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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



domingo, 10 de julio de 2011

El cerebro de Kennedy, de H. Mankell: cuatro notas



I. "Oscuro, oscuro, oscuro, todo se adentra en lo oscuro", así comienza una de las secciones de East Coker, el segundo de los Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot; y así parece terminar El cerebro de Kennedy, de H. Mankell. Cuando has leído ya unas cuantas de Mankell, te sobreviene esa doble sensación de encontrarte a gusto en casa con sus tics y maneras, y de cierto déjà vu que estimula la previsibilidad. Y, en fin, como es habitual, la novela termina con ese tono negro existencial, con algún tornasol de gris marengo.

II. Aquí había algo de ese gris: la incipiente reconciliación de Louise y Aron, y la relación filial de Louise con su padre. En algunos momentos me ha emocionado. Pero la novela negra es la novela negra. Me he acordado del dicho de Kant, pero traducido a un lenguaje de tinieblas: "Dos cosas llenan mi ánimo de estupor, siempre nuevo y creciente: el capitalismo salvaje sobre mí, y una inerradicable debilidad moral en mí". Porque eso es lo que Mankell viene mostrando desde hace tiempo, sobre todo -pero no solo- en las novelas sin inspector Wallander.

III. Dinero, poder, grandes corporaciones, Estados, laboratorios famacéuticos, que sobrevuelan invisibles, incidiendo en la vida de las personas particulares. Y hombres y mujeres concretos con pocos asideros morales y espirituales que son crujidos por los engranajes del poder. Casi siempre, lo que les mantiene es el sentido del deber profesional, un difuso sentido del bien y una repugnancia hacia lo extremadamente horroroso; y en el otro platillo de la balanza, un desorden afectivo y una falta de arraigo en tradiciones, familia, grupo, muy considerable. El alcoholismo persistente, la sexualidad "aqui te pillo, aquí te mato", y la sombra alargada del suicidio como un asiduo compañero de viaje, no pueden presagiar más que tragedia. La trama vuelve a ser barroca -sello Mankell-, las coincidencias y facilidades, lo habitual en el género, la sordidez moral narrada con perfil bajo y algunas estridencias, reaparecen. 

IV. Esta vez, Mankell aborda el tema de la experimentación con personas desahuciadas portadoras del VIH en países especialmente pobres de África -Mozambique-, para hallar una vacuna contra el sida. Inaceptable, ¿verdad? ¿Por qué? ¿Por qué se indigna el escritor y el lector al que va dirigido el libro? Por un principio moral no declarado en la narración, pero constante en ella, y que ha sido violado: la persona no es una cosa. tiene una dignidad intrínseca. Contra lo que se está argumentando en la novela es la teoría del "proporcionalismo ético" -también llamado consecuencialismo-: no cuenta el mal intrínseco de la acción, sino si sus resultados, consecuencias, bienes producidos, serán proporcionales al mal que se hace. Si lo son, la acción será buena. Si hay que sacrificar a alguien por el bien de toda la comunidad, se le sacrifica. 

Bien, Mankell, bien, vamos progresando.

4 comentarios:

  1. He leído tres de Mankel. Estupendas, más que policiacas. Porque saber al final, después de 4o0 páginas, que el asesino era Bautista y no su primo, a mí no me interesa. Pero sí la crítica social y existencial (que hay en Mankel). Dices que va progesando y me anima a leerlo. Muchas gracias

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  2. Lo de Bautista me ha encantado, Nacho. Estoy muy de acuerdo. Gracias a ti. Veo que te gustó La nieta del señor Lihn, es buena, ¿eh?

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  3. Pues yo estoy admirado de la maestría de Mankell, de su imaginación, de su recreación del mundo adolescente en "Viaje al fin del mundo". Superada en parte la lectura de sus novelas policíacas me encanta esa otra faceta del escritor sueco en otras novelas como "El Secreto del fuego" de ambiente africano, y esta misma.

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  4. Me abres otro mundo, Luis, entraré sin duda en él. Por cierto, he leído una entrevista que le hacen, y al leer lo que cuenta de su vida, te explicas muchas cosas de sus novelas negras.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo