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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 7 de septiembre de 2012

Mi conversión al best-seller

Yo pensaba que nunca me ocurriría, pero sí. Aunque he de decir que ha sido una conversión serena, como la del que se convierte estoicamente al caldito de pollo al verle las orejas al pérfido colesterol.

Me horrorizaban los tochos con sobrecubiertas glasofonadas en rojo chillón, fucsia tóxico o negro macabro. Yo solo conocía los pequeños libritos, la portada áspera o casi, los márgenes generosos, la letra garamond, el ligero vaporcillo emanado de los renglones que lo enmisteriaba todo. Oh, amena conversación con los difuntos. Beatus ego!

Ha pasado el tiempo, no he tirado los pequeños libritos; pero ahora acaricio también estos formatos grandes, este papel de baratillo. No se eleva un vaho, no he de escudriñar la rosa para volver a ella una y mil veces; no hay rosa. Y las cosas dicen lo que dicen, sin susurro ni eco.

Que ya me estaba yo volviendo ligero y perfilado como humo de tratado metafísico sobre las brasas, un licenciado vidriera. Hasta que llegó el séptimo de bestsellería. 

El best-seller funciona terapéuticamente si se consume según una pauta, es un pescado azul que baja la tasa de lípidos intelectuales, deshace las placas de ideología en las arterias; pero si abusas, se te queda una cara de besugo con manía de conspiración internacional que no veas.






4 comentarios:

  1. Me gustaría proponer un juego: consistiría en recoger los tópicos (en frases, en expresiones, en caracterización de personajes...) de todo buen best-seller. A ver qué te parece éste:
    "Y gracias a su amistad con XXX, entro en el mundo del arreglo de zapatos, así que en dos meses se había convertido en el más reputado zapatero de todo el país".
    ¿Se os ocurren otros ejemplos? Escribidlos, ¡animaos!

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  2. Jaja, está muy bien. "Sacó la batidora de la funda negra. Insertó las varillas de metal en los ejes y acarició el motor. Se agolpaban muchos recuerdos en su memoria. Pero no era tiempo para la melancolía. Fijó la mirada en el brócoli y la zanahoria. Alguien iba a pagar. Y muy pronto".

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  3. Ahí va otro: "¡Déjese usted, hombre! Yo le invito. Le voy a llevar a un sitio en el que va a degustar las más sabrosas ostras de todo Madrid. Seguro que usted no las ha conocido mejores en su vida. ¡Si hasta Hemingway se las hacía llevar a Cuba!"

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  4. Sí señor, de antología. Un abrazo, Salva.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo