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¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



miércoles, 6 de julio de 2011

A partir de un texto de Arthur Danto sobre la belleza

Hace tiempo leí un libro de un filósofo del arte. El libro se titulaba El abuso de la belleza, y su autor se llamaba Arthur C. Danto. Danto es un filósofo hegeliano, que se hizo famoso por su tesis de "la muerte del arte", en consonancia con el fin de la historia que predecía Hegel sin despeinarse (aunque, la verdad, solía ir bastante despeinado: con tanta tesis, antítesis y síntesis, de aquí para allá, no debía de ser fácil hacerse la raya).

Muy discutible es lo que comenta el señor Danto sobre la relación entre la belleza y el arte (aquí paga el peaje de la Modernidad), pero escribió una frase que encierra una inmensa verdad:

La belleza es, para el arte, una opción y no una condición necesaria. Pero no es una opción para la vida. Es una condición necesaria para la vida que nos gustaría vivir. Y por eso la belleza, a diferencia de otras cualidades estéticas, lo sublime incluido, es un valor.

Soy un firme postulador de la necesidad de la belleza en la vida cotidiana. Nos sobran monstruos, diosas de vientre plano, parques temáticos televisivos, escenografías políticas estupefacientes, genios inaprensibles, estridencias, vértigos, placeres transgresores... Nos falta belleza, don, transporte hacia lo mejor de nosotros mismos, agradecimiento, sorpresa. Esa belleza está en nuestras manos.