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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



domingo, 30 de septiembre de 2012

El personaje es el camino

Tendemos a pensar que los personajes son los personajes, y los caminos, los caminos. Pero, en realidad, en la escritura como en la vida, las cosas son más apasionantes. 

¿Por qué un personaje te dice lo que tienes que escribir? ¿Acaso no lo estás escribiendo, tú, a él? Y, sin embargo, sabes que es así, y que no puede ser de otro modo.

Un personaje es un destilado de gentes y cosas de la vida. Como la caja de Pandora, tú levantas la tapadera, y el destilado se precipita, y solo puedes ir ya detrás de él. 

Claro, un personaje no toma totalmente las riendas. Dejando aparte trastornos mentales del escritor, nunca te desplaza como persona: sigues con tu imaginación de fabulador lo que es probable en la vida de ese señor o señora, a partir de lo que ya ha dicho y hecho, incluso lo improbablemente probable: como ese familiar del que, en el fondo, te esperarías cualquier cosa, y por eso le concedes unos perfiles más inciertos. Pero los perfiles siempre están.

Las tramas, los caminos, son acciones de personajes. Las mejores novelas muestran personajes con la suficiente profundidad como para hacer rodar tramas humanamente interesantes.

Supongo que el poco interés, o el interés poco humano, de algunas novelas procede de esa ausencia de personajes suficientemente humanos. El interés humano no procede de indagar en patologías o en comportamientos estridentes, porque no creo que en esos extremos esté la verdad de la persona. El interés humano viene, en mi opinión, de abordar lo que ocurre cuando el personaje encuentra un conflicto al intentar ir hacia la verdad, no al evadirse de ella, por muy exótica y excitante que sea la evasión.

Pero, ¿no es verdad que el personaje se hace con sus acciones?



¿Y que cuando una persona entra en la vida, o un personaje en la narración, entra en una trama rica que ya existía, y que contribuye con sus propias acciones al desarrollo o al deterioro de esa trama?

También

¿Serán el personaje y la trama dos caras de una única moneda? ¿Será imposible delimitar qué es antes?

Enojoso dilema, y con todo, pienso que el personaje tiene el misterioso privilegio del antes.

Misteriosa y paradójicamente, esto se mide en dolor. No sufren las acciones, sufren las personas, y lo muestran ficticiamente los personajes. Es el escándalo del dolor en la vida real lo que pone en marcha el auxilio de la narración.

El personaje doliente es el camino de la narración.


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