AVISO PARA QUIEN QUIERA COMENTAR

¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que perdimos en la información?
T. S. Eliot, Coros de La roca, I



martes, 22 de noviembre de 2011

Tan bella Santa Cecilia, tan cerca el unplugged

I.
Hoy es día de fiesta nacional en este blog: es Santa Cecilia, patrona de los músicos. Hace ya unos cuantos años pude estar en su iglesia titular, en una recoleta rinconada del trastévere romano. Allí me encontré esta sugerente escultura, de estética romántica, que muestra a la virgen y mártir, toda finura y delicadeza, con su discreta incisión en el cuello (el verdugo fue, ciertamente, bastante menos delicado).

Basílica de Santa Cecilia en Trastevere (Detalle)

El acta del martirio dice que: 

Venit dies in quo thalamus collacatus est, et, cantantibus organis, illa [Cecilia virgo] in corde suo soli Domino decantabat [dicens]: Fiat Domine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar. 

Y dicen los que saben que hubo un error en la transcripción, y que el "cantantibus organis" era realmente "candentibus organis", instrumentos de tortura subidos de grados térmicos. No alababa a Dios entre órganos tocados por ángeles, una vez pasado el mal "trago", sino en el trago mismo (lo que no quita que también pudiese escuchar místicamente algo, no voy yo a ponerle límites a la gracia). En fin, se quedó esta delicada mártir como patrona de los músicos (y también de los poetas, los ciegos -como Santa Lucía- y de las ciudades de Albi (Francia), Omaha (Estado de Nebraska, USA) y Mar de Plata (Argentina). Y se la representa con el órgano, el laúd y las rosas.

De la conexión entre Santa Lucía, la música, la visión y la no visión y lo invisible y el sufrimiento del músico/poeta/artista escribiré en otro momento -estoy viendo un libro ya, qué le vamos a hacer-. Por cierto, Enrique Andrés publicó hace un par de años un precioso libro de ensayos de tema estético titulado Santa Lucía y los bueyes (Pre-Textos, en la colección "Correspondencias" que dirige nuestro común amigo el pintor y poeta José Saborit) con carta y prólogo de José Jiménez Lozano.

(Vaya, otra vez la banda blanca; podéis interpretarla como una senda hacia el cielo, mientras aprendo a quitarla para la próxima vez).


II.

Y resulta que, como el autor de este blog se ha liado la manta de la escritura a la cabeza y se ha echado al monte de  la profesión literaria, pues anda haciendo presentaciones a troche y moche de su Tan bella, tan cerca. La próxima es este próximo sábado 26, en el Bibliocafé de Valencia, a las 19 h. Y como ya viene siendo costumbre, va a montar un show musical. Un unplugged, a modo de "duets" con amigos y familiares. 

Bueno, os cuento un poco cómo va el programa por ahora: cantarán Elizabeth Bode-Dunphy y Rosa Mora Fandos (las dos sopranos, y haremos repertorio jazzístico); mi hermano Bernardo y yo tocaremos un par de blues a la flauta travesera y saxo tenor; con Ignacio Gil Pechuán, atentos a la guitarra de jazz; y con Juanfra Pérez, con quien formo el DúoMo, temas suyos, muy atmosféricos y sugerentes -además de acompañar en el resto de actuaciones-. Si alguien más quiere sumarse, que me envíe un mail.

Evidentemente, algo contaré del libro, y habrá preguntas; pero creo que la literatura que he intentado hacer en TBTC, se sentirá muy a gusto con la música. 

Y para terminar, dibujo al carbón compuesto & acuarela a modo de dedicatoria, a todos los que aparezcan por allí con un ejemplar de TBTC, y también de mi primogénito, Leer o no leer.

(Y si queréis merendar, en el Bibliocafé tienen unos muffins de chocolate como para no sacarse el pulgar de la boca). 


lunes, 21 de noviembre de 2011

Mi cliente no tiene prisa

sagrada_familia

Viernes pasado, de nuevo la suerte de asistir a los coloquios de Cultura Visual Contemporánea. 7:30 pm, sede de la Fundación Mainel, Valencia. 

Gaudí: el proceso creativo desde dentro, se titulaba la sesión. Jordi Faulí i Oller, Arquitecto Director Adjunto de la Sagrada Familia; y Concepció Peig, Profesora Titular de Arte de la Universitat Internacional de Catalunya, hicieron unas intervenciones sencillamente impactantes. No por nada espectacular -en el sentido más popular del término-, sino porque hablaron con gran conocimiento de causa de un hombre y una obra geniales.

Jordi Faulí contó que, cierta vez, un arquitecto del equipo de Gaudí le urgía a este a que implementara (¡horror!, esta palabra hay que evitarla como sea; el DRAE la acepta, pero es un anglicismo irredimible; no la dijo Jordi Faulí, me ha venido a la mente) un procedimiento constructivo. Y Gaudí le contestó: "Mi cliente no tiene prisa".

En las calles adyacentes a la mía, ha habido una verdadera fiebre implementadora pre20N: firmes reasfaltados de ese marengo recién vertido, moquetoso, que da casi escrúpulo pisarlo; carriles-bici sublimados hasta la eco-apoteosis (y que conste que estoy a favor)... en fin, los "clientes" de la democracia somos nosotros. Y eso me hace pensar, con pesar, que se nos trata con ese cortoplacismo de lo efímero.

Hace unas semanas recibí una entrañable carta, y quien escribía me recordaba ese salmo 102 (103): ¡el hombre! Como el heno son sus días: florece como flor silvestre; sobre él pasa el viento y no subsiste, ni se reconoce más su sitio.

Y la contestación de Gaudí... Hay un Cliente, y eso me consuela -ya se ve que se puede entender la palabra cliente en un sentido mejor-; no tiene prisa, y eso me da paz; y debajo del asfalto hay heno, y debajo del heno... eternidad.


(Disculpas por la banda blanca, que no sé quitar, y me tengo que ir a dormir. Se puede ver como un carril bici, de heno, y entonces queda muy bien).

viernes, 18 de noviembre de 2011

Tan bello tantos amigos tan cerca: presentación de Tan bella, tan cerca en Librería Diálogo, Madrid


En la foto se ve ya el buen ambiente de la presentación. Entre amigos, no podía ser de otro modo. Al fin y al cabo, ¿para qué escribimos, editamos, hacemos presentaciones, leemos, si no es para ser felices con los otros?

Pues allí, en el foso de libros de Diálogo, fue. Presentó el libro Enrique Andrés. Me encantaron sus palabras. Enrique no se anda con chiquitas, va al fondo, siempre; y en estos tiempos tan de superficie, se agradece de un modo especial. Hubo un breve coloquio. Mi gran amigo José Antonio Millán -que tampoco se para en chiquitas algunas- entró en diálogo-debate con Enrique, sobre el sentido de la belleza en Baudelaire, sobre su modo de percibirla y su manera de expresarla, y ahí se convocó instantáneamente a la literatura, la teología, la modernidad... : impresionante, yo hubiera estado horas escuchándolos, pero tuvimos que seguir caminando. 

Corina, que junto con Javier Sánchez Menéndez y Cristina Brackelmanns pude conocer como bajados de la blogosfera un rato después de mucho tiempo de blogs y mails -para volver a subir en cuanto terminara el acto-, me hizo una pregunta que, si no recuerdo mal, iba sobre la motivación de la escritura de este libro. Corina es filósofa, así que yo -que me imponen mucho los filósofos; y que, por cierto, pronto será doctora, y sobre Ricoeur, y con Jaime Nubiola como director de tesis, casi ná- expuse mis desvergonzadas incursiones en la filosofía para escribir Tan bella, tan cerca, y creo que nos reímos un poco.

Bueno, luego pasamos a la música, y toqué tres standards de jazz -cuyos nombres no voy a decir, no vaya a ser que la SGAE...-. Y terminé de dibujar los haikus (nada de haikai, ¡eh!) visuales que les tenía prometidos a todos mis amigos allí presentes. No quedaron mal. Rocío y María José se sorprendían divertidas del despliegue: lápices de carbón compuesto, goma, sacapuntas, acuarelas, agua y... ¡fijador de acuarela! Algo parecido a esto:




Para finalizar, foto de familia, la que se ve arriba. Y María José filmó un poco de una canción, que se puede ver y escuchar aquí:


Muchas gracias a todos.   


lunes, 14 de noviembre de 2011

Se hace saber

... a todos los Madridviajantes o cortehabitantes que:

aquel que en la conocida fecha de la presentación de "Tan bella, tan cerca", se acercara al autor con un ejemplar de dicho libro, le será estampado un dibujete o llámesele igualmente motivo vegetal, japonería o haiku visual al lápiz de carbón compuesto -u otras técnicas de urgencia, y al menos en la medida que la provisión de lápices dé de sí- en la portadilla junto a la dedicatoria que en tales presentaciones es costumbre de prodigarse. 

Y para que así conste y no me arrepienta a luego, doy este escrito a la blogosfera y que la historia virtual me lo impute (bueno, esta última palabra no suena muy bien, pero en vista del apremio de la vida moderna y postmoderna, quede).

jueves, 10 de noviembre de 2011

"Old San Juan" (de Puerto Rico) y Spyro Gyra



Supongo que no solo me pasa a mí. Se trata de esas marcas que te encuentras y no sabes de dónde han salido. Y comienza una pesquisa.

Hace muchos años escuché, no sé dónde, una canción fulminante. Gracias a Dios, al final, alguien debió mencionar que el intérprete era Spyro Gyra. Pero no el título. Luego, alguna ola de la vida pasó por encima... y algún día me volvió a la mente aquella melodía. Quizás el nuevo contexto, la vida que ya ha dado unos cuantos pasos... en fin, no podía hacer otra cosa que averiguar cómo se llamaba la canción. Me llevó un tiempo, gozoso, de búsqueda y escucha de temas de Spyro Gyra.

Un día -un día de esos en que estás a otras cosas- apareció una cassette en la sala de estar de una pequeña pensión de Johannesburgo -tampoco viajo tanto, es de las pocas cosas exóticas que he hecho, y fue para visitar a unos amigos- y pensé, "Y si..."; y sí: descubrí que mi marca se titulaba "Old San Juan", canción dedicada a San Juan de Puerto Rico. Desde ese momento Puerto Rico era los solos de saxo alto de Jay Beckenstein, el sorprendente sonido y la creatividad musical de Spyro Gyra... 

Cuando la única referencia de algo es una canción, esa realidad adquiere un voltaje espiritual arrollador. 

Así que, aquí está este tema, tan lírico y dramático al mismo tiempo, tan latino y tan sajón, tan bien compuesto y desarrollado, tan bien interpretado, que inscribe San Juan de Puerto Rico en ese muro de "cosas" buenas del espíritu. El día que vaya para allá -se aceptan mecenas-, será el cielo.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un BOE y un haiku, atracción fatal

-Ampute un BOE por donde mejor le parezca. Escoja, si puede ser, un pedazo consistente, de unas tres líneas.
-Resérvele la parte superior del folio de Word y péguelo: ctrl+v
-Dele cuatro toques al cursor, como el que quiere poner tierra de por medio.
-Busque un buen haiku.
-Encuéntrelo.
-ctrl+c y ctrl+v en el folio que venimos refiriendo; o insértelo manualmente, en continuidad con una tradición milenaria que se remonta a los amanuenses de Sumer.
-¡Chan, chan!
-El siguiente paso y desenlace, en la sesión del taller de iniciación a la escritura de esta tarde, en el Bibliocafé, Valencia, España (algún día espero hacer lo mismo en Buenos Aires, México DC, San Juan de Puerto Rico, Bogotá y Denver (colorín) Colorado; paciencia), o en este blog dentro de unos días.

martes, 8 de noviembre de 2011

¡ESTÁIS INVITADOS!



Javier Sánchez Menéndez me envía esta elegante invitación, que os hago llegar. Me encantará saludaros a todos los amigos y lectores de este blog y mis libros, que andéis por Madrid.

Por cierto, habrá cierre -breve- musical a cargo del autor.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Pintar el vacío: José Manuel Ballester


El viernes asistí a la entrevista-coloquio con José Manuel Ballester, primer día del ciclo Cultura Visual Contemporánea, de la Fundación Mainel. Ballester es artista plástico, premio nacional de fotografía 2010. En la conversación mostró algunas imágenes de diversas exposiciones- donde ha utilizado la pintura, el dibujo, la fotografía-, realizadas con gran delicadeza y sugerencia. En el coloquio habló sobre técnica, la consideración de la tradición, los lenguajes particulares, el enfoque documental, la enseñanza de las artes... Me gustaron su sensatez y su mirada inquieta...

Una de estas exposiciones, "Espacios ocultos", consistía en intervenciones en obras clásicas de la pintura, donde sustraía las figuras humanas de la composición, o como dice Calvo Serraller en el catálogo de la muestra: 
"en primera instancia, ha querido “limpiar” la pintura de paisaje histórica de toda la anecdótica humana, pero, en segunda, para trastocar el orden visual establecido de las cosas; esto es: invertir su jerarquía, dando prioridad a lo tradicionalmente considerado como en “segundo plano”.
Un modo de quitar la narración, y dejar el escenario. Un trabajo donde el fondo parece pasar a primer plano, y el vacío se vuelve inquietante. ¿Por qué?

Cuando vi esta intervención en La Anunciación de Fra Angelico, la del Prado, mis ojos buscaban las figuras, y verdaderamente esta ausencia se hacía inquietante. El fondo quería venir al primer plano, pero la ausencia lo detenía haciéndolo vibrar, como una estatuilla que quisiera salir de su hornacina, pero al no poder, se agitara con un íntimo y vehemente temblor. 

Claramente, vemos desde el recuerdo de lo que vimos, y desde la expectativa de lo que veremos; si sustraemos la pieza central humana, ese recuerdo y esa esperanza, ese continuo temporal que es antropológico -y no cosmológico ni biológico, y que somos nosotros mismos-, se siente golpeado en su corazón, y es entonces cuando sentimos esa intervención quirúrgica, esa extirpación, esa punzada que no se la dieron a la imagen, sino a la imagen que ya era vida de nuestra vida.

Ese vacío es nuestro vacío, y esa sustracción es pérdida nuestra; los segundos planos quieren la herencia, pero el vacío -porque era vacío de humanidad; no todos los vacíos son iguales-, ejerce una fuerza sobre las cosas con un dedo en los labios.

Pensé que si Ballester mostraba algún cuadro que yo no conociera, que no recordara, y por tanto no esperara, quizás no experimentaría ese golpe. Pero no fue así. Los conocía todos, porque todos están en El Prado -he tenido la suerte de visitarlo con mucha asiduidad-. Pero pensé que alguno en el que no me hubiera detenido habitualmente, podría hacer el mismo efecto: la serie de "La historia de Nastagio degli Onesti" de Botticelli. Y volví a sentir esa inquietud. Concluyo que se trata de ese hueco construido por todas las líneas de fuerza de la composición: todo dirige la atención allí; si no hay nada... mejor, si no hay nadie, ocurre que no puedes dejar de buscarlo, aunque desconozcas quién es.

Me figuro que el día en que alguien se situara delante de una cuadro intervenido por José Manuel Ballester, y no sintiera la punzada, y ninguna ausencia, ningún vacío humano frenara los fondos, que se vendrían adelante, estaríamos en la víspera del fin del mundo, tal como lo deberíamos conocer.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Presentación Tan bella, tan cerca, Siltolá, Enrique Andrés Ruiz, Madrid 17 noviembre

Pues para los que estéis en Madrid: será en la Librería Diálogo, 17 de noviembre, a las 20:00 h (C/. Serrano 108, esquina Diego de León); y con un muy buen amigo como presentador: el poeta, escritor y crítico de arte, Enrique Andrés Ruiz.

Nos conocimos en la presentación de su poemario, El Reino, en el IVAM. Hace ya años. Luego hemos mantenido la amistad, como debe ser. 

Y además, en Diálogo, con Mª José y Rocío, que tan bonita tienen puesta esta librería proyectada por la audacia de Rafael Moneo.

Javier Sánchez Menéndez, editor de La Isla de Siltolá, que ha mimado esta maravilla de edición que es Tan bella, tan cerca, estará, por su deseo -que el mío era que se viniera a la mesa- entre el público.

En fin, lo pasaremos muy bien. Estáis invitados.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Para qué sirve la literatura?, de Antoine Compagnon: una nota


Un libro pequeñito, por su tamaño y su número de páginas. Pero un imán. Pasan los días, los años, y vuelvo a él. Una tensión humana sostiene las letras -no el papel, menuda tontería-, que hablan de qué nos va o nos viene con esto de la literatura. Un poquito, solo un poquito, y os haréis una idea:

"!Llega a ser el que eres!", me susurra la literatura, según el mandamiento de la Segunda Pítica de Píndaro, retomada por Nietzsche en Así habló Zaratustra.

De ahí, para arriba.

martes, 1 de noviembre de 2011

Artículo sobre Tan bella, tan cerca, por Pedro López

Lo mejor es que yo me calle, y que lo leáis -si queréis-, en su tinta original, aquí; y congelado aquí abajo:

CO-SER Y EN-CANTAR

«Tan bella, tan cerca» es la última obra de un ensayista novel, pero que se abre camino con una prosa límpida, vigorosa, sugerente, lírica. Su autor es un valenciano talentoso, con proyección. José Manuel Mora Fandos invita en este libro a escuchar con el alma, pues el lector sólo oye el susurro, una magnífica metáfora, de lo que es la vida: co-ser y en-cantar. No sé si la metáfora la toma prestada o es propia del autor. Tampoco importa mucho. Hila fino. Porque para coser, en primer lugar, hay que enhebrar: acertar a meter el hilo por el ojo de la aguja, tarea nada fácil. Sólo basta —y no es poco— con tener una mirada certera; un ojo de halcón, penetrante para vislumbrar, por encima o por debajo de lo gris, de lo anodino, la belleza de lo cotidiano. Tener vista, mirada atenta; y oído, delicado, afinado. Su observación perspicaz enhebra, una y otra vez, la aguja para, en medio de la mediocridad, dar un pespunte de belleza. Y eso no se hace al tun-tún: sólo quien posee la experiencia de lo vívido, de ese vivir tranquilo en medio del tráfago, puede permitirse el lujo de entrever lo que le circunda, aunque no sin silencio. Ese silencio compartido del nosotros, el co-ser. Porque, después de enhebrar, hay que tejer, trenzar la urdimbre. Labor de voleo, de aquí para allá. Co-ser es pasar, una y otra vez, engarzando, trenzando, mallando los hilos de la existencia. Co-ser es una tarea ardua, delicada y sensible, a la vez, aunque se corra el riesgo de pincharse; pero es también fascinación porque el resultado es una seda bordada, primorosa y delicada. Co-ser es entrar y salir con la aguja, llevando y trayendo el hilo de nuestra vida, que se entrecruza con los demás, dejando el propio hilo, dejando la vida, en la labor compartida.

En ese ir y venir de nuestra biografía, señala Mora Fandos que co-ser es «la incapacidad para ser auténticamente uno mismo, si no es con el otro». Porque sin el co-, el –ser queda amustiado, inconcluso, finado. Pero con el co-ser se puede incluso remendar las discontinuidades, las deshilachaduras y desgarrones que todo lo vital comporta, amén de trenzar y trenzarse en lo que vale la pena. Co-ser es también equivalente de en-cantado. De tal forma, que igual que el tejido está hecho de muchos hilos, el canto —en cualquiera de sus maneras: presentes o ausentes los cantores— es un en-canto. Y afirma que «des-sen-cantado es pues sinónimo de des-cosido; y por qué alguien co-sido es aquél que ha alcanzado el en-canto de una plenitud vital».

Pedro López. Grupo de estudios de actualidad

Publicado en Diario Levante, Opinión, 1 de noviembre de 2011 


lunes, 31 de octubre de 2011

Buenos Aires

Siempre nos quedará Buenos Aires. No he tenido la suerte, todavía, de estar allí. Pero, de algún modo, he estado. Hay lugares "muy lugares", como decía Unamuno en un artículo en el diario El Sol, en 1932; y ese singular adensamiento de la "lugaridad", a veces, se debe a que el lugar no lo escogimos, sino que nos escogió.

Sin esperarlo, me vi llevado hace bastantes años a Buenos Aires por una de las traducciones de Four Quartets de T. S. Eliot. J. R. Wilcock era su autor, argentino, y ella estaba descatalogada y en alguna librería de viejo del Cono sur. Me encontraba estudiando estas traducciones, cuando supe de la existencia de la traducción argentina, y las comunicaciones no eran tan fáciles como ahora: pero algo que no puedo llamar más que Providencia, hizo que en Londres me encontrara con un joven argentino que me habló de la gran biblioteca de su abuelo -su abuelo tenía que ser contemporáneo de Borges, si no mayor-, y yo le hablé de la influencia que aquella lejana traducción estaba teniendo sobre mis nervios -y eso que él no pretendía seguir la carrera de tantos psicoanalistas como hay por allí-. Dijo que, de vuelta a casa, la buscaría. Pues a los meses me llegó aquel librito, editado en los años 50. Desde entonces quedé en deuda con mi benefactor argentino, con Buenos Aires, con el Hemisferio Sur.

Luego, he continuado escuchando la llamada en anuncios de televisión argentinos, realizados con una fina gracia y una ironía elegante; y en tantos porteños que me he encontrado en mi propia ciudad; hace casi un año, tocando el saxo en el río, conocí a Nicolás, que trabajaba en un restaurante y había comenzado a tocar el violín, y un día me trajo agua; hoy mismo, otro me preguntaba por el rastro de los domingos. Acompañándole, me contó que es jefe de sala, Maitre, y que estaba estudiando un curso en Valencia. Me he sentido siempre muy bien tratado, como un pavo bien guarnecido. 

Tendré que ir allí, esa casa que noto tan mía. Aunque solo sea para saludar a los lectores bonaerenses de este blog. 
    

sábado, 29 de octubre de 2011

Chamorro Motis los libros y la fidelidad


A uno le gustaría despertarse en Barcelona más a menudo. Pero no se puede tener todo -gracias a Dios-, porque nada valdría nada. Al menos tengo esta imagen y un cd impresionante: Joan Chamorro presenta Andrea Motis.

Todos los días -que puedo-, a las 2 pm, me escapo de la escritura y los libros: "Esperad ahí, que vuelvo enseguida". Pongo las cañas del saxo a remojo y, mientras se van haciendo a la idea, unos minutos de respiración diafragmática, unos pensamientos técnica Alexander y un poco de moscardón trompetero con los labios. Luego, lo mismo con la boquilla, al tiempo que ya suenan los primeras notas al piano de Basin Street Blues. Me doy prisa para acompañar a Andrea y Joan: "Sol la do do..." 

Las cañas me gritan, como a Agustín sus pasiones en el huerto de Milán: "¿Cómo, nos dejas?". No preocuparos, que Chega de Saudade es toda vuestra. Y así pasamos un rato.

Los libros y los papeles, guardan un benévolo silencio. Me lo perdonan todo. Responden: "No hay nada que perdonar... qué bien nos ha venido".

viernes, 28 de octubre de 2011

Llueve

Por estos Mediterráneos, septiembre-octubre es esa cola ambigua. Un verano que alarga sus dedos para jugar con el frío, como los niños que se arriesgan con una olla. Las lluvias, pocas, por la espalda; de Levante, razzias de corso berberisco. A los que hemos descreído de pronósticos, nos sorprenden un punto menos -por la familiaridad- que a quienes "ya lo decían" y se preparaban para lo que no acepta, en el fondo, valerosidades.

No sé si se cortó ya la cola, hoy. Llueve. Y las fronteras pueden ser bellas.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Presentación de la poetisa Ángela de Mela en Leo



El viernes pasado nos reunimos en la Librería Leo, de Valencia: Ángela de Mela, Jorge Galeano, Gonzalo de Leo y amigos. Ángela es una poetisa cubana, cuya amistad y la de su marido Jorge, me precio de tener ya desde hace años. Yo sólo fui el presentador. A continuación traigo el texto de la presentación:




Un presentador no debe ser un destripador, sino un incitador; un incitador, en este caso, a la escucha. Y es lo que voy a intentar.

La historia en común de Ángela de Mela con la poesía, la literatura, el arte, no puedo abordarla aquí: es simplemente una historia repleta de formación humana, intelectual, literaria, profesional; de pasión, trabajo, sensibilidad, diálogo, responsabilidad. Nacida en Cuba, ha vivido y vive en toda esa tradición lírica tan fértil en Cuba y el Caribe, es parte de esa tradición que, como todas las tradiciones vivas, no puede dejar de seguir caminando.

Ha desempeñado muy importantes trabajos de gestión cultural nacional en Cuba, buscando ese tan necesario diálogo entre la isla y el exterior: entre otros, como formar parte del comité asesor del ministerio de cultura cubano y Fundadora del Festival Internacional de Poesía de La Habana. Y ya en España, ha desplegado una imparable actividad de escritura, publicación, docencia a través de talleres de poesía y conferencias.  

La poesía, tal como la entendemos hoy, es el género literario donde esperamos un intento de decir lo que es muy difícil de decir, seguramente, imposible, si queremos llegar a realidades profundas. Pero el viaje poético del escritor y del lector son necesarios. Un centímetro ganado en ese viaje nos acerca al misterio y nos muestra nuevos paisajes que antes no podíamos ver.

Hay un aspecto que quiero resaltar especialmente: todo escritor, pero creo que de un modo radical en un poeta, tiene un derecho y un deber inescapable, levantar una voz única, honesta. La voz poética de Ángela es ese derecho y ese deber vividos con toda la entrega, y por lo tanto, desde la particularidad de su voz ha de resonar en lo universal que nos enlaza a todos. Y lo hace.

Se ha hablado del carácter insular de la escritura de Ángela. Veo, al menos, dos razones, y la primera ya está dicha: la voz personal, irrepetible, única, tiene en la isla una metáfora frecuentada por los escritores: ese lugar que solo puede crecer hacia dentro, sin obviar el contacto con lo de fuera. Esa voz cultivada, distinta, inconfundible. Así, en su modo personal de escribir hacen escala Lezama Lima, Octavio Paz, María Dulce Loynaz, entre otros, como una cristalización en una nueva realidad poética. 

Y la segunda es la circunstancia vital de Ángela, la de alguien que nace y vive en una isla, Cuba, y por lo tanto el paisaje deja su huella en la persona, cuando tendemos a quedarnos solo con la mitad de la verdad al pensar que es la persona quien deja la huella en el paisaje. Esa mirada insular en estos dos sentidos se aprecia, por ejemplo, en su poemario Península de Hicacos: poemas muy plásticos, visuales, donde el tema amoroso se hace paisaje.

Ángela ejerce una voz poética con diferentes acentos, es lo que solemos observar en poetas con un recorrido vital y artístico: en Lo que el viento nos dejó, accedemos a una voz discursiva, meditativa, en alta voz, frente a un tú en un nosotros. En Rituales de la luz, encontramos reivindicación, reflexión, pero en momento alguno se pierde la cita constante con la imagen. En Escrito de tu nombre, vibra la dimensión espiritual, trascendente, religiosa que tiene en los Evangelios el escenario, los interlocutores, la hondura existencial por la que transitar.

Y hay algunos rasgos que creo que atraviesan los libros de Ángela, y que me gustan especialmente, y con esto terminaré: la dicción sencilla pero, ¡cuidado!, no simple, no superficial, sino concentrada, que enseguida establece un vínculo con el lector, o el oyente; la palabra precisa, escogida de entre un gran caudal de palabras, escogida con conocimiento de causa poética; la cualidad plástica, especialmente visual de sus versos; la imagen, sea metafórica o no, plena de sugerencia y de precisión, que se presenta en versos concisos, como fogonazos de luz que mantienen en vilo la pupila; y el fondo –el fondo importa, vaya si importa-: en la poesía de Ángela están los grandes temas de la poesía, de la vida, encarnados con valor, sin desatender lo carnal ni lo espiritual, y precisamente por esa presencia de lo espiritual religioso, la escritura adquiere una tensión y un compromiso artístico y humano arduos, porque cuando se quiere decir lo más inefable, todo trabajo será poco. Pero sin esa tensión de fondo, espiritual y religiosa, como dice George Steiner en Gramáticas de la creación, no habríamos tenido el gran arte, los clásicos; no podríamos defendernos del todo vale.

Bueno, les dejo ya con la voz poética y la voz física de Ángela.

lunes, 24 de octubre de 2011

El animal metafórico: Metaphores we Live By, de Lakoff y Johnson

I.
No está en ningún zoo, o tienda de animales, a no ser que miremos hacia el lado de las rejas en que se escucha hablar. Pero no me acaba de gustar la metáfora del "animal metafórico", porque nuestra base animal no es nuestra "base" como personas -por muy animales que podamos llegar a ser-. La he utilizado por su atractivo, y porque en sí, yendo más allá de su apariencia de objetividad científica, no es más -ni menos- que una metáfora.

II.
Y de esa elección de metáforas va el famoso libro de Lakoff y Johnson, de 1980, Metaphores we Live By. En castellano se tradujo por Metáforas de la vida cotidiana (1986). Pensé: qué pérdida de fuerza, lo suyo hubiese sido algo como: Metáforas en las que vivimos, o Viviendo en las metáforas, que tienen el impacto que buscan los autores. Y al buscar algo más de información en www, me encuentro con un sabio artículo de mi amigo Jaime Nubiola, filósofo del lenguaje, donde hace el mismo comentario, y reseña muy bien el libro de Lakoff y Johnson. 

III.
El carácter experiencial de nuestra creación y uso de metáforas es el alma de este libro, y la verdad del asunto -en mi opinión-. Como dicen los autores, "las metáforas no solo configuran la visión de nuestra vida presente, sino que también establecen las expectativas que determinan lo que la vida será para nosotros en el futuro" (mi traducción). Efectivamente, dices "Esta vida es una porquería", y determinas tu futuro, como mínimo los próximos cinco minutos, a una conducta "poco presentable en sociedad"; en cambio, "Esta vida es un teatro", en el sentido shakespereano, y tu futuro "tiene más futuro".

IV.
Ojo a las metáforas, sobre todo cuando refieren a los demás, porque pueden liberar(nos) o hundir(nos).

domingo, 23 de octubre de 2011

Sobre Gadafi

Esta entrada es una de esas que se salen del marco de este blog, pero que no puedo evitar.
Mutatis mutandis, pienso lo mismo que pensaba con respecto al asesinato de Bin Laden.
Estoy de acuerdo con lo que indica Pilu.

En fin, el ciudadano de a pie no se entera ni del 5% de lo que se cuecen los gobiernos y sus servicios de inteligencia; y esa retórica planetaria de "nosotros, los demócratas", conjugada con una práctica cósmica de "nosotros, los mercaderes de lo que sea", no hace más que desautorizar la democracia y seguir alimentando las "razones" de quienes no pueden o no quieren entenderla. A los que, por cierto, el mundo libre y democrático no deja de vender armas y "formar" a sus mercenarios y terroristas.   

viernes, 21 de octubre de 2011

WIFI

La madurez, supongo, no es cuando se hacen reales tus sueños, cuando te estabilizas profesional o sentimentalmente; es cuando dominas los misterios de la informática. No me refiero a ser un programador. Me refiero a que llevo dos días y medio desroutado y sin roumbo, y que todo es arcano en los reinos de la tecla, el cableado y la inalambricidad. Incluso para el técnico, que es como la abominación de la desolación. Y entonces lo que te viene a la mente -siempre hace falta una imagen para atenuarlo estéticamente un tanto- es La balsa de la Medusa de Géricault, pero solo y mísero sobre los precarios maderos, cercado por los murallones y borrascas de la salvaje sociedad de la información 2.0.

Escribo esta entrada desde el segundo bar con WIFI al que voy en busca de redención. Que nadie me pregunte qué ocurrió en el primero: el misterio perduró hasta allí -y mira que me desagrada utilizar la palabra misterio con esta acepción negativa, con lo marceliano que soy; pero así vamos más rápido comunicándonos, ¿no?-. Bueno, por fin lo consigo -si es que yo tengo algo que ver con el resultado final-. Me gustaría creer que es mi impericia, mi temperemental mirar las copas de los árboles y las nubes, antes que el metro de suelo que voy a pisar a continuación. Si así fuera, el mundo seguiría siendo un lugar decentemente solvente, las cosas seguirían funcionando como acostumbran, y yo simplemente aceptaría con infinita gratitud que mis defectos fueran igual de sólidos y previsibles como ese mundo.

Pero siempre está la duda. Bueno, mientras canta Celine Dione -"Because you loved me"- en las altavoces del bareto y me tomo el segundo poleo, me aferro a este WIFI que hasta ahora no me ha abandonado como un Rexona caducado.

Si leéis mañana esta entrada es que todo va a mejor, en el mundo y bajo esta calva.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Stanley Fish y enseñar a escribir

Preparando -ayer- la primera sesión del taller Escritura: 1os pasos -hoy-, he encontrado algo que traía un aroma familiar. Es una reseña de un par de libros del profesor de lengua de la University of Illinois at Chicago, Stanley Fish. El título ya va con los colmillos por delante: How to Write a Sentence and How to Read One. Colmillos porque muerde; y lo que desgarra es ese modo de enseñar el lenguaje -que, ya veo, no solo ocurre a esta ladera de los Pirineos-: muchas reglas, mucha gramática, pero nada sobre cómo escribir.

El aroma familiar es nuestra coincidencia en la misma colonia: enseñar a escribir no es enseñar un menhir de preceptos, y enseñar a llevarlo a las espaldas -hasta que el alumno se escapa, en cuanto el sistema educativo se olvida de él-; sino enseñar a expresarse y comunicar por escrito, descubrir las potencialidades del lenguaje para decirnos y decir el mundo, sin agotar el mundo, ni nosotros, ni el lenguaje. Es decir, acariciando con el lenguaje el misterio de la vida.

No he leído el libro de Fish; sí que conocía al autor por sus teorías relativistas y deconstruccionistas -lo que no me lo hizo especialmente atrayente-. Pues resulta que se retiró del deconstruccional ruido, de la "teoría" y se dedica ahora a enseñar a escribir. Por lo que he leído en la reseña, el ramalazo relativista todavía le adorna; pero en este punto concreto le doy toda la razón. 

lunes, 17 de octubre de 2011

Julián Marías. Retrato de un filósofo enamorado, de Rafael Hidalgo: cuatro notas




I.
Un retrato. ¿Los retratos dicen la verdad? Me lo planteaba al leer esa biografía. Uno tiende a pensar que una biografía debería ser un texto donde predominaran los datos. Los datos puros y duros. Pero eso no puede ser y, además, es imposible. Qué datos recoge el biógrafo, y cuáles deja; los que enfoca especialmente, los que quedan borrosos en los márgenes; y a través de esas decisiones, corre un tensor firme –si el biógrafo ha sido bueno-.

II.
El retratista ha sido bueno. Uno espera de un retratista que interprete a su modelo, que saque el genio, el carácter, la esencia… lo que no se ve. Por eso todo retrato es imposible y, sin embargo, necesario. Las cosas humanas, al ir a conocerlas, te dicen al final que cierres los ojos; que te fíes del tacto. El retratista ha sido bueno.

III.
Libros de Julián Marías, he leído unos cuantos: me gustan, me ayudan. Pensamiento cercano, afinado, abierto, esperanzado. Es un filósofo de relaciones, de cercanías –como los trenes en los que vas a ver a tus padres-. Y el retratista vibra con ese estilo y, a su modo, lo refleja en su propia escritura.

IV.
Un libro ameno, con multitud de anécdotas, bien contado. Y con una perspectiva cordial, de corazón a corazón. El subtítulo es la llave, y se abren las estancias del Marías novio, marido, padre, amigo, hijo de Dios. Cuánto me gustó.

Pd 1: he escrito una reseña más larga en Aceprensa, pero este contenido es solo para suscriptores (para los que seáis; para los que no, recomiendo esta web).
Pd 2: qué tarde ha salido esta entrada, problemas con router y todas esas cosas.