemos ocuparnos de la formalidad, de la abstracción, de la raspa de la sardina, vamos. Pero sabemos que, masivamente, no leen.

Algunos profesores intentan algo, algo que supone fricción con el sistema, trabajo aparte,  quintacolumnismo, vocación. Que supone estar en Matrix, pero sin casquillos de bala ni karate; con cafeína y pupilas brillantes a la mañana siguiente. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Tienes que beber más agua

-Tienes que beber más agua.
-Vale doctor.

Pero una cosa es hidratarse y otra lo que está pasando. Y la verdad es que ya me estaba comenzando a acomplejar: ¿por qué no llevaré una botella de agua mineral de dos litros conmigo, como hace "todo el mundo"? Hay un rito de canonización mediática y social de objetos, oficiado por futbolistas. Consiste en poner el objeto sobre la mesa mientras se habla ante las cámaras. Habitualmente es una botella de agua mineral. Por este rito, la botella de agua gana una nueva naturaleza, pasa a ser símbolo, magia, talismán. Y ya es difícil no escuchar el glup, glup en cualquier lugar público. Temo que pronto alguien se dirigirá a mí así: "Eh, usted, el que no lleva botella". O peor: "Buenas tardes, ¿me deja ver su DNI, por favor? Gracias y... ¿no lleva botella? ¿no sabe que no se puede circular por la acera así, por peligro de deshidratación? 200 euros".

El otro día, en el fragor de un coloquio sobre arte contemporáneo, una asistente entre el público recurría sin pudor a su práctica hidratante echando mano de este agua milagrosa secularizada -porque el milagro que se busca es el de la eterna juventud, aunque no se sea muy consciente de ello-. Luego, al contárselo a un amigo, me entero de que hay ingresos en hospitales por hiperhidratación, y que existe la potomanía: manía de beber demasiada agua para saciar el hambre y no engordar.

Bueno, lo que apartó finalmente mi mano del objeto mágico no fue el inevitable fastidio de cargar con unos quilos de más, ni el dispendio económico de comprar una mochila en la que introducirla -convirtiéndome en un literal acueducto-, ni los casos clínicos por hiperhidratación. No, no fueron condicionantes físico-económico-hospitalarios; fueron, simplemente, estéticos. No acabo de ver claro tanto plástico conmigo. Si me imagino empinando el codo con una botella de agua mineral de dos litros en medio de un coloquio sobre arte contemporáneo, me da un ataque de vergüenza anticipado. Bueno, quizás alguien pensaría que estoy realizando una performance, o remedando la postura del Laocoonte desde un irónico guiño postmoderno. 

Una cosa no quita la otra. Hay que hacer caso al médico. El problema no es hidratarse, sino perder el buen sentido de lo humano al hacerlo. Además, la botella de agua mineral es sólo el principio: no veo lejos el momento en que llevemos también en la mochila un bote de ketchup, un tupper con escarola, cereales all-bran, té rojo y verde y camomila, un pack de servilletas de papel, gel, cubiertos de plástico, un mantel de hule, sandwichera... Echaré entonces en falta el manual de instrucciones del sentido común, que parece que es lo que estamos olvidando... ¿será por deshidratación?  


miércoles, 24 de noviembre de 2010

El misterio del suelo del parque

Una de las revoluciones silenciosas que, sin duda, provocará un inminente cambio en las conductas sociales en los países del primer mundo es la aparición de pavimentos de caucho en los parques infantiles.

No sé si recordará usted, querido lector, sus caídas del columpio en el parque. Todos hemos tenido esa experiencia de la caída: una impresión inefable acuñada en los primeros años de vida, que sella nuestro desposorio irreversible con la realidad. Más tarde, mediante la religión, la filosofía, la sabiduría popular, pudimos descubrir el sentido del trauma: de esa y de las subsecuentes caídas de todo tipo, y pudimos humanizarnos, y evitar ser un animal violento y a la fuga.

Pero, ¿qué les estará ocurriendo a esos niños y niñas que, al caer, rebotan con una carcajada? ¿qué ocultación se les hace de la primera de las grandes leyes, la de la gravedad -física y moral-? Privados de esta experiencia primigenia y fundante, ¿cómo encajarán la caída, que sin duda vendrá inapelable en algún momento, sin este primer encuentro estructurador? ¿podrán entender un 10% de alguna de las grandes obras de la literatura universal? 

No estoy en contra de intentar evitar el dolor, cuando se pueda, faltaría más. Sólo ocurre que dudo de la bondad de esa gran ola pedagógica que consiste en evitar cualquier tipo de molestia a los niños. Hay ciertos intervencionismos que se revelan totalmente antinaturales. Seguramente mi invectiva contra el pavimento de caucho no es más que una hipérbole, y las hipérboles son para diluirlas en cuatro quintos de sentido común, y entonces dan el sentido que tienen que dar. 

El dolor es un misterio, como decía Gabriel Marcel, y los misterios, misteriosamente, nos humanizan.  

lunes, 22 de noviembre de 2010

Con dos pasas

La ambigüedad es deliberada: no me refiero a las tradicionales uvas pasas, no estoy abduciendo la Navidad a este final de noviembre. "Con dos pasas" es la contraseña liberatoria que los partisanos de 4º de la ESO se susurran mutuamente para soportar el paso de los días escolares e ingresar finalmente en 1º de Bachillerato, como un paquete de SEUR que será inexorablemente entregado en la puerta de destino. 

-"Como pasas de curso con dos asignaturas suspendidas, tacha del menú el par que menos te apetezca para este curso; si de todas formas vas a pasar... 

-"Tío, pues a mí me mola poco la lengua... y las matemáticas no te digo"... Zas, zas.

"Con dos pasas" es la consigna con que el movimiento de liberación anima a sus partisanos en la lucha contra el sistema. Curiosamente, el sistema a abatir es el del centro educativo particular; mientras que el gran sistema -oh paradoja-, el Gran Sistema Educativo Ministerial (me acaba de venir a la cabeza el proyecto Gran Simio, no sé por qué) es el inductor de la consigna, el pergeñador de la gran abstracción pedagógica legitimadora. 

Entonces... los docentes somos ¡los auténticos partisanos! entre dos trincheras de fuego amigo y, más que amigo, colega del buen rollo -ya se sabe que el colega del buen rollo es el que te arroya en cuanto te des la vuelta-. Esta es la toma de conciencia a que se nos empuja: con la progresiva politización de la escuela, en medio de esa mutación a democracia partitocrática, los profesores somos "el otro" inasiminable, el enemigo necesario  -como explica Carl Schmitt en Teoría del partisanopara la dialéctica del conflicto en que se quiere convertir la educación. Pero si no quieres ser asumir el avatar de enemigo previsto en esta playstation político-pedagógica, te has de convertir en partisano, en quintacolumnista del sentido común.

Pediré una bandolera y un trabuco a los Reyes Magos. Hace falta algo más que un par de pasas para afrontar esto.  

miércoles, 6 de octubre de 2010

La conspiración de los pedagogos

Lo leí en el blog de Enrique Baltanás, donde se puede acceder a la noticia: básicamente, el derecho de huelga de los alumnos de 3º de la ESO (y cursos superiores) frente a las decisiones pedagógicas de los profesores.

Es la conspiración de los pedagogos, sigue una fórmula infalible: manténgase alejado de un niño real; enciérrese en un departamento universitario; léase las obras completas de Foucault, Deleuze, Guattari; haga escritura automática; envíeselo a su amigo el de la conserjería de educación para que aquél se sienta progresista y respaldado por la intelligentsia; sí, el 68 todavía está vivo. La torre de(l informe) Pisa seguirá cayendo perpetuamente sobre nuestras cabezas y las cabezas huecas de nuestros alumnos.

lunes, 19 de julio de 2010

Caballero sin espada II

Caballero sin espada

“Supongo que esto sólo es otra causa perdida, Sr. Paine. Ustedes no saben nada sobre causas perdidas, pero el Sr. Paine sí: una vez dijo que eran las únicas por las que valía la pena luchar, y luchó por ellas en una ocasión, por la única razón que todo hombre debe hacerlo, y por una pura, llana y sencilla norma: ama a tu prójimo. Y en este mundo de hoy, lleno de odio, un hombre que conoce esta regla sabe una gran verdad”.

No puedo evitar la emoción cada vez que reveo Caballero sin espada. Una fábula sí, pero mucho más verdadera que las ideologías que han diezmado a Europa en el siglo XX. Las ideologías nunca se presentaron como causas perdidas, sino como el pague tres y llévese cuatro, como el todo a 100, como los créditos ninja, como el bueno, bonito y barato, como el pulpo Paul: como el atajo nunca visto antes porque no habíamos tenido gente tan lista hasta la fecha por el vecindario. 

Jeff, sigue contando conmigo entre tus Boy Rangers.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Semiótica para todos V

A G. Bettetini le debo algunos de esos topes de seguridad que tiene mi sentido común. Su La conversación audiovisual, libro denso y especializado, me los proporcionó. J. Ratzinger recordaba hace ya unos cuantos años, en un extraordinario texto sobre el sentido de la belleza, aquel aforismo medieval: “la razón tiene la nariz de cera”, basta con ser un poco hábiles para dirigirla en cualquier dirección. Y en el mundo del saber y el enseñar, nunca vamos sobrados de una razonable razón cordial y sensata. Bettetini mostraba allí una nariz humanísimamente afinada. Y allí me enamoré de su concepto de “Proyecto de conversación textual”.

-¿?

-Bueno, no suena seductor, pero estamos en los reinos de la inteligencia. Con este concepto, el autor mostraba un modo de entender el juego al que se nos invita a los espectadores cuando vemos una película. El autor implícito, esa inteligencia que está en la trastienda de la película o el libro, nos propone un papel como lectores: nos ha diseñado un disfraz para entrar en esta fiesta, nos ha marcado un itinerario de acciones. Nosotros lo seguimos con fidelidad, o no: lo reconocemos, jugamos, pero actuamos críticamente con respecto a ese papel que se nos asigna.

En el libro de Bettetini está bien espolvoreada una advertencia: nuestros razonamientos semióticos, y la escritura del texto audiovisual o literario, no están al margen de una visión del hombre. Porque desde una visión u otra se escribe o se lee; se propone una imagen de lector implícito. Y hay imágenes indignas.

Yo nunca voy a una fiesta textual donde se me pro/impone un disfraz ideológico-genital. Por muchos Oscar que tenga.

lunes, 17 de mayo de 2010

Semiótica para todos III

Comunicar: hemos dado con algo esencial en la semiótica: todo que en esta cacerola se cuece es para comunicar. Quizás te hayas encontrado por ahí algunas versiones de la semiótica que, en esto de considerar la comunicación, utilizan una antropología bastante deficiente, a veces una antiantropología, donde el hombre y la mujer se pierden bajo estructuras y tormentas de arena textual. No es de extrañar, entonces, que estas semióticas hayan terminado ahuyentando posibles lectores: si rocías tu teoría con antropocidas, no te extrañes de que la gente salga corriendo o se suicide.

Pero antes de que alguien estampe en la contraportada de los libros de semiótica “Semiotizar perjudica seriamente la salud”, hay que reconocer que hay semióticas “human environment friendly”, que nos ayudan a conocer con gozo auténticamente humano cómo un texto es capaz de significar, de producir sentido y de implicarnos como lectores en él.

To be continued.

miércoles, 28 de abril de 2010

Lectura desde la sabiduría

Leo en el ABCD las artes y las letras que el profesor Harold Bloom en breve tendrá nuevo libro publicado en castellano: Ensayistas y profetas. El canon del ensayo. Bloom suele escribir polemizante, hace pensar. Cuando he pensado a su hilo, con unas cuantas cosas no he estado de acuerdo, con otras sí. Por ejemplo, aquella idea del canon literario: me parece que es un ejercicio necesario. Luego tendremos que debatir quién entraría y por qué.  

Ahora, en Ensayistas y profetas, presenta un canon de críticos. En el ABCD aparecían fragmentos, y me llamó la atención lo que comentaba de Samuel Johnson:

Johnson nos enseña que la autoridad de la crítica como género literario depende de la sabiduría del crítico como ser humano y no de la corrección, o incorrección, de alguna teoría o praxis.

Olé, Mr. Bloom. Al final, el crítico es un señor o señora que lee, y no se transforma en un buzón, no deja su humanidad en el paragüero, cuando lo hace. Uno da lo que tiene, y tiene lo que es, y es lo que hace lo que tiene por bueno ser. Se es sabio o no se es; se lleva el código de barras de una ideología o no se lleva. Y a todos nos gusta más el primer tipo de persona-lector-crítico.

Creo.

miércoles, 21 de abril de 2010

No empuje, por favor: estoy leyendo

Acabé de leer Los Buddenbrook, de Thomas Mann, y pensé: "Qué uso tan amable de la ironía". Entonces, inconscientemente se puso a vibrar la varita de zahorí, esa que busca relaciones, paralelismos, coincidencias, y me acordé de El Quijote. En ambas obras la ironía está templada por la humanidad, en ambas experimenté una gratísima sensación de habitar la digna casa de los hombres. No era la ironía que deslumbra, que fustiga y juzga bajo una sonrisa malévola, que empuja sin miramientos al lector a que se una al atropello, a las visiones maniqueas, al sarcasmo de la caricatura. 

Era la ironía que no sacrifica a nadie, y mucho menos al lector. La que respeta nuestra libertad, inteligencia y sensibilidad de lectores, nuestra dignidad personal. 

lunes, 12 de abril de 2010

Un deseo para el pacto educativo

Por lo que concierne a este blog, yo haría una propuesta para el pacto educativo: la enseñanza, de verdad, de la lectura y la escritura.

Si hay que hacer campañas de fomento de la lectura, desde fuera del aula y para fuera del aula, será que en el aula se hacen muchas cosas, pero allí no se lee o se lee poco.

Si instituciones privadas organizan cursos de escritura –y me parece muy bien: colaboro con algunas-, y los chicos y chicas con inquietudes humanas y humanísticas se acercan a ellos como a un oasis, será que en el aula no hay tiempo ni intención de que allí se escriba.

El problema de estas acciones no es que sigan la lógica del “a mayor abundamiento”, sino la lógica del “en vez de”. Si, como ya se desprende de los números inclinados del informe Pisa, y de tantos otros números, estas acciones quieren llenar un hueco, ¿qué estamos haciendo en el aula “en vez de” leer y escribir?


Si en un pacto educativo se puede tomar alguna decisión sobre directrices generales, evitemos el "en vez de" la educación. 

miércoles, 3 de marzo de 2010

La épica y nosotros

Releo un libro un libro francamente bueno, Homero, Ilíada, de Alessandro Baricco. Baricco transforma de un modo sobresaliente la épica en una novela fragmentada en las voces de sus personajes. Señala, sensatamente, que el mundo de la narración épica está lejos de nosotros. Y para justificar esta adaptación se ampara en la frase del teórico marxista Lukács: “la novela es la epopeya de un mundo abandonado por los dioses”.

Me fascinan las adaptaciones, sean en la literatura, en el cine, en la música o en la gastronomía (piénsese en la variedad de arroces que hay en mi tierra valenciana, o en las herejías que se perpetran a diario –sea en restaurantes Guía Michelín cinco bujías o en chiringuitos imposibles- contra la ortodoxia de la paella: pero en este campo, no puedo dejar de estar con los herejes, si lo que proponen está bueno), y les presto una particular atención, a su cómo, su porqué y su para qué. Y la adaptación de Baricco me gusta, aporta una sensibilidad particular a la consideración de la Ilíada, me gusta el cómo. Pero es una sensibilidad con la que no me identifico en su por qué: no me identifico con el pensamiento de Lukács, porque no acepto que el mundo haya sido abandonado por los dioses, por la religión, por Dios. Precisamente la novela puede ser el género literario de un mundo abandonado por el marxismo, o mejor, un mundo que ha abandonado al marxismo –piénsese lo que supuso el realismo socialista para la novela, lo que el marxismo en cuanto ideología ha aportado a la creación novelística-. Y Dios, que nunca se va de la historia –como sí se van las ideologías-, parece congeniar muy bien con la novela.

II

Volviendo a mi acuerdo con Baricco, es verdad que la épica está lejos de nosotros. Pero ¿tan lejos como un género literario que es incomprensible, incluso indigesto para nosotros? Esto me recuerda a los propulsores de la discontinuidad radical, ejemplificados por Foucault, y en las ciencias empíricas por Kuhn. Según este modo de pensar, lo nuestro, lo de nosotros, hombres y mujeres contemporáneos de la postmodernidad, solo es pensable en la novela, es ese género que nos encierra, determina nuestro modo de sentir y razonar. Pero la realidad desmiente esta rígida y determinista postura. Piénsese en el ingente número de lectores de obras como El señor de los anillos, y sus imitadores. Repárese en cómo las adaptaciones nunca dejan de ser adaptaciones, mientras el clásico prosigue su augusto paseo a través de los siglos. Hay una necesidad de épica, y a los necesitados no podemos negarles la condición de seres humanos, ni invisibilizarlos en las estadísticas sobre la lectura, ni decir que no cuentan para hacer un diagnóstico cultural, ni excluirlos del “nosotros” porque a alguien se le haya ocurrido un aforismo resultón.

Lo cierto es que necesitamos la épica, como necesitamos la novela, la poesía o el teatro. La diversidad de géneros refleja diversidad de dimensiones de la persona, diversidad de experiencias, anhelos, relaciones, perspectivas… Por eso no puedo dejar de replicar cuando alguien impone un determinismo, por muy bien expresado que esté. Está muy bien que Baricco relea a los personajes homéricos, haciéndoles expresar un yo a través de la primera persona, haciendo despuntar a través de destellos poéticos una subjetividad, en contraste con la exterioridad de la épica. Pero también necesitamos seguir leyendo la épica, en su ser particular, en su distancia, atreviéndonos a sentir la tensión de esa maroma que nos conecta con algo de hace 30 siglos, y que paradójicamente, sigue estando aquí, seguimos necesitando. Ahí sentimos el pulso de lo constante en la persona, y el fundamento de nuestra comunicación con los vivos y con los muertos. En parte es el esfuerzo que exige la cultura. Sin él, nos desmoronamos.

III

Leo en la Eneida esa impresionante imagen de la caída de Troya:

Entonces vi todo Ilión ardiendo en vivas llamas, y revuelta hasta sus cimientos la ciudad de Neptuno, semejante al añoso roble de las altas cumbres, cuando, serrado, ya por el pie, pugnan los labradores por derribarle a fuerza de hachazos; álzase todavía amenazante y trémula en la sacudida popa, se cimbrea en su pomposa cabellera; vencida poco a poco, al fin, con repetidos golpes, lanza un postrer gemido y se precipita, arrastrando sus ruinas por las laderas. Bajo entonces a la ciudad, y guiado por un numen, me abro paso por entre las llamas y los enemigos; delante de mí se apartan los dardos y retroceden las llamas.

Estamos en el género de las metáforas precisas y esplendentes, la sonoridad de las palabras, el vocabulario rico y visual, la adjetivación hiperbólica, enfática y superlativa, la sintaxis ritmada, los acusados contrastes, los apóstrofes y las invocaciones… En estos rasgos de la épica conectamos con lo grande, lo heroico, lo maravilloso en la vida del hombre y en el cosmos, siempre asociado a un fundamento divino; pero sería un error oponerlo a la novela, donde la libertad interior, el ansia de infinitud, la creatividad, la afirmación de lo que hace único a cada personaje, incluso el escenario de lo cotidiano e íntimo también puede ser un rasgo de la presencia de lo divino en la vida.

Nuestra riqueza como lectores, como personas, está en nuestra visión más completa –y paradójicamente siempre incompleta- de la complejidad de la vida humana, donde necesitamos todos los géneros para vivir a través de ellos inagotable profundidad y diversidad de todas nuestras dimensiones. Cualquier planteamiento determinista nos empobrece. ¡Viva la paella, viva la libertad!

domingo, 28 de febrero de 2010

“Disculpe, Sr. Mann…” Una imposible respuesta a Thomas Mann sobre Anna Karenina

Hoy a las diez de la mañana hay marea alta. Coronadas de burbujeante espuma y medusas, hijas primitivas del mar, que la gran madre-cuervo dejará abandonadas en seco y entregará a la muerte por evaporación, las aguas se adentran en la playa reducida, casi hasta mi sillón de mimbre, y… (Así comienza Thomas Mann su ensayo Anna Karenina (1939). Me he tomado la libertad literaria de acercarme al gran escritor, voy encorvado bajo el sillón de mimbre que llevo a cuestas penosamente desde el paseo marítimo de mi presente, con mis dos tomos de Anna Karenina abultando los bolsillos del abrigo, y mi cuaderno de notas entre los dientes).

-¡Uf!, Difculpe, feñor Mann. Permítame que me siente un rato con usted, a mí también me gusta el mar, y me ha gustado Anna Karenina. Aunque, he de decirle que por algunos motivos en parte diferentes a los suyos. Lo he estado pensando, y en el fondo, hacemos crítica desde supuestos diferentes. A partir de la obra usted escribe sobre Tolstoi como un genio conectado con las fuerzas primigenias de la vida, que incluso cuando despotrica contra el arte en nombre de la moral, cuando cuenta la peripecia de Anna y el progreso interior de Liovin, cuando –según usted- ahoga la sensualidad en nombre de una ascesis moral, esa ascesis no sería más que una expresión titánica del potencial hercúleo, bruto, irracional de Tolstoi el creador, y que es ese retorcimiento el que hay que admirar. Es decir, como en su opinión Tolstoi no es salvable en cuanto le da una fuerte finalidad moralizadora a la obra, usted reinterpreta, disuelve lo ético en lo estético-creativo, y así Tolstoi queda ganado para la causa. Pero a mí la causa del genio romántico, concretada en el superhombre nietzscheano, ejemplificada en Tolstoi y sacada a la luz por usted a través de un psicoanálisis de lo que Tolstoi realmente estaba haciendo al escribir Anna Karenina, no me convence. Es una opción ideológica. Pero yo no creo ni en Nietzsche, ni en Freud.

Y más allá de creencias o descreencias, lo principal es que el texto, su valor literario, se sostiene por sí mismo; y que con respecto a las ideas morales implícitas en Anna Karenina, creo que ir más allá de lo que con bastante claridad se percibe en el texto, es un viaje que se puede hacer, pero en el que no le puedo acompañar. El trabajo del narrador implícito, ese principio organizador desde dentro del texto, que ha dispuesto sus partes, su desarrollo, que ha diseñado los personajes, que administra los recursos estéticos, que presenta unos mensajes, también morales, desde instancias determinadas, ese trabajo es bastante claro para mí, como para muchísimos lectores –aunque pueda no gustar a alguien-. Creo que no deberíamos ceder a la tentación de ir a buscar al autor, psicoanalizarlo, y volver sobre la obra para leerla; ni tampoco caer en la duda filológica radical, que desestabiliza el sentido sensato y suficiente de la obra, y que en el fondo es ideología deconstruccionista.

(Una anémona ha sido escupida hasta casi nuestros pies. La mar, esa gran madre-cuervo, arroja a sus crías a la intemperie, desde sus irracionales y primigenias entrañas. Un escalofrío me sacude. Me llevo la mano al ejemplar de Anna Karenina en uno de los bolsillos, y recuerdo las últimas palabras de Anna, electrizadas de esperanza filial).