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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



viernes, 4 de mayo de 2012

Un nuevo taller de escritura personal



(Dos tallos, JM Mora Fandos)

Cuando José Luis Rodríguez-Núñez, del Bibliocafé, me propuso impartir un taller de escritura, hace un año y algo, me invadió una sensación contradictoria. Le agradecí la propuesta, me apetecía… y me ahogaba. Disfruto escribiendo, pero no he escrito una novela. Los talleres de escritura acostumbran a titularse “de escritura creativa”, y habitualmente aspiran a enseñar la técnica de la novela. Yo no había escrito ninguna, no veía claro enseñar a golpe de manual algo de lo que no tengo experiencia. Al mismo tiempo he abejado flores muy diversas: poesía, relato, textos académicos, traducción, ensayo, tesis doctoral… la escritura me ha dejado algunas muescas, y cuando me miro en el espejo no puedo dejar de verlas y reconocerme en esas cicatrices. Son algo de mí… soy algo de ella.

Un conflicto por resolver, pero uno de esos con los ingredientes necesarios para que salga algo bueno. Un taller… sí: podía enseñar a contar, a poner por escrito cosas personalmente importantes. No todo el mundo quiere escribir una novela, pero todo el mundo tiene cosas importantes que decir, y alguien a quien decirlas… o casi todo el mundo; pero incluso ese casi, con un poco de conciencia del asunto y algo de ayuda, acaba contándoselas a alguien.

Escritura creativa, desde luego, pero sobre todo personal y muy pegada a la vida. Así que así comenzaron los talleres, y hasta la fecha; y he visto alumnos ilusionados con proyectos de escritura: escribir la historia de la familia, relatos, poner experiencias por escrito, contar unas vacaciones, comunicar mejor en un blog, mejorar la expresión en textos profesionales, preparar un brindis, conocerse… y más.

Bueno, pues la semana que viene, miércoles 9, comenzamos otro (y quedan plazas). La escritura tiene algo siempre nuevo. Es cierto, la gramática apenas se mueve; pero nosotros sí, y con nosotros el mundo, que pide una vez más ser contado y que nos contemos.

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