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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 24 de noviembre de 2010

El misterio del suelo del parque

Una de las revoluciones silenciosas que, sin duda, provocará un inminente cambio en las conductas sociales en los países del primer mundo es la aparición de pavimentos de caucho en los parques infantiles.

No sé si recordará usted, querido lector, sus caídas del columpio en el parque. Todos hemos tenido esa experiencia de la caída: una impresión inefable acuñada en los primeros años de vida, que sella nuestro desposorio irreversible con la realidad. Más tarde, mediante la religión, la filosofía, la sabiduría popular, pudimos descubrir el sentido del trauma: de esa y de las subsecuentes caídas de todo tipo, y pudimos humanizarnos, y evitar ser un animal violento y a la fuga.

Pero, ¿qué les estará ocurriendo a esos niños y niñas que, al caer, rebotan con una carcajada? ¿qué ocultación se les hace de la primera de las grandes leyes, la de la gravedad -física y moral-? Privados de esta experiencia primigenia y fundante, ¿cómo encajarán la caída, que sin duda vendrá inapelable en algún momento, sin este primer encuentro estructurador? ¿podrán entender un 10% de alguna de las grandes obras de la literatura universal? 

No estoy en contra de intentar evitar el dolor, cuando se pueda, faltaría más. Sólo ocurre que dudo de la bondad de esa gran ola pedagógica que consiste en evitar cualquier tipo de molestia a los niños. Hay ciertos intervencionismos que se revelan totalmente antinaturales. Seguramente mi invectiva contra el pavimento de caucho no es más que una hipérbole, y las hipérboles son para diluirlas en cuatro quintos de sentido común, y entonces dan el sentido que tienen que dar. 

El dolor es un misterio, como decía Gabriel Marcel, y los misterios, misteriosamente, nos humanizan.  

10 comentarios:

  1. Efectivamente, un mamporro de vez en cuando no viene nada mal.
    Me ha gustado mucho este post, si me permites te linkeo en mi blog. au

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  2. Claro, linkea sin problemas. Gracias por la lectura.

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  3. Entender que el dolor es inevitable, y hacerse cargo del beneficio que reporta como aviso de lo que puede pasar si se sigue en la misma dirección, es probablemente uno de los embustes más lamentables no solo de la pedagogía, sino de la decadente y hedonista cultura "nuestra", que no mía... ¡Protesto!

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  4. Sí que es verdad, todos hemos llegado alguna vez a casa con un poco de sangre en las rodillas, y además se nos formaban -me remito a su anterior post- como dos costras que parecían dos pasas chafadas, una en cada rodilla.
    Ahora los niños tendrán las rodillas impolutas, niveas, con microinyecciones de aloe vera, pero eso sí, con dos pasa-rán.

    Aprovecho para decirle que el anterior -y este- post me encantó.

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  5. Luis, eso de lo que protestas es lo que dicen los estoicos, y los epicúreos. Yo estoy de acuerdo con ellos en parte, pero sólo en parte. No es el único argumento frente al dolor, ni el principal, pero posiblemente sea el único punto de partida hacia planteamientos más elevados, viendo las cosas de "tejas para abajo".

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  6. Muchas gracias, Nicias. Me encanta tu seguimiento del juego de las "pasas".

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  7. Estoy contigo, tierra para los niños. Y pavimento de caucho para los menos niños.

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Muchas gracias por tu comentario, lo leo dentro de un poco -es bueno darse y dar un poco de tiempo a los demás, así la vida se vuelve más humana- y te respondo